3 preguntas clave sobre enfermedades tropicales desatendidas

Las enfermedades tropicales desatendidas, según la OMS, son aquellas que se propagan en ambientes calurosos y húmedos, propios de los climas tropicales, especialmente en lugares empobrecidos. En muchos casos, se trata de enfermedades transmitidas por insectos. Asimismo, es habitual que proliferen en lugares con aguas contaminadas o estancadas.

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La lepra en Costa de Marfil

La lepra es una enfermedad crónica causada por el bacilo Mycobacterium leprae que afecta a la mucosa de las vías respiratorias, los nervios, los ojos y la piel. De acuerdo con la OMS, en 2017 se registraron 211.009 nuevos casos a nivel global.

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¿Cómo se transmite la úlcera de Buruli?

La úlcera de Buruli es una enfermedad crónica y debilitante que suele afectar a la piel y en ocasiones al hueso. De acuerdo con la OMS, no hay forma de prevenir esta enfermedad tropical, y puede causar desfiguraciones permanentes y discapacidad a largo plazo.

La úlcera de Buruli está causada por Microbacterium ulcerans, un microorganismo cuyo modo de transmisión al ser humano se desconoce y que pertenece a la misma familia que la bactería que causa otras enfermedades tropicales desatendidas, como la lepra.

Úlcera de Buruli

Según recoge la OMS, la mayoría de los casos de úlcera de Buruli se localizan en países ribereños del Golfo de Guinea, como Benín, Costa de Marfil, Ghana o la República Democrática del Congo; la cobertura sanitaria insuficiente, el acceso limitado al agua, o la existencia de comunidades en áreas remotas, trae consigo una mayor incidencia de enfermedades tropicales desatendidas en estos territorios.

Además de en África Occidental, países americanos y del Pacífico Occidental, así como Australia, China o Japón, han notificado a la OMS casos de úlcera de Buruli. A mediados del siglo pasado, un equipo liderado por el profesor Peter MacCallum consiguió aislar el microorganismo causante de esta enfermedad olvidada en seis pacientes de Bairnsdale, al Este de Melbourne. Es por eso que en el Sur de Australia también es conocida esta enfermedad como úlcera de Bairnsdale. La denominación más común de esta enfermedad torpical desatendida proviene de la antigua provincia de Buruli, que actualmente lleva el nombre de su capital, Nakasongola, a orillas del lago Kyoga, en Uganda. En este territorio, en la década de los años 60, se detectaron numerosos casos.

La úlcera de Buruli es una de las enfermedades olvidadas que mayor incidencia tiene actualmente. Mientras en África casi la mitad (48%) de las personas afectadas son niñas y niños menores de 15 años, de acuerdo con la OMS este porcentaje no supera el 10% en Australia. Los conocimientos son limitados, tanto entre los equipos sanitarios como entre la población, que generalmente reside en áreas rurales remotas. Además, los síntomas de la úlcera de Buruli pueden confundirse con otras enfermedades tropicales o afecciones, como las úlceras crónicas, diabéticas o fagedénicas tropicales, la insuficiencia arterial o venosa, o el pian. En el caso particular de Australia, es más habitual que los síntomas puedan confundirse con picaduras de insectos.

Úlcera de Buruli en Uganda (África)

La úlcera de Buruli incide especialmente en áreas cercanas al agua o tras desastres naturales como inundaciones. De hecho, las actividades que se realizan en estos lugares, como la agricultura, junto con la falta de prendas protectoras o exposición al agua sin la debida precaución, incrementan el riesgo de las personas de padecer esta enfermedad tropical desatendida,

El modo en que la úlcera de Buruli se transmite a las personas aún no se ha determinado claramente. Según recoge la Wikipedia, existen investigaciones que determinan que algunos insectos actuáticos o mosquitos de las marismas podrían transmitir el Microbacterium ulcerans. Este microorganismo se desarrolla a una temperatura entre 29 ºC y 33 ºC y una baja concentración de oxigeno.

La transmisión más habitual de la úlcera de Buruli es mediante un traumatismo leve en la piel: un 35% de las veces suele producirse en las extremidades superiores, un 55% en las inferiores y el 10% en otras partes del cuerpo, según recoge la OMS. Los síntomas más habituales son una hinchazón o endurecimiento indoloro en alguna de las extremidades. La enfermedad evoluciona además sin fiebre.

Transmisión de la úlcera de Buruli

En los casos en los que no se trata la enfermedad, el edema, nódulo o placa se convierte en un mes en úlcera. Además, puede darse el caso de que los huesos se vean afectados, lo que provoca deformidades. De acuerdo con la OMS, el 70% de los casos se diagnostican en la fase de ulceración. En los casos en los que la persona afectada esté infectada por el VIH, la evolución de esta enfermedad tropical desatendida es más agresiva debido a la debilidad del sistema inmunitario.

El desconocimiento respecto al modo de transmisión trae consigo una ausencia de medidas de prevención y vacunas eficaces. Los esfuerzos de la OMS y organizaciones que trabajan por el Derecho a la Salud de las personas centran sus esfuerzos en la actualidad en reducir el sufrimiento y desfiguraciones consecuentes de la úlcera de Buruli. Así, la formación de equipos médicos, concienciación de la ciudadanía, desarrollar una cobertura sanitaria que permita detectar de forma precoz esta enfermedad tropical desatendida y el tratamiento antibiótico se han vuelto fundamentales para combatir esta enfermedad tropical desatendida.



¿Conseguiremos que el pian sea la segunda enfermedad en ser erradicada en el planeta?

La enfermedad de pian es la más antigua de las treponematosis. De acuerdo con la Wikipedia, existen evidencias de esta infección en esqueletos de 1,6 millones de años localizados en Kenia.

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Un día para luchar contra el estigma social de la lepra

El día 27 de enero fue el Día Mundial contra la Lepra, una fecha clave para luchar contra el estigma que padecen las personas enfermas. En 2017 se registraron cerca de 211.000 nuevos casos de esta enfermedad. La enfermedad crece en África (5,3%), América (6,4%), el Mediterráneo Oriental (25%), el Pacífico Oriental (4,3%) e incluso en algunas zonas de Europa (3,13%), donde prácticamente ha desaparecido (se ha pasado de 32 casos a 33). Sin embargo, los diagnósticos han retrocedido a nivel global debido a la disminución registrada en India (6,9%).

La lepra afecta sobre todo a la mucosa de las vías respiratorias altas, los ojos, la piel y los nervios periféricos. Esta enfermedad infecciosa crónica está causada por Mycobacterium leprae, un bacilo acidorresistente.  En 2018 en España se dieron 6 casos y hubo 18 personas en tratamiento.

Persona enferma de lepra

De acuerdo con la Wikipedia, «la lepra es una enfermedad infecciosa, aunque no muy contagiosa, de nula transmisibilidad cuando está debidamente tratada». Este último aspecto es fundamental, ya que si la persona enferma de lepra no recibe tratamiento, o éste es inadecuado, sí puede constituir una fuente de contagio, además de padecer secuelas. La lepra se contagia principalmente a través de gotículas nasales y orales cuando existe contacto cercano y frecuente con personas enfermas. De hecho, en la actualidad una persona se contagia cada minuto y medio de esta Enfermedad Tropical Desatendida (ETD).

La lepra tiene cura, y de hecho se encuentra entre las enfermedades que la Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene como objetivo retirar de la lista de problemas de salud pública.

Falta de higiene

La mejor estrategia de prevención de la lepra estriba en su detección para establecer un tratamiento adecuado. Asimismo, si la persona enferma de lepra ha convivido con otras, éstas deben ser examinadas por un equipo médico que confirme que no se ha dado ningún contagio.

Los antibióticos son la base del tratamiento de la lepra. En el mejor de los casos la persona enferma terminará por sanar del todo, mientras que en otros casos, es posible que deba seguir tomándolos para evitar recaídas. Recientemente la OMS ha alertado del cada vez mayor número de personas que son resistentes a uno o más antibióticos utilizados en el tratamiento de la lepra.

Las lesiones cutáneas tienden a desaparecer con la terapia frente a la lepra. Sin embargo, es posible que si afecta a los nervios la persona enferma no recupere la sensibilidad. En estos casos las personas enfermas dejan de padecer dolor, por lo que es más probable que se hagan heridas o quemaduras que desemboquen en infecciones.

¿Por qué las compañías farmacéuticas no invierten en investigación para la cura de las ETDs?

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), más de mil millones de personas en el mundo fueron tratadas de alguna enfermedad tropical desatendida en el 2017. La mayoría de estas epidemias son parasitarias; es decir, transmitidas por insectos, mosquitos, simúlidos o flebótomos; sin embargo, otras se propagan a través del agua contaminada y los huevos de los gusanos.

Las enfermedades tropicales desatendidas prevalecen especialmente en regiones tropicales y subtropicales, siendo así menos comunes en los climas templados debido a que las temperaturas obligan a los artrópodos a tener que hibernar. Sin embargo, la exploración de selvas tropicales, la deforestación, la creciente inmigración y el tráfico aéreo internacional han sido las causantes de la globalización de tales enfermedades.

Por otro lado, gracias al apoyo de las oficinas regionales y nacionales de la OMS y a las 1.889 toneladas de medicamentos enviados, el 2017 consiguió tratar a más de mil millones de personas enfermas por tercer año consecutivo. Tal y como detalla la OMS “son estas iniciativas las que consiguen que varios países hayan eliminado algunas de estas enfermedades”.

Enfermedades tropicales desatendidas

“Las ETD-s no son una fatalidad, son curables y tratables”

 Sin embargo, los expertos advierten que es imprescindible dar más apoyo a los programas nacionales de control de las ETD-s con el fin de poder ampliar el uso de los mejores recursos y tratamientos. Según declara el presidente internacional de MSF, el Dr. Unni Karunakara, “las enfermedades tropicales desatendidas no son una fatalidad, son tratables y curables y esta es la razón por la que suponen todo un reto. El olvido se puede superar y millones de vidas puedes salvarse, pero para ello se requiere una voluntad política que ayude a financiar estas iniciativas que han demostrado ser efectivas”. Y es que, a pesar de que las ETD-s afecten a una de cada siete personas en el mundo, siguen siendo las grandes desconocidas. “Nos encontramos ante un terrible círculo de olvido. Los responsables políticos no se centran en estas enfermedades porque alegan que no existen medios suficientes para tratar a los pacientes adecuadamente.  A su vez, las compañías farmacéuticas no invierten en desarrollo e investigación de nuevos tratamientos porque las ETD-s afectan mayoritariamente a las personas más pobres del mundo, y por lo tanto, no representan a un mercado no lucrativo. Por esta misma razón es hora de romper este círculo”, afirma Gemma Ortiz, referente de Enfermedades Olvidadas de MSF.

Actualmente, son 18 las dolencias que la OMS ha calificado como “desatendidas” entre las cuales destacan la lepra, la úlcera de Buruli, la enfermedad del sueño y la elefantiasis. Sin embargo, en esta ocasión se va a realizar una reflexión más profunda sobre otra ETD que también afecta a muchísimas personas: el pian.

Lugar con falta de higiene

La enfermedad del pian, desde hace 1.6 millones de años lo menos

El pian es una infección tropical crónica de la piel, huesos y articulaciones causada por una subespecie pertenue de Treponema Pallidum. Según afirman los expertos, es la enfermedad más antigua de todas las treponematosis, ya que se llegaron a encontrar evidencias de la infección en esqueletos de Homo Erectus hace 1.6 millones de años. La transmisión del pian ocurre por contacto directo; es decir, de piel a piel y con los fluidos de las lesiones de una persona afectada. Generalmente, la lesión inicial suele estar repleta de bacterias y son los niños las personas con mayor riesgo de contraer la enfermedad.

En lo que al cuadro clínico respecta, la infección comienza a desarrollarse entre los 10 y 90 primeros días con la aparición de una pequeña lesión inicial llamada “buba madre” en el sitio de la infección. Entre los 3 y 6 meses posteriores, la enfermedad entra en una breve latencia con nuevas lesiones en la cara, brazos, piernas y glúteos, además de fiebre, periostitis y malestar general. Posteriormente, en aproximadamente el 10% de las personas enfermas, pueden llegar a manifestarse lesiones de tipo “goma” que destruyen los tejidos blancos y que pueden producir desfiguraciones alrededor de la nariz y curvaturas anormales en la tibia. A diferencia de otras enfermedades como la sífilis, el pian no genera daño al sistema cardiovascular ni nervioso, además tampoco afecta al feto en el caso de las mujeres embarazadas. En cuanto a la cura, lo más habitual es la inyección intramuscular de penicilina benzatina, aunque la azitromicina administrada a través de la vía oral también ha resultado ser igual de efectiva.

Casi un 17% de la población padece una o varias Enfermedades Tropicales Desatendidas

 

Vivimos en una sociedad occidental a la que le aterra escuchar a su alrededor términos como el cáncer, el alzhéimer o el infarto, y es que poco a poco y con el paso del tiempo, se están convirtiendo en tres de los grandes protagonistas a los que gran parte de la sociedad más teme. Sin embargo, nada tiene que ver la realidad en otras partes del mundo donde muchas personas no tienen si quiera la oportunidad de cubrir sus necesidades primarias tales como la alimentación, la protección o la seguridad. Según detalla la OMS, el derecho a la salud trata de cubrir el “grado máximo de salud que se puede lograr” dando respuesta al cumplimiento de condiciones de trabajo seguras, vivienda adecuada y alimentos nutritivos. Desgraciadamente, los grupos sociales vulnerables y marginados son los que más dificultades tienen para disfrutar de ello y quienes están expuestos a mayores tasas de enfermedad.

Dentro de esta fragilidad, las Enfermedades Tropicales Desatendidas constituyen una de las grandes adversidades a las que se enfrentan los países en vías de desarrollo, llegando incluso al nivel de enfermedades como la malaria y la tuberculosis. Aproximadamente una de cada seis personas en el mundo padece una o varias ETD-s, lo que representa a casi un 17% de la población; sin embargo, ese porcentaje sólo incluye a las más de mil millones de personas que viven fuera del foco de atención de la sociedad en condiciones precarias. A pesar de que la OMS reconoce 17 patologías diferentes dentro del grupo de Enfermedades Tropicales Desatendidas, en esta ocasión reflexionaremos acerca de dos de ellas; la lepra y el pian.

200.000 personas afectadas por la lepra

La lepra, también conocida como Mycobacterium Leprae o Bacilo de Hansen, es una enfermedad infecciosa que afecta a una media de 200.000 personas al año. A pesar de considerarse una enfermedad “alarmante”, cabe destacar que es la menos infecciosa dentro de las enfermedades transmisibles, por debajo incluso de un catarro común. Su contagio se produce a través de la tos y del contacto con fluidos nasales de una persona infectada y su incubación puede llegar a ser muy lenta, en algunos casos pueden pasar incluso 5 años. Por otro lado, es posible que los síntomas tarden hasta 20 años en aparecer.

Sus síntomas principales afectan a la piel, los nervios, los ojos y al sistema respiratorio, y a pesar de que los más frecuentes sean los dos primeros, la frecuencia de los daños en la mucosa de los ojos y en las vías respiratorias superiores también es elevada. Generalmente, el signo más característico de la lepra es la lesión en la piel debido a las llagas, erupciones, bultos y pérdidas de tejido que la desfiguran. Por otro lado, los daños en los nervios periféricos pueden causar debilidad muscular y pérdida de sensibilidad en los brazos y en las piernas.

Desde 1995, la OMS distribuye de manera gratuita la “terapia multidroga”, un tratamiento para todas aquellas personas afectadas por la lepra que ha demostrado ser muy eficaz para curar los tres tipos de la enfermedad. Esta “terapia multidroga” combina tres diferentes fármacos: la clofazimina, la rifampicina y la dapsona.

Los menores de 15 años, los más propensos al pian

El pian es una infección tropical de la piel, los huesos y las articulaciones causada por la espiroqueta Treponema pallidum pertenue y que afecta principalmente a comunidades pobres de las regiones tropicales de África, Asia, Latinoamérica y el Pacífico. Generalmente, entre el 75 y 80% de quienes lo sufren son menores de 15 años y la máxima incidencia la registran los niños de entre 6 y 10 años. La transmisión de la enfermedad se produce a través del contacto directo entre pequeñas lesiones que contienen gran cantidad de bacterias. A diferencia de la lepra, el periodo de incubación puede llegar a durar 90 días, aunque en general en las tres semanas ya ha llegado a desarrollarse.

La lesión principal del pian, denominada protopianoma, consiste en una o varias lesiones cutáneas de color rojizo que forman una masa papilomatosa y ulcerada que causa picor. Por otro lado, también es común la presencia de ganglios linfáticos inflamados en la región corporal, la erupción de piel y las lesiones que afectan al cartílago y a las estructuras óseas. En los casos más graves se pueden producir lesiones muy agresivas como la mutilación de la parte central de la cara, también conocido como frambesia gangosa.

Al tratarse de una enfermedad infecciosa, su tratamiento se basa en la administración de antibióticos como la azitromicina o la penicilina benzatina. El pronóstico suele ser bastante esperanzador, con una curación completa en la mayoría de los casos; sin embargo, si no se receta ningún medicamento, pueden llegar a desarrollarse complicaciones en el 10% de las personas afectadas como deformidades o dificultad para movilizar ciertas articulaciones.