Casi un 17% de la población padece una o varias Enfermedades Tropicales Desatendidas

 

Vivimos en una sociedad occidental a la que le aterra escuchar a su alrededor términos como el cáncer, el alzhéimer o el infarto, y es que poco a poco y con el paso del tiempo, se están convirtiendo en tres de los grandes protagonistas a los que gran parte de la sociedad más teme. Sin embargo, nada tiene que ver la realidad en otras partes del mundo donde muchas personas no tienen si quiera la oportunidad de cubrir sus necesidades primarias tales como la alimentación, la protección o la seguridad. Según detalla la OMS, el derecho a la salud trata de cubrir el “grado máximo de salud que se puede lograr” dando respuesta al cumplimiento de condiciones de trabajo seguras, vivienda adecuada y alimentos nutritivos. Desgraciadamente, los grupos sociales vulnerables y marginados son los que más dificultades tienen para disfrutar de ello y quienes están expuestos a mayores tasas de enfermedad.

Dentro de esta fragilidad, las Enfermedades Tropicales Desatendidas constituyen una de las grandes adversidades a las que se enfrentan los países en vías de desarrollo, llegando incluso al nivel de enfermedades como la malaria y la tuberculosis. Aproximadamente una de cada seis personas en el mundo padece una o varias ETD-s, lo que representa a casi un 17% de la población; sin embargo, ese porcentaje sólo incluye a las más de mil millones de personas que viven fuera del foco de atención de la sociedad en condiciones precarias. A pesar de que la OMS reconoce 17 patologías diferentes dentro del grupo de Enfermedades Tropicales Desatendidas, en esta ocasión reflexionaremos acerca de dos de ellas; la lepra y el pian.

200.000 personas afectadas por la lepra

La lepra, también conocida como Mycobacterium Leprae o Bacilo de Hansen, es una enfermedad infecciosa que afecta a una media de 200.000 personas al año. A pesar de considerarse una enfermedad “alarmante”, cabe destacar que es la menos infecciosa dentro de las enfermedades transmisibles, por debajo incluso de un catarro común. Su contagio se produce a través de la tos y del contacto con fluidos nasales de una persona infectada y su incubación puede llegar a ser muy lenta, en algunos casos pueden pasar incluso 5 años. Por otro lado, es posible que los síntomas tarden hasta 20 años en aparecer.

Sus síntomas principales afectan a la piel, los nervios, los ojos y al sistema respiratorio, y a pesar de que los más frecuentes sean los dos primeros, la frecuencia de los daños en la mucosa de los ojos y en las vías respiratorias superiores también es elevada. Generalmente, el signo más característico de la lepra es la lesión en la piel debido a las llagas, erupciones, bultos y pérdidas de tejido que la desfiguran. Por otro lado, los daños en los nervios periféricos pueden causar debilidad muscular y pérdida de sensibilidad en los brazos y en las piernas.

Desde 1995, la OMS distribuye de manera gratuita la “terapia multidroga”, un tratamiento para todas aquellas personas afectadas por la lepra que ha demostrado ser muy eficaz para curar los tres tipos de la enfermedad. Esta “terapia multidroga” combina tres diferentes fármacos: la clofazimina, la rifampicina y la dapsona.

Los menores de 15 años, los más propensos al pian

El pian es una infección tropical de la piel, los huesos y las articulaciones causada por la espiroqueta Treponema pallidum pertenue y que afecta principalmente a comunidades pobres de las regiones tropicales de África, Asia, Latinoamérica y el Pacífico. Generalmente, entre el 75 y 80% de quienes lo sufren son menores de 15 años y la máxima incidencia la registran los niños de entre 6 y 10 años. La transmisión de la enfermedad se produce a través del contacto directo entre pequeñas lesiones que contienen gran cantidad de bacterias. A diferencia de la lepra, el periodo de incubación puede llegar a durar 90 días, aunque en general en las tres semanas ya ha llegado a desarrollarse.

La lesión principal del pian, denominada protopianoma, consiste en una o varias lesiones cutáneas de color rojizo que forman una masa papilomatosa y ulcerada que causa picor. Por otro lado, también es común la presencia de ganglios linfáticos inflamados en la región corporal, la erupción de piel y las lesiones que afectan al cartílago y a las estructuras óseas. En los casos más graves se pueden producir lesiones muy agresivas como la mutilación de la parte central de la cara, también conocido como frambesia gangosa.

Al tratarse de una enfermedad infecciosa, su tratamiento se basa en la administración de antibióticos como la azitromicina o la penicilina benzatina. El pronóstico suele ser bastante esperanzador, con una curación completa en la mayoría de los casos; sin embargo, si no se receta ningún medicamento, pueden llegar a desarrollarse complicaciones en el 10% de las personas afectadas como deformidades o dificultad para movilizar ciertas articulaciones.

Cada año se diagnostican 200.000 casos de Lepra en el mundo

2400 millones de personas no disponen de instalaciones sanitarias básicas

Las enfermedades tropicales desatendidas son un grupo de diferentes enfermedades tropicales frecuentes en poblaciones de ingresos bajos en regiones de desarrollo de África, Asia o América. Estas enfermedades, puestas en contraste con las tres plagas mundiales (VIH, tuberculosis y paludismo), están causadas por diferentes patógenos como los parásitos helmintos, los protozoos, los virus y las bacterias. Algunos de sus síntomas más característicos son la ceguera, la desfiguración, la mutilación y la debilidad. Por otro lado,  más del 70% de los países que informan de la presencia de enfermedades tropicales desatendidas tienen ingresos medianos y bajos.

A día de hoy, la OMS (Organización Mundial de la Salud) reconoce 17 patologías caracterizadas como enfermedades tropicales desatendidas. Por esta misma razón, alude a la necesidad de recibir apoyos políticos decididos, donaciones desinteresadas de medicamentos y mejoras en las condiciones de vida con el fin de luchar contra estas enfermedades en los países más vulnerables. Según la Directora General, Margaret Chan, “la Organización ha sido testigo de avances extraordinarios en el empeño por doblegar antiguas plagas como la enfermedad del sueño y la elefantiasis”, y es que, ya sólo en 2015 la OMS logró intervenir en el tratamiento de 1000 millones de personas que padecían al menos una enfermedad tropical desatendida.

Sin embargo, el Doctor Dirk Engels, Director del Departamento de Control de las Enfermedades Tropicales Desatendidas, destaca que “para continuar avanzando en la lucha contra estas enfermedades, es fundamental realizar progresos que nos acerquen a los logros de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Por esta misma razón, la OMS cree necesario alcanzar las metas mundiales relativas al agua y el saneamiento, ya que todavía hay 2400 millones de personas que no disponen de instalaciones sanitarias básicas y 660 millones continúan bebiendo agua de fuentes “no mejoradas”.

¿Es la lepra tan contagiosa como realmente creemos?

En algún momento de nuestras vidas todos hemos llegado a escuchar el término “Lepra”, sin embargo, lo que quizás no sepamos es que cada año se diagnostican más de 200.000 casos en el mundo. La lepra es una enfermedad infecciosa causada por la Mycobacterium leprae que afecta a la piel, los nervios periféricos, la mucosa de las vías respiratorias y los ojos. A pesar de que todavía haya personas que relacionan la enfermedad con el contagio y la muerte directa, puede tratarse de manera efectiva con antibióticos. Durante la década de los 40, la lepra era incurable y quienes la padecían solían sufrir desfiguraciones visibles y discapacidades significativas, convirtiéndolas así en blanco fácil para ser rechazadas y marginadas.

¿Cuáles son los signos y síntomas más característicos?

A pesar de que la enfermedad pueda manifestarse a cualquier edad, las personas de entre 5 y 30 años son quienes más la padecen. Además, los primeros síntomas no llegan a aparecer hasta pasados los primeros 12 meses desde el contagio. Dentro de la propia enfermedad, destacan tres tipos de lepra diferentes:

  • Lepra tuberculoide: Las lesiones cutáneas consisten en una o unas pocas máculas hipoestésicas con hipopigmentación central y bordes netos sobreelevados. Además, las áreas afectadas por este exantema no tienen sensibilidad debido a la lesión de los nervios periféricos subyacentes.
  • Lepra lepromatosa: La neuropatía periférica es más grave que en la lepra tuberculoide, con más áreas entumecidas. A su vez, gran parte de la piel y varias áreas del cuerpo, como los riñones, la nariz y los testículos, pueden estar debilitadas.
  • Lepra limítrofe: No tiene tratamiento y se identifica con características de la lepra tuberculoide y de la lepromatosa. Su gravedad puede disminuir y convertirse en una forma más semejante a la tuberculoide, o puede empeorar y transformarse en una forma más similar a la lepromatosa.

A su vez, la enfermedad también puede afectar a otras áreas del cuerpo como la piel, la nariz, los ojos, la función sexual o los riñones.

¿A qué tratamientos debe someterse el o la paciente?

  • Régimenes polifarmacológicos compuestos por dapsona, rifampicina y clofazimina. La OMS ofrece estos fármacos de manera gratuita a todas las personas que padecen la lepra en el mundo.
  • Antibióticos de mantenimiento que a pesar de detener la progresión de la enfermedad, no revierten la lesión nerviosa ni las enfermedades. Por ello, la detección precoz y el tratamiento temprano son clave.

¿Cómo se puede prevenir la lepra?

El riesgo de transmisión es bastante bajo; sin embargo, los contactos familiares de los pacientes con lepra deben ser controlados para detectar los posibles síntomas que se pueden ir desarrollando. La mejor medida preventiva es evitar el contacto con líquidos corporales y el exantema de las personas infectadas.