Anesvad iluminará Bilbao por el Día Mundial de África

San Mamés será el próximo sábado 25 de mayo el edificio más luminoso de la noche bilbaína. Con motivo del Día Mundial de África el estadio colorea sus 42.000 puntos LED de un intenso amarillo para “alumbrar” este continente y ‘Hacer visible lo invisible’.
Mediante el alumbrado de este emblemático edificio, Anesvad quiere promover el conocimiento y la información sobre África, además de arrojar luz sobre una realidad que asola gran parte de los países de esa parte del mundo: las Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETD).
Enfermedades como la úlcera de Buruli o la lepra, que afectan a 1.500 millones de personas (una de cada seis en el mundo) pero de las que apenas se habla. No en vano, se las conoce como enfermedades olvidadas porque quienes las sufren parecen no existir a ojos del mundo desarrollado, ya que viven en zonas remotas de países donde abunda la pobreza. Enfermedades que causan mucho dolor y discapacidades graves y permanentes, además de generar un enorme estigma social en quienes las padecen, pero de las que los medios de comunicación no dan cuenta y en las que no se invierte ni investiga por no ser rentable económicamente.
Para algunas de estas enfermedades existe cura; de otras aún se sabe muy poco sobre la forma en que se transmiten o cómo combatirlas. Por eso, con esta campaña Anesvad llama la atención sobre los esfuerzos necesarios para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la agenda 2030 adoptada por la Asamblea General de la ONU. En ella se aspira a garantizar la salud y el bienestar para todas las personas, en cada etapa de la vida, poniendo fin a las epidemias causadas, entre otras, por las ETD. La organización también quiere invitar a la sociedad a que se informe y contribuya a “dar luz sobre las enfermedades olvidadas” y sacar del olvido a las personas que las sufren. Muchos millones de personas que ven condicionada su salud y vida por el simple hecho de haber nacido en entornos donde estas enfermedades encuentran su hábitat natural.
Las enfermedades olvidadas
Desde 2015 Anesvad centra su actividad en la lucha contra las Enfermedades Tropicales Desatendidas en África subsahariana, donde se concentra el 40% de la población mundial afectada por alguna ETD. Allí, la organización realiza proyectos en Ghana, Costa de Marfil, Togo y Benín. En estos países existen regiones en las que la gente está expuesta diariamente a la úlcera de Buruli, pian, lepra o filariasis linfática, sobre las que la entidad se ha especializado.
Son cuatro enfermedades de manifestación cutánea con algunas características comunes y que afectan sobremanera a las personas en situación de mayor vulnerabilidad, especialmente la infancia. En todas ellas es fundamental la detección y tratamiento precoces para evitar las discapacidades que ocasionan (desfiguraciones, lesiones incapacitantes en extremidades e incluso amputaciones), así como la discriminación asociada.
Anesvad, mediante acuerdos con gobiernos locales y ONG de la zona, adopta un enfoque integrado para poder detectarlas y proceder con su tratamiento. Algunas requieren estudiar las circunstancias de cada paciente y asignar medicación u operación según la gravedad de la persona afectada. Otras, como el pian, se curan con administración de medicamentos. Pero en todos los casos, para poder realizar estas tareas es necesario contar con el apoyo de la sociedad e instituciones, visibilizando el problema de las ETD y “haciendo visible lo invisible”.

🚩 Publicado originalmente por Derecho a la Salud: Anesvad iluminará Bilbao por el Día Mundial de África

Anesvad iluminará Bilbao por el Día Mundial de África

San Mamés será el próximo sábado 25 de mayo el edificio más luminoso de la noche bilbaína. Con motivo del Día Mundial de África el estadio colorea sus 42.000 puntos LED de un intenso amarillo para “alumbrar” este continente y ‘Hacer visible lo invisible’.
Mediante el alumbrado de este emblemático edificio, Anesvad quiere promover el conocimiento y la información sobre África, además de arrojar luz sobre una realidad que asola gran parte de los países de esa parte del mundo: las Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETD).
Enfermedades como la úlcera de Buruli o la lepra, que afectan a 1.500 millones de personas (una de cada seis en el mundo) pero de las que apenas se habla. No en vano, se las conoce como enfermedades olvidadas porque quienes las sufren parecen no existir a ojos del mundo desarrollado, ya que viven en zonas remotas de países donde abunda la pobreza. Enfermedades que causan mucho dolor y discapacidades graves y permanentes, además de generar un enorme estigma social en quienes las padecen, pero de las que los medios de comunicación no dan cuenta y en las que no se invierte ni investiga por no ser rentable económicamente.
Para algunas de estas enfermedades existe cura; de otras aún se sabe muy poco sobre la forma en que se transmiten o cómo combatirlas. Por eso, con esta campaña Anesvad llama la atención sobre los esfuerzos necesarios para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la agenda 2030 adoptada por la Asamblea General de la ONU. En ella se aspira a garantizar la salud y el bienestar para todas las personas, en cada etapa de la vida, poniendo fin a las epidemias causadas, entre otras, por las ETD. La organización también quiere invitar a la sociedad a que se informe y contribuya a “dar luz sobre las enfermedades olvidadas” y sacar del olvido a las personas que las sufren. Muchos millones de personas que ven condicionada su salud y vida por el simple hecho de haber nacido en entornos donde estas enfermedades encuentran su hábitat natural.
Las enfermedades olvidadas
Desde 2015 Anesvad centra su actividad en la lucha contra las Enfermedades Tropicales Desatendidas en África subsahariana, donde se concentra el 40% de la población mundial afectada por alguna ETD. Allí, la organización realiza proyectos en Ghana, Costa de Marfil, Togo y Benín. En estos países existen regiones en las que la gente está expuesta diariamente a la úlcera de Buruli, pian, lepra o filariasis linfática, sobre las que la entidad se ha especializado.
Son cuatro enfermedades de manifestación cutánea con algunas características comunes y que afectan sobremanera a las personas en situación de mayor vulnerabilidad, especialmente la infancia. En todas ellas es fundamental la detección y tratamiento precoces para evitar las discapacidades que ocasionan (desfiguraciones, lesiones incapacitantes en extremidades e incluso amputaciones), así como la discriminación asociada.
Anesvad, mediante acuerdos con gobiernos locales y ONG de la zona, adopta un enfoque integrado para poder detectarlas y proceder con su tratamiento. Algunas requieren estudiar las circunstancias de cada paciente y asignar medicación u operación según la gravedad de la persona afectada. Otras, como el pian, se curan con administración de medicamentos. Pero en todos los casos, para poder realizar estas tareas es necesario contar con el apoyo de la sociedad e instituciones, visibilizando el problema de las ETD y “haciendo visible lo invisible”.

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Los tratamientos preventivos contra Enfermedades Tropicales Desatendidas salvan vidas

Un reciente artículo destaca los extensos e inesperados beneficios para la salud derivados de esta estrategia, que ha permitido incluso reducir la mortalidad infantil.
La llegada del siglo XXI trajo consigo una propuesta de la Organización Mundial de la Salud para combatir las Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETD): la quimioterapia preventiva (también llamada MDA por sus siglas en inglés, Mass Drug Administration). Esta estrategia perseguía originariamente reducir el impacto de siete ETD (ascariasis, tricuriasis, infección por anquilostoma, esquistosomiasis, filariasis linfática, oncocercosis y tracoma) usando fármacos como la ivermectina y la azitromicina, entre otros.
En este tiempo la implementación de la quimioterapia preventiva ha demostrado ser un éxito, mejorando sustancialmente tanto la carga por estas enfermedades como el índice AVAD (años perdidos de vida saludable) atribuibles a estas ETD. Además, se ha dado un enorme ahorro en costes de salud para las personas con menos recursos. Tras más de 15 años de aplicación, la quimioterapia preventiva llega hoy en día a más de mil millones de personas en África, Asia y América Latina.
Pero esta metodología ha excedido las mejores previsiones, y hoy se sabe que ha tenido grandes efectos colaterales beneficiosos. Un reciente artículo publicado en ‘The New England Journal of Medicine’ argumenta que los medicamentos utilizados han impactado positivamente más allá de los objetivos originalmente previstos.
En 2009, en un área endémica de tracoma de Etiopía, se encontró que la administración masiva de azitromicina se asociaba con reducciones drásticas en la mortalidad infantil. Los hallazgos se consideraron sorprendentes, y en un estudio posterior en Malawi, Níger y Tanzania, se confirmó que la mortalidad infantil en general era menor entre los niños en edad preescolar que efectivamente recibieron el fármaco. El efecto sobre la salud pública se da principalmente en los primeros tres meses tras la distribución del medicamento, lo que sugiere que la azitromicina podría tener beneficios sustanciales si se administrase a la población más de una o incluso dos veces por año.
Otras investigaciones han demostrado que la sangre que contiene ivermectina puede reducir la transmisión del Plasmodium vivax, uno de los parásitos causantes de la forma de malaria más frecuentes. Esto es así gracias a los efectos del fármaco sobre la viabilidad de de los mosquitos y los parásitos que transmite.
El texto da detalles sobre otros escenarios en los que la quimioterapia preventiva está mostrando beneficios sustanciales para dos ETD de manifestación cutánea muy extendidas: la sarna y el pian. Por ejemplo, la administración masiva de azitromicina diseñada originalmente para la eliminación del tracoma ha demostrado ser muy prometedora para el tratamiento y la eliminación del pian. Un estudio llevado a cabo concluyó que este fármaco redujo sustancialmente la prevalencia de pian en Papua Nueva Guinea, algo que se ha visto replicado en Ghana. O que una dosis única de rifampicina puede reducir la transmisión y la prevalencia de la lepra en algunos entornos.
También se indaga sobre la posible aparición de resistencia farmacológica (una de las preocupaciones asociadas a esta estrategia); por ejemplo, hasta el momento se ha demostrado que la administración masiva de azitromicina no provoca resistencia al fármaco en la Chlamydia trachomatis, pero sí podría provocarla con el pian. En el futuro, señala el artículo, será esencial monitorear los programas de quimioterapia preventiva para la posible aparición de patógenos bacterianos respiratorios y gastrointestinales resistentes a los medicamentos, y también puede surgir la resistencia a los medicamentos antihelmínticos.
Como conclusión, se indica que el impacto de la quimioterapia preventiva en la salud pública aumentaría significativamente los años de vida saludable de las personas en las regiones tropicales y sería altamente rentable. Define esta estrategia, de hecho, como una manifestación exitosa de la Cobertura Sanitaria Universal que contribuye al progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

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La recogida de muestras, fundamental para detectar casos de úlcera de Buruli

Es un procedimiento que debe respetarse y realizarse con mucha minuciosidad. De él dependen la detección y el tratamiento que concluya con la cura del paciente.
La úlcera de Buruli es una infección crónica que debilita la piel y tejidos blandos de quien la padece, hasta el punto de acabar produciendo desfiguraciones permanentes y discapacidad. Para evitar llegar a los estadios más avanzados de la enfermedad que conllevan estas terribles secuelas, la detección y el tratamiento precoces son fundamentales.
El procedimiento en terreno marca un protoclo para su detección, que se inicia con la recogida de muestras de los casos sospechosos. Primero se identifica al paciente y se rellena una hoja con sus datos, fecha, lugar de procedencia, si se trata de un nuevo caso o no y se registra al personal sanitario que recoge la muestra. Esta hoja se mete en una bolsa que luego queda sellada. Los mismos datos se escriben en los tres tubos que recogerán las muestras.
Para obtener éstas se desinfecta la herida y se recogen con bastoncillos muestras del centro de la herida y de los alrededores, que se introducen en los tubos. Éstos se incluyen en la bolsa sellada, que se manda al laboratorio, donde se hace la confirmación de casos a través de métodos moleculares como el PCR. Las muestras se recogen a diario pero si es necesario se pueden conservar en un frigorífico.
En uno de nuestros viajes a Ghana el año pasado pudimos conocer a dos personas cuyo trabajo está directamente relacionado con este protocolo y que nos ilustraron sobre cómo se lleva a cabo. Shirley Victoria Simpson, del departamento de bacteriología del Instituto Noguchi, nos comentaba que en sus instalaciones forman a los técnicos para que sepan cómo coger correctamente las muestras, cómo deben ser empaquetadas, cómo rellenar los formularios que las acompañan.
La fase de recogida es de suma delicadez, puesto que si no se recoge bien se corre el riesgo de incurrir en mal diagnóstico: puede que la bacteria de la enfermedad ni siquiera aparezca. Shirley nos señalaba que hay un protocolo muy concreto para asegurarse de que la muestra se coloca bien, la forma en la que hay que preservarla, el tiempo de transporte hasta los laboratorios… “Es una cadena que hay que respetar”, decía.
Antony Ablordey, del mismo Instituto, nos aseguraba que desgraciadamente no hay todavía métodos rápidos para diagnosticar la enfermedad, aunque desarrollarlos es una prioridad porque un procedimiento tan largo puede conllevar errores. Así, a veces se dan casos en los que en terreno se intuye claramente una úlcera de Buruli, pero como la muestra no se ha recogido bien, en laboratorio da negativo. Ablordey comentaba que “para el tratamiento lo más importante es el diagnóstico, y para eso es necesaria una buena recogida de muestras. Si no, incurrimos en una enorme pérdida de recursos… y las consecuencias de un mal diagnóstico todos las conocemos”.
 

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La úlcera de Buruli en diez datos

A pesar de afectar a miles de personas cada año, mucha gente lo desconoce todo sobre esta Enfermedad Tropical Desatendida.
La úlcera de Buruli es una de las cuatro ETD de manifestación cutánea que combatimos en Anesvad. Esta infección crónica y debilitante de la piel y los tejidos es, para mucha gente, una completa desconocida; no es casualidad que esté en el grupo de las llamadas “enfermedades olvidadas”.
Lo cierto es que se trata de una afección muy presente en países de África subsahariana, y se ceba especialmente con las personas en situación de mayor vulnerabilidad. Por eso es importante combatirla y controlarla.
En Anesvad consideramos importante que se conozca algo más acerca de ella. Y para lograrlo, te ofrecemos a continuación los diez datos más relevantes sobre esta enfermedad:

Puede dar lugar a desfiguraciones y discapacidad permanentes.

Afecta principalmente a la piel, los tejidos blandos y los huesos, y da lugar a la formación de grandes úlceras, por lo general en piernas y brazos. Aunque las úlceras se curan con el tiempo, los pacientes tratados inapropiadamente pueden quedar con grandes cicatrices y deformidades.

La causa la bacteria Mycobacterium ulcerans, que inhibe la respuesta inmunitaria.

Suele comenzar como una tumefacción indolora, lo que dificulta la detección precoz. LA bacteria produce una toxina, la micolactona, que además inhibe la respuesta inmunitaria. Esto permite que la enfermedad avance rápidamente sin dolor ni fiebre.

Más de 30 países han notificado casos de úlcera de Buruli.

La notificación periódica y precisa contribuye al seguimiento de la enfermedad y los progresos del tratamiento. Hasta el presente se han notificado casos de úlcera de Buruli en 33 países de África, América, Asia y el Pacífico Occidental.

Anualmente, 15 de los 33 países notifican entre 5.000 y 6.000 casos.

Los países de África Occidental y Central (Benin, Camerún, Costa de Marfil, Ghana y República Democrática del Congo) notifican la mayoría de los casos. No obstante, en África la mayor parte de los casos aún se diagnostican demasiado tarde. Mientras que en Australia y el Japón la mayoría de las lesiones (~90%) se diagnostican cuando todavía están en la categoría I, esto solo ocurre en el 32% de los pacientes africanos.

Muchos de los pacientes son menores de 15 años que viven en zonas tropicales rurales.

Los aspectos clínicos y epidemiológicos de la úlcera de Buruli varían considerablemente en los diferentes países y entornos y entre ellos. En África, los menores de 15 años representan aproximadamente un 48% de las personas afectadas.

Mycobacterium ulcerans pertenece a la misma familia de bacterias que las causantes de la tuberculosis y la lepra.

Observadas al microscopio, M. ulcerans y M. tuberculosis son similares, pero M. ulcerans se desarrolla a temperaturas más bajas (29-33 ºC) que M. tuberculosis (36-37 ºC).

El 55% de las lesiones se producen en las extremidades inferiores.

Ddestruye la piel y los tejidos blandos y causa grandes úlceras, generalmente en piernas y brazos. Aunque la mayoría de las lesiones se producen en las extremidades inferiores, un 35% de ellas afectan a las extremidades superiores y un 10% a otras partes del cuerpo.

El 80% de los casos detectados tempranamente se puede curar.

El diagnóstico precoz y el tratamiento con combinaciones de antibióticos han mejorado ampliamente los resultados para los pacientes. Un diagnóstico tardío o la administración de medicamentos demasiado tarde pueden dar lugar a hospitalizaciones prolongadas y costosas.

Si los casos se notifican demasiado tarde el riesgo de discapacidad es del 25%.

Los pacientes que no se tratan tempranamente sufren discapacidades funcionales a largo plazo. La infección ósea puede dar lugar a grandes deformidades y amputación de miembros. Los enfoques esenciales para minimizar el sufrimiento se basan en la detección precoz y el tratamiento con antibióticos.

La educación sanitaria es fundamental para controlar la úlcera de Buruli.

La detección precoz y el tratamiento con antibióticos minimizan el sufrimiento. La sensibilización respecto de la enfermedad, la educación sanitaria de las comunidades, la capacitación de los profesionales sanitarios y la participación activa de voluntarios de las aldeas son elementos cruciales para asegurar el diagnóstico precoz y el tratamiento de la enfermedad.
(Fuente de la información: Organización Mundial de la Salud)

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Anesvad en terreno: Ghana – Día 6. La lepra y el orgullo de luchar contra su estigma

En nuestra última jornada completa en Ghana hemos conocido a algunas mujeres y hombres con historias duras pero de gran valor en torno a una enfermedad que sigue muy presente en África subsahariana: la lepra.
Comenzamos dirigiéndonos al hospital de Ankaful, donde hemos quedado con el Dr. Benedict Quao, Director del Programa Nacional de Lucha contra la Lepra en Ghana y médico en este recinto. Además, vamos a conocer a varias personas que en su día vivieron en este hospital cuando solo era un centro para personas afectadas de la enfermedad y que hoy día están ya curadas.
Al llegar allí nos reciben éstas últimas y nos dan algunos datos sobre el centro: abrió en los años 50 y tenía pabellones para mujeres, hombres y mujeres a punto de dar a luz que una vez con su bebé en brazos se quedaban allí. Por aquel entonces las relaciones entre hombres y mujeres estaban prohibidas por lo que estaban separados. Además se construyó un asentamiento para que una vez curados, vivieran recluidos más tiempo. Muchas de las personas enfermas pasaron años y años en el centro solas, abandonadas, con lo que formaron familias allí y no querían ni podían volver a sus lugares de origen. Nos cuentan que la vida allí era una cárcel, no les dejaban salir. Las entrevistamos para conocer sus historias personales.
Posteriormente acompañamos al grupo a que nos enseñe la antigua colonia en la que vivían los pacientes masculinos de lepra una vez se habían curado. Se trata de un asentamiento abandonado hace muchos años en el que, aunque invadidos por la vegetación, aún permanecen en pie algunos de los edificios que lo conformaban. La colonia albergaba a 350 hombres ya curados de la lepra pero rehenes del estigma que acarreaban. Y es que, efectivamente, la sensación al visitar las ruinas es la de encontrarse ante un antiguo campo de prisioneros.
Paseando por la zona Kofi Nyarko, uno de ellos, nos cuenta el sentimiento que le invade cada vez que se acerca allí: se siente orgulloso de sí mismo y del resto de compañeros y compañeras que aún siguen vivos y que pueden dar testimonio de su experiencia y contar la historia de este lugar. Le motivan las ganas de evitar que otras personas que puedan contraer la lepra pasen por lo mismo, y para ello su misión es sensibilizar sobre la importancia de la detección precoz, lo que evitará las secuelas y deformidades de esta enfermedad.
Acto seguido volvemos al hospital para entrevistarnos con Jeanette Gaye, una joven a quien ya conocimos en nuestra anterior visita al país. Sigue ingresada porque no puede caminar: sus días se suceden sentada al lado de su cama o tumbada en ella.
Le entristece enormemente no poder seguir con sus estudios. Es frustrante, pero ella dice que no rendirá nunca, está en su naturaleza. Procedemos a grabar una breve entrevista en vídeo para que nos relate su situación y sus sentimientos.
Tras esto nos dirigimos al pabellón donde se fabricaban las prótesis ortopédicas. El edificio lleva abandonado desde 2003. A sus puertas grabamos una entrevista con el Dr. Quao para que nos explique por qué es importante recuperar este edificio y su funcionalidad. Las prótesis que se hicieran servirían tanto para los pacientes de esta enfermedad como para los de otras como la diabetes.
Después visitamos la congregación de hermanas religiosas de St. Claire´s. Se encuentra a unos 5 kilómetros de distancia del hospital. Allí conocemos a la responsable, la hermana Mónica y a su mano derecha, Mark, un ghanés que vivió en el hospital junto a sus padres, afectados por la lepra, hasta los 33 años. Nos dan detalles del centro, del trabajo que llevan a cabo acogiendo a gente prácticamente desahuciada a causa de la enfermedad, y de lo necesario que es la sensibilizar a la población.
Terminamos el día visitando un centro de educación especial para niños y jóvenes con discapacidad intelectual.
 

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Anesvad en terreno: Ghana – Día 5. Despedida de Mpohor

Hoy nos despedimos del distrito de Mpohor. Antes de marchar, nos reunimos con la Directora, Wilhelmina Tiwaa Duah y su equipo. Compartimos las principales conclusiones de nuestra estancia y recogemos sus impresiones después de la primera visita de un equipo de Anesvad al distrito: nos cuentan que se han cumplido las expectativas que tenían con nuestra visita porque se ha podido dar ejemplo del impacto y los beneficios del Programa puesto en marcha hace un año. En palabras de Wilhelmina, éste está permitiendo cambiar la situación de muchas comunidades con respecto a la concienciación y la detección en torno a las ETD. También se han beneficiado de nuestra visita para que la población de los lugares en los que hemos estado se comprometa con la salud y su cuidado porque han aprovechado para poder hacer sesiones de sensibilización, que son el primer paso para la mejora de su salud.

 
Tras la reunión, salimos en dirección a Cape Coast. Una carretera cercana a la costa, serpenteada y repleta de pequeños pueblos. 75 kilómetros que recorremos en una hora y media.

 
Mañana, visita al Hospital de Ankaful, el que antiguamente fue uno de los mayores centros sanitarios para personas afectadas de lepra y que, hoy día, mantiene dos pabellones para este tipo de pacientes pero que se ha abierto a cuestiones de salud más generales. Allí nos espera el Dr. Benedict Quao, Doctor en Salud Pública, Médico de Familia y Director del Programa Nacional de Lepra en Ghana.

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Anesvad en terreno: Ghana – Día 4. Llegamos donde no llega nadie

El día de hoy nuestra misión nos lleva a una zona inhóspita, muy alejada de cualquier centro urbano, en la que el pian es una enfermedad endémica.
Arrancamos el día dirigiéndonos al centro de salud de Mpohor, donde nos espera nuestro guía y traductor, Edward. Es sábado, día para los funerales en la tradición ghanesa, por lo que en nuestro camino encontramos más tráfico que el resto de la semana. La gente, de riguroso negro, se desplaza para asistir a las exequias de familiares o amigos fallecidos, celebraciones que duran todo un día.
Desde Mpohor partimos al que será nuestro primer destino del día: la remota comunidad de Mampong, a casi 50 kilómetros, y endémica de pian. Puede no parece una distancia muy grande, pero para alcanzarla nuestro coche ha de internarse por caminos muy poco frecuentados que se introducen cada vez más en territorio selvático. Se trata de una de las zonas más inhóspitas de cuantas hemos visitado en terreno ghanés. La sensación es la de entrar en un espacio muy poco frecuentado, en el que la frondosidad de los bosques es cada vez mayor. El lema “Llegamos donde no llega nadie” adquiere todo la fuerza de su significado.
Finalmente alcanzamos Mampong, tras casi dos horas de caminos sólo practicables en coche. Participamos en una asamblea a la que asiste gran parte de la comunidad. Se trata de un acto de sensibilización sobre las ETD y se insiste en la importancia de la detección precoz. A pesar de que el pian es endémico aquí, hasta que en Anesvad no pusimps en marcha, junto con el Ghana Health Service, el programa integral en de lucha contra la úlcera de Buruli, el pian o la lepra, no se sabía qué eran las heridas que presentaban muchos niños y niñas. Desde entonces, 27 han sido detectadas y curadas de esta enfermedad.
Visitamos el CHPS Compound de la zona y nos damos cuenta de la precariedad de su estado. Además, nos entrevistamos con una mujer de 80 años que tiene úlcera de Buruli y ha tardado tres años en ser diagnosticada y visitamos la poza de la que se extrae agua para toda la comunidad. En ella se están bañando muchos niños y niñas. Aquí se lavan con jabón, y luego este agua sirve para beber, limpiar la casa, cocinar…
Este día también hemos podido conocer la comunidad de Manso y su centro de salud. A pesar de contar con servicios como nevera para vacunas, sala de partos o agua corriente, en caso de complicaciones tienen que derivar a las personas al Effia Mkwanta Regional Hospital, a 20 kilómetros de distancia.

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Anesvad en terreno: Ghana – Día 3

Seguimos con el relato de la misión de comunicación a Ghana. Hoy, muy centrado en sensibilización y enseñanza.
El día es hoy lluvioso lo que probablemente altere nuestra agenda. Hoy vamos a conocer a otro eslabón importante en la lucha contra las Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETD), la enseñanza. Nos citamos en el Centro Distrital de Salud, Educación y Emergencias con 2 hombres que dedican su vida a que niños y niñas del Distrito, que estudian en alguna de las 72 escuelas, reciban formación sanitaria y sean sensibilizados en torno a las ETD. Ambos coinciden en la importancia de que niños y niñas asistan al colegio y que allí se lleven a cabo sesiones de sensibilización para que sepan identificar que algo no va bien cuando tienen algo extraño en la piel, una herida, un nódulo o una despigmentación, 3 síntomas que podrían coincidir con padecer pian, úlcera de Buruli o lepra. Insisten también en el papel de padres y madres en esta labor.
A punto de subir al coche que nos llevará a Dominase, vemos a una mujer con un vendaje que cojea. Nos acercamos a ella, se llama Patience y tiene 70 años. Desde hace 15 convive con una lesión en su pie izquierdo que le impide andar con normalidad. No hay diagnóstico clínico para su lesión, el personal sanitario no sabe el origen de la úlcera y dice vivir resignada a seguir así lo que le quede de vida. La falta de higiene, los parásitos, mosquitos y otras condiciones adversas en las que vive, no ayudan a que su herida mejore. Su tratamiento son antibióticos para evitar infecciones y cambios en sus vendajes cada 3 días que enfermeras del centro más cercano le hacen a domicilio ya que ella no tiene dinero para desplazamientos.
Después de 10 kilómetros en 4X4 que tardamos en recorrer unos 20 minutos, llegamos a Dominase donde conocemos a Patrick, un niño de 14 años que en noviembre fue detectado de pian en una sesión de búsqueda activa de casos en su colegio. Después de tomar el tratamiento, sus heridas han cicatrizado aunque las consecuencias de la enfermedad son todavía visibles en su pierna derecha.
Ha salido el sol, una vez más, y ya van muchas, hemos tenido suerte.
Puedes leer qué tal fueron los dos primero días pinchando aquí.

El día es hoy lluvioso lo que probablemente altere nuestra agenda. Hoy vamos a conocer a otro eslabón importante en la lucha contra las Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETD), la enseñanza. Nos citamos en el Centro Distrital de Salud, Educación y Emergencias con 2 hombres que dedican su vida a que niños y niñas del Distrito, que estudian en alguna de las 72 escuelas, reciban formación sanitaria y sean sensibilizados en torno a las ETD. Ambos coinciden en la importancia de que niños y niñas asistan al colegio y que allí se lleven a cabo sesiones de sensibilización para que sepan identificar que algo no va bien cuando tienen algo extraño en la piel, una herida, un nódulo o una despigmentación, 3 síntomas que podrían coincidir con padecer pian, úlcera de Buruli o lepra. Insisten también en el papel de padres y madres en esta labor.
A punto de subir al coche que nos llevará a Dominase, vemos a una mujer con un vendaje que cojea. Nos acercamos a ella, se llama Patience y tiene 70 años. Desde hace 15 convive con una lesión en su pie izquierdo que le impide andar con normalidad. No hay diagnóstico clínico para su lesión, el personal sanitario no sabe el origen de la úlcera y dice vivir resignada a seguir así lo que le quede de vida. La falta de higiene, los parásitos, mosquitos y otras condiciones adversas en las que vive, no ayudan a que su herida mejore. Su tratamiento son antibióticos para evitar infecciones y cambios en sus vendajes cada 3 días que enfermeras del centro más cercano le hacen a domicilio ya que ella no tiene dinero para desplazamientos.
Después de 10 kilómetros en 4X4 que tardamos en recorrer unos 20 minutos, llegamos a Dominase donde conocemos a Patrick, un niño de 14 años que en noviembre fue detectado de pian en una sesión de búsqueda activa de casos en su colegio. Después de tomar el tratamiento, sus heridas han cicatrizado aunque las consecuencias de la enfermedad son todavía visibles en su pierna derecha.
Ha salido el sol, una vez más, y ya van muchas, hemos tenido suerte.

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Anesvad en terreno: Ghana – Días 1 y 2

Relatamos en directo la misión de comunicación que Anesvad está llevando a cabo en Ghana, donde estamos recogiendo valiosos testimonios y descubriendo de qué forma podemos seguir ayudando a llevar el Derecho a la Salud a las comunidades más remotas y empobrecidas del país.
El pasado martes 23 de abril un equipo de comunicación de Anesvad nos trasladamos a Ghana, donde estaremos durante una semana con el objetivo de recabar información e imágenes sobre las dificultades a las que deben hacer frente miles de personas de este país para acceder a los servicios sanitarios que garanticen su Derecho a la Salud y su lucha contra las Enfermedades Tropicales Desatendidas. Unas dificultades que en Anesvad trabajamos para ir solventando y una lucha para la que queremos prestarles toda la ayuda posible.
Sirvan estas líneas como cuaderno de bitácora de este viaje en el que el protagonismo recae, absolutamente, en las comunidades que visitamos y sus gentes.
Miércoles 24/04/19 – Distrito de Mpohor, Ghana
Siempre con el apoyo de un equipo humano del Servicio de Salud de Ghana en este distrito del país, visitamos el Centro de Salud de Mpohor, que cubre a una población total de 64.000 personas. Cuenta con 16 camas: 4 para hombres, 4 para mujeres y 8 en el ala de maternidad. La mayor parte de las personas que atiende vienen por malaria y por problemas y heridas de la piel causados por el trabajo en el campo, la tierra e incluso las minas que hay por la zona. Suelen estar unas pocas horas, unos o dos días a lo sumo. En caso de que necesiten una asistencia mayor o más prolongada tienen que trasladarse al hospital más cercano, que es el de Takoradi. Es un trayecto largo y tortuoso, de cerca de una hora, por lo que Wilhelmina nos comenta que una de las necesidades que tienen en la zona es la de un hospital propio.
En 2016 comenzaron a construir un edificio anexo al centro de salud que debería servir de quirófano. El problema es que no tienen fondos para terminar la obra, por lo que está yendo muy despacio. No saben cuándo ni en qué condiciones podrán terminarlo.
Jueves 25/04/19 – Distrito de Mpohor, Ghana
Visitamos la comunidad de Obrayebona, que se encuentra a 4 kilómetros de la zona central del distrito y a la que se accede por un camino de tierra y muy pedregoso. Allí vistamos el CHPS Compound, la posta de salud. Está atendido por cuatro enfermeras, una de las cuales es la matrona de la zona.
Atienden a dos mujeres de parto por semana. Además, pueden hacer unas diez consultas externas cada día. No disponen de frigorífico para conservar las medicinas o las vacunas, por lo que tienen que traerlas desde Mpohor. Tienen una sala de partos, con un potro para los nacimientos separado mediante un biombo de dos camas de reposo para madres. Tanto el biombo como el potro son de reciente instalación. Tras el alumbramiento, madre y bebé pasan a la zona de reposo, en la que pueden estar recuperándose seis horas. Si en el parto hay complicaciones tienen que derivarlas al centro de salud más cercano, el de Mpohor. En casos de cesáreas, deben ir hasta el hospital de Takoradi. En esos casos tienen un coche de emergencia para toda la comunidad, quien lo necesite debe pagar por él 100 cedis. Una suma altísima para la mayor parte de la gente.
En esta comunidad conocimos a algunos niños y niñas que han tenido pian. Afortunadamente, fueron detectados por voluntarios comunitarios dedicados a comprobar si la gente contraer enfermedades como ésta. Se les suministró tratamiento y hoy en día están sanos y sin secuelas.
También participamos en un acto de sensibilización sobre las ETD para toda la comunidad. Gracias a ello, un padre que recientemente había visto una herida en el pie de su hijo se pudo enterar de que lo que tenía el niño era pian. Fue atendido, confirmando el diagnóstico y dándole el antibiótico para curarle.
Este día también pudimos conocer otras dos comunidades: Ampeasem y Algalave. No disponen de CHPS Compound, por lo que quien enfereme debe hacer frente a un viaje por un camino tortuoso y de difícil acceso hasta el centro de salud más cercano, a cuatro kilómetros. En estas comunidades conocimos nuevos casos de pian y realizamos entrevistas a voluntarios comunitarios, que en muchas ocasiones son la primera línea de defensa antes las enfermedades olvidadas.

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