Una vacuna asequible y accesible para acabar con el VIH en África


A pesar de los progresos en desentrañar los métodos de transmisión del VIH y en el desarrollo de las herramientas de prevención, cada año 1,8 millones de personas contraen el virus. África se lleva la palma en cuanto a número de infecciones. Solo en la zona oriental y meridional del continente se registraron 800.000 nuevos casos en 2017, mientras que en el centro y el oeste fueron 370.000, según datos de Onusida. A estos se suman los 18.000 del norte y de Oriente Medio. Sin una vacuna no será posible detener la pandemia, insiste Anatoli Kamali, director regional para África de International AIDS Vaccine Initiative (IAVI). Sin la inmunización, advierte su organización, las tasas de infección podrían aumentar.

“La inmunización ha permitido acabar con otras enfermedades infecciosas. El VIH/sida no será una excepción”, explica Kamali desde la conferencia científica sobre prevención HIVR4P, que se celebró la semana pasada en Madrid. El experto describe de manera muy clara las características que tiene que presentar la vacuna: ser asequible, accesible para todos y fácil de administrar. Sin embargo, admite, no se prevé su desarrollo en el corto plazo. “Mientras, habrá que desarrollar enfoques innovadores para la distribución e involucrar a los colectivos más vulnerables”, agrega. Además, las vacunas implicarían un coste mucho más bajo en comparación con los gastos para abastacer a los pacientes infectados con un tratamiento farmacológico para toda la vida. “Una vacuna ayudaría también a superar los estigmas relacionados con el VIH al no estar dirigida a un grupo particular de población”.

A principios de este mes de octubre, IAVI —organización que España dejó de financiar en 2011— anunció el comienzo de un nuevo ensayo clínico de vacuna basado en la inyección de anticuerpos, un método que ha cosechado buenos resultados en laboratorio y en animales. Las primeras conclusiones están previstas para finales de 2019 y alimentan las esperanzas de la comunidad científica para dar con una solución para detener la epidemia.

A la espera del desarrollo de una vacuna, Kamali insiste en la necesidad de potenciar las herramientas actualmente disponibles para la prevención, como la profilaxis pre-exposición (PrEP). “Hay países como Ruanda que están obteniendo muy buenos resultados en el camino hacia el objetivo 90-90-90 [que en 2020 el 90% de los portadores del virus conozca su condición, el 90% de ellos la trate y, de estos, el 90% tenga una carga viral ínfima que impida su transmisión]. Kenia y Uganda también han progresado y siguen avanzando en la dirección correcta”, indica Kamali. Pero la excesiva dependencia de las donaciones internacionales de algunos programas y la criminalización de la sexualidad en algunos países complican las tareas para alcanzar las metas.


A principios de este mes, IAVI anunció el comienzo de un nuevo ensayo clínico de vacuna basado en la inyección de anticuerpos

Otro reto consiste en desarrollar estrategias a medida por cada colectivo en riesgo. En Uganda, por ejemplo, las comunidades de pescadores del lago Victoria registran una incidencia cuatro veces más alta que la media nacional. Sus continuos desplazamientos hacen que sea aún más complicado programar una intervención eficaz. Kenia lanzó el año pasado un programa para la distribución de PrEP y está actualmente analizando su ampliación a escala nacional, con especial atención hacia las trabajadoras sexuales, el grupo de población más a riesgo del país, según distintos estudios presentados durante el congreso HIVR4P. Una encuesta realizada por el Ministerio de Salud del país puso de relieve que más del 90% de ellas admite no usar condones. Estudios del programa Levantamiento femenino a través de apoyo en educación y salud (Fresh, por sus siglas en inglés) han concluido que el riesgo de exposición al VIH de las jóvenes de Umlazi, en Sudáfrica, está relacionado con la pobreza.

“La mayoría de estos grupos vulnerables no tiene acceso a la PrEP por una serie de razones que incluyen el estigma, la criminalización de la homosexualidad o las lagunas de los sistemas sanitarios”, asegura el director regional de IAVI. “A menudo no están en condición de negociar sexo seguro, sobre todo las mujeres, ya que la decisión de utilizar métodos de protección recae principalmente en el hombre”. Kamali espera que en el futuro ellas se verán beneficiadas por la difusión de fármacos inyectables y de los anillos vaginales. “Pueden usarlos de manera discreta y decidir por sí mismas. Además, estas herramientas son de acción prolongada, lo que evita tener que tomar una dosis diaria de medicamentos”.

Los jóvenes del continente también necesitan atención especial. Tres de cada cuatro nuevas infecciones entre adolescentes ocurren en África Subsahariana, según datos de Unicef. Esta región ostenta otro récord macabro: es aquí donde mueren nueve de cada diez jóvenes por causas relacionadas con el sida. “Se han marcado muchos avances en prevención y atención en otros rangos de edad, por ejemplo en la transmisión de madre a hijo, pero no en la adolescencia”, explica la responsable de emergencias del Comité Español del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Lorena Cobas.

Las posibilidades de contraer el virus crecen de manera exponencial para las chicas, especialmente en la región subsahariana, en la que viven 25 millones de personas contagiadas. Aquí, las jóvenes entre 15 y 24 años se enfrentan al doble de riesgo de contraer el virus en comparación con los varones. Unicef estima que cada cinco de ellos con VIH, hay siete mujeres de entre 10 y 19 años infectadas. La brecha aumenta con la edad, con una proporción de cinco a diez entre los adultos. En 2017, se contagiaron con el VIH cerca del triple de niñas adolescentes (15-19 años) que niños. La educación, sostiene Cobas, es clave para acabar con esta situación, poniendo fin a la desigualdad de género y al estigma.

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La ONU mide por primera vez la pobreza global más allá del dinero


Con datos sobre desnutrición, años de escolarización, estado de las viviendas, el combustible con el que cocinan y así hasta 10 indicadores sobre salud, educación y nivel de vida, los autores han sido capaces de calcular no solo el número de pobres multidimensionales —que sufren carencias al menos un tercio de estos indicadores—, sino también el grado, en función del tipo, la cantidad e intensidad de las privaciones, e incluso dónde viven y qué edad tienen. “Desagregamos tanto como nos lo permiten los datos”, ha explicado Sabina Alkire, directora de la OPHI y creadora de este índice, en la presentación de la investigación en la sede de la ONU en Nueva York, retransmitida en directo a través de su canal de televisión.

Este nivel de detalle permite, por tanto, visibilizar a pobres que no aparecen en las estadísticas basadas exclusivamente en el ingreso, y saber quiénes son y de qué modo experimentan su situación. Los datos muestran que de los 1.300 millones de pobres, el 46% lo son de manera “severa”, es decir, sufren carencias en al menos la mitad de las dimensiones que cubre el índice. En cuanto a la distribución geográfica, el 83% se concentra en dos regiones: África subsahariana con 560 millones —el 58% de la población—, de los que 342 millones son severos, y Asia meridional con 546 millones —el 31% de los habitantes—, 200 millones de ellos en la forma más extrema. “Distinguimos también el nivel de pobreza en áreas urbanas y rurales”, ha destacado Alkire. 1.100 millones residen en estas últimas.

“La mitad de ellos son niños”, ha destacado Achim Steiner, administrador del PNUD. “Es toda una generación cuyas vidas están atrapadas en la pobreza”, ha lamentado. Como la de Amudhra, una niña de 14 años de Tamil Nadu, al sur de India, a la que entrevistaron las estudiantes de la Lady Doak Colleague de esta misma ciudad para el estudio. Así supieron que en su hogar había varios miembros desnutridos, no tenían un combustible limpio para cocinar, ni agua potable ni saneamiento, aunque sí tenía electricidad robada de unos vecinos, todos los niños en la casa iban a la escuela y ningún menor había muerto en la última década. “Con un cuestionario de diez preguntas, tenemos una idea de cómo es la vida de Amudhra”, ha explicado Alkire. Conclusión: es multidimensional pobre.

El 83% de pobres multidimensionales se concentra en dos regiones: África subsahariana con 560 millones y Asia meridional con 546 millones

Hay dos maneras de interpretar estos resultados, ha considerado Steiner. Una pesimista, pues los datos revelan una cantidad mucho más abultada de personas en situación de pobreza de las que muestran las estadísticas realizadas hasta ahora. La optimista, en opinión del administrador del PNUD, es que esta herramienta es “una oportunidad” para luchar de manera certera contra todas las miserias, como manda el primero de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible.

El ejemplo positivo, de nuevo lo han encontrado en India, el primer país en el que se ha analizado el progreso alcanzado a lo largo del tiempo. Entre 2006 y 2016, 271 millones salieron de la pobreza. Más que toda la población de Indonesia. Según los datos más recientes del índice, aún 364 millones de habitantes del país asiático, un 27,5% de sus ciudadanos, eran pobres multidimensionalmente en 2016, principalmente por las malas condiciones de vida y, en menor proporción, por las carencias relacionadas con la salud y la educación, en ese orden. Una década antes, los números eran peores: un 55% de los indios sufrían varias de las privaciones escrutadas.

“Esto no es producto de la casualidad”, ha destacado Steiner, quien ha alabado la determinación del Gobierno indio en el uso de este índice para tomar las decisiones adecuadas para mejorar la vida de las personas. Para él, la mejora de India es la prueba de que este problema se puede combatir si las prioridades y programas están bien definidos. Para ello, el trabajo de investigación y estadístico es fundamental.

India es el primer país en el que se ha analizado el progreso. Entre 2006 y 2016, 271 millones salieron de la pobreza

“El Banco Mundial y organizaciones como la Fundación Bill y Melinda Gates producen informes sobre pobreza e investigaciones sobre qué funciona y qué no. Y todos coincidimos en que millones de personas están siendo abandonadas y no se benefician del desarrollo”, ha asegurado Steiner. Para sacar a la luz a esos pobres que permanecían en la oscuridad estadística, el PNUD se alió con el equipo de Alkire en la OPHI que venía trabajando con este índice en decenas de países, pero nunca se había aplicado a nivel global con datos armonizados y comparables entre territorios.

Una vez obtenidos los primeros resultados, la intención es recabar datos periódicamente para poder observar los avances y disponer de una fotografía más nítida sobre quiénes necesitan ayuda, qué ayuda y dónde. Con ella, los políticos con la determinación de acabar con la pobreza podrán tomar decisiones más informadas y financiar adecuadamente los programas diseñados a este fin. “La pregunta que habrá que responder es si los más pobres son los que más mejoran”, ha indicado Alkire. El ejemplo de India demuestra que sí, pero aún es el país con más cantidad de pobres del mundo y los más vulnerables siguen encontrándose en los mismos grupos de la sociedad: las castas más bajas, los musulmanes y los niños.

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Día de la Paz: Poner a los últimos de la tierra en primer lugar

Muchos militantes que entregaron sus vidas a la lucha solidaria (no violenta) por la justicia, en defensa de los últimos de la tierra, con profunda búsqueda de la verdad, y con persecución en la mayoría de los casos, han marcado el camino hacia la Paz en el mundo. Ellos han puesto a los últimos en primer lugar.

Te invitamos a que conozcas nuestra página sobre No Violencia.

La No Violencia, elección valerosa de amor

Mostramos a continuación de nuestro canal de youtube solidaridadtv, una lísta de reproducción de vídeos sobre No Violencia, sobre testimonios de personas, militantes, pensadores, que tendieron importantes puentes en nuestro camino hacia la búsqueda de la Paz.

 

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Derecho a la salud, 50º aniversario de Anesvad

2018 es un año muy especial para Anesvad, porque cumplimos 50 años trabajando en causas relacionadas con el Derecho a la Salud. Actualmente enfocamos nuestra misión en África Subsahariana, en la lucha contra la úlcera de Buruli, la lepra y el pian, enfermedades olvidadas que nadie atendería, si no fuera por personas como tú.
Conoce todas las enfermedades tropicales desatendidas contra las que luchamos en nuestro sitio web: http://www.anesvad.org/es/hacemos-proyectos-solidarios/
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¿Qué es Anesvad?
Somos una ONGD independiente, aconfesional, con vocación y presencia internacional, comprometida con la ciudadanía, con las personas que nos apoyan y con el sector de las ONG.
Las poblaciones más vulnerables, mujeres, niños y niñas, personas en situación de extrema pobreza y alta vulnerabilidad que se vean afectadas por las Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETD) sobre las que trabajamos en cada contexto concreto son las protagonistas de nuestra labor.
Centramos nuestro trabajo en el África Subsahariana, donde se concentra el 90% de la carga mundial de las Enfermedades Tropicales Desatendidas que afectan anualmente a más de 1.000 millones de personas. En coherencia con nuestro compromiso con la realización del Derecho Humano a la Salud, optamos por concentrarnos en las enfermedades más desatendidas y que afectan a las poblaciones más empobrecidas, vulnerables y olvidadas del planeta.
Blog de actualidad: http://www.anesvad.org/es/actualidad/
Más información sobre Anesvad: http://www.anesvad.org/es/anesvad/
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¿Cuáles son nuestros valores?
1.- Independencia.
2.- Responsabilidad.
3.- Calidad, innovación y búsqueda de la excelencia.
4.- Relaciones basadas en la colaboración.
5.- Ética, transparencia y rendición de cuentas.
6.- Visión sistémica y cambio social.
Más información: http://www.anesvad.org/es/mision/
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Enfermedades Tropicales Desatendidas:
En Anesvad trabajamos en la lucha contra Enfermedades Tropicales Desatendidas: http://www.anesvad.org/es/hacemos-proyectos-solidarios/
Las Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETDs) son un grupo de enfermedades infecciosas que infligen sufrimiento y discapacidad crónica a mil millones de personas de las poblaciones más empobrecidas del mundo.
Nuestro ámbito de intervención de salud se centra en enfermedades como la úlcera de Buruli, el pian y la lepra, afecciones de la piel causadas por bacterias que se manifiestan en el exterior a través de lesiones. Son para la salud enfermedades terribles, pero pueden prevenirse, detectarse a tiempo y curarse. Más información sobre las Enfermedades Tropicales Desatendidas: http://www.anesvad.org/es/areas-actuacion/enfermedades-tropicales-desatendidas/
Las intervenciones en enfermedades olvidadas como las que ponemos en marcha en Benín, Ghana o Costa de Marfil requieren de la puesta en marcha de acciones diversas:
1.- Agua, higiene y saneamiento.
2.- Formación.
3.- Tratamiento, cuidados y rehabilitación.
4.- Suministro de medicamentos y equipamiento.
5.- Emprendimiento y reinserción social.
Más información sobre el Derecho a la Salud: http://www.anesvad.org/es/derecho-a-la-salud/
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¿Qué puedes hacer tú?
– ¡Anímate a colaborar! Con tu ayuda podemos hacerlo realidad: https://www.anesvad.org/es/haz-un-donativo-ser-solidario/
– Hazte empresa solidaria: https://www.anesvad.org/es/hazte-empresa-solidaria/
– Si deseas testar a favor de Anesvad, te ofrecemos la información y el asesoramiento preciso: http://www.anesvad.org/es/haz-un-testamento-solidario/
– Hazte voluntario/a: http://www.anesvad.org/es/hazte-voluntario/
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Patronato de Anesvad:
Anesvad cuenta con un Patronato, constituido por personalidades de prestigio del ámbito de la cooperación, la judicatura, la medicina, la innovación social y la gestión pública, entre otros. Personas que aportan su dedicación y esfuerzo para que la misión y visión de Anesvad salga reforzada en su trabajo diario y en sus intervenciones.
Este grupo experto y comprometido lidera nuestro trabajo por hacer visible lo invisible, por dar importancia a las causas que no importan, por mejorar el Derecho a la Salud de personas afectadas por las Enfermedades Tropicales Desatendidas o que estén en riesgo de sufrirlas.
Más información: http://www.anesvad.org/es/patronato/
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Transparencia, control económico y responsabilidad social:
Anesvad tiene un compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas. Nuestra labor se basa en la responsabilidad y el acceso a la información de la gestión de recursos y el impacto de nuestro trabajo.
Más información: http://www.anesvad.org/es/transparencia/
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Un artista sudafricano celebra a las mujeres

El proyecto de arte del pinto sudafricano pintor Nelson Makamo, de 36 años, muestra lo que se ha descrito como una serie de pinturas audaces y expresivas para gloria de la belleza de las mujeres.

Jerry Bambi

Fuente: AfricaNews

[Fundación Sur]


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Por qué España debe retornar al Fondo Mundial contra el SIDA, la tuberculosis y la malaria


Esta semana hemos tenido por Madrid a Peter Sands, nuevo director ejecutivo del Fondo Mundial contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria. Creado hace poco más de 15 años, este artefacto institucional público-privado ha logrado con sus programas de financiación apuntalar la lucha contra las tres grandes pandemias de la pobreza, salvando 27 millones de vidas en el camino y evitando un número incontable de nuevas infecciones. Como pudimos comprobar en la conversación que mantuvo con algunos medios y con el equipo de ISGlobal, Sands se enorgullece de esta experiencia, pero también reconoce la necesidad de introducir cambios que permitan acabar con las tres epidemias en 2030, como proponen los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Tan peligroso es confiar en que las vacunas estén disponibles en un plazo tan corto, como esperar que lo que ha funcionado hasta ahora tenga el mismo efecto en un contexto epidemiológico que ha cambiado.

Pero su desafío principal posiblemente sea seguir haciendo bien lo que había hecho hasta ahora en el mundo de la banca, que es consolidar la estrategia de financiación del Fondo (no se pierdan este perfil de The Lancet sobre el asunto). Su experiencia pilotando una institución financiera británica durante los años de la crisis le va a venir al pelo para enfrentarse a un contexto en el que gobiernos que no quieren o no pueden comprometerse con la cooperación internacional se enfrentan a necesidades del desarrollo cada vez más amplias.

Tomen el ejemplo de España. Desde su creación en 2002, el Fondo ha recibido de nuestro país 723 millones de euros, la inmensa mayoría de ellos entre 2007 y 2010. Precisamente ese año el Fondo desapareció del mapa de la Cooperación Española, junto con casi todo lo demás. Y hasta hoy. La presencia de España en la última conferencia de refinanciación (2016) se limitó a una intervención retórica del Secretario de Estado desde la mesa de los niños.

Uno podría argumentar que las contribuciones a iniciativas multilaterales de desarrollo como la del Fondo solo son posibles cuando el donante ha satisfecho las obligaciones con sus programas bilaterales, ONG y otras partidas donde los gobiernos tienen un control “directo” del destino de los fondos (y, por lo tanto, una posibilidad de apuntarse el tanto). Al fin y al cabo, ya se gasta mucho en cooperación multilateral: en este momento el presupuesto total de la ayuda es tan exiguo que nuestro país destina bastante más de la mitad del total de los fondos a contribuciones obligatorias a los programas de la UE y a los organismos multilaterales de carácter financiero y no financiero.

Pero la escasez de recursos también es una poderosa razón para cuidar al extremo el impacto que se obtiene con cada euro invertido. España puede definir legítimamente los sectores y regiones a los que quiere apoyar de forma preferente, y elegir después entre sus diferentes opciones cuál es la mejor vía para canalizar esos recursos.

El Fondo Mundial ilustra bien las oportunidades de esta estrategia. Un sector tradicionalmente prioritario para la ayuda española, que entre 2002 y 2016 ha invertido la friolera de 5.300 millones de dólares en países de interés estratégico para nuestra cooperación y que puede ofrecer un retorno social por cada euro invertido que no admitiría comparación con ninguno de nuestros programas bilaterales equivalentes. Más aún, es posible argumentar que esta organización público-privada ha mejorado gracias en parte a la influencia de España, que en países como Mozambique ha defendido con éxito la necesidad de imbricarse en los sistemas nacionales de salud a través de estrategias más horizontales que verticales.

Algo de esto han reconocido los grupos parlamentarios en la Comisión de Cooperación del Congreso, que en abril de 2016 pidió por unanimidad (han leído bien) el retorno de España al Fondo Mundial. Los deseos de sus señorías podrían hacerse realidad el próximo año durante la sexta conferencia de refinanciación del Fondo, que se celebrará en Francia a mayor gloria del président Macron y de su generosidad. España puede retornar entonces a una institución que nunca debió abandonar, aportar en ella una cantidad modesta de recursos –la cifra se ha calculado en unos cien millones de dólares en tres años–, y aprovechar este hueco para influir en una batalla en la que la ciencia, la sanidad y la cooperación de nuestro país tanto han aportado y tanto tienen que aportar en el futuro.

[Agradezco a mi compañera Virginia Rodríguez la información utilizada para escribir este artículo]

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Arcos y flechas contra los Kalashnikovs de Boko Haram

Las montañas Mandara, en la región del extremo norte de Camerún, han protegido durante siglos a los habitantes de sus 23 pueblos de la islamización forzada, de los cazadores de esclavos y de la colonización. Son las alturas de Tourou, en la frontera con Nigeria, donde hides, mafas, fulbés, gossis y vengos conviven y comparten la escasez de recursos. Terrazas donde se planta el mijo y las judías trepan las colinas y sortean grandes moles de granito que parecen proceder de una explosión. Vacas, cabras y ovejas, guiadas por niños, salpican el paisaje en busca de agua y pastos. Todo rezuma paz.


Muchos concluyen que no se acaba con Boko Haram porque hay demasiadas personas haciendo negocios con esta guerra

Desde 2014, esta armonía se ha visto rota por la llegada del grupo terrorista Boko Haram. Después de varias batallas con el ejército camerunés, los yihadistas se asientan en las colinas justo al otro lado de la línea imaginaria que divide Camerún de Nigeria. Se trata, posiblemente, de pequeños grupos dispersos pertenecientes a la fracción de Abubakar Shekau que, tras las últimas ofensivas del ejército nigeriano contra el bosque de Sambisa, donde esta fracción tenía su cuartel general, se han dispersado.

Emmanuel Viziga, coordinador de los comités de vigilancia de Tourou recorre el territorio en su moto animando a los 265 hombres que vigilan las fronteras de sus aldeas, armados con arcos, flechas y machetes, en busca de cualquier movimiento extraño. “Los hombres de Boko Haram todavía tienen armas y están hambrientos, por eso de vez en cuando descienden sobre las aldeas en busca de comida. Se llevan cosechas, vacas y ovejas, queman casas y matan. También secuestran a campesinos a los que obligan a cultivar la tierra”, explica Viziga.

Emmanuel Viziga (cuarto por la izquierda), coordinador de los Comités de vigilancia de Tourou, visita a algunos de sus miembros.
Emmanuel Viziga (cuarto por la izquierda), coordinador de los Comités de vigilancia de Tourou, visita a algunos de sus miembros. Chema Caballero

Los campesinos han abandonado su trabajo para vigilar la zona

Cuando los terroristas son detectados, los vigilantes avisan con sus silbatos para que los ciudadanos busquen refugio. También alertan a los militares destacados en la zona, pero estos pocas veces abandonan sus bases, se queja Viziga. “Numerosas veces les hemos dicho que se preparaba un ataque, les hemos indicado la ruta por donde iban a entrar, y ellos ni se han movido. Es posible que Boko Haram les pague para que no intervengan”.

La frustración invade a muchos de los ciudadanos. Towkowa Bakama se queja de la falta de colaboración militar. Sentado sobre una roca en la aldea de Gossi tiene a su espalda la colina donde se asienta Boko Haram. “Hace dos días bajaron hombres, mujeres y niños y se llevaron seis vacas y algunas ovejas. Los vimos llegar, telefoneé a los militares que están ahí arriba, desde aquí se ve su base, no hicieron nada. Los volvimos a llamar cuando se retiraban para que les cortasen el paso, no se movieron de donde estaban, y así siempre”

Hombres de Gossi, contempla desde la altura la parte del pueblo y las colinas donde habitan los miembros del Boko Haram.
Hombres de Gossi, contempla desde la altura la parte del pueblo y las colinas donde habitan los miembros del Boko Haram. Chema Caballero

Este sentimiento de abandono está presente en la mayoría de los 68.000 habitantes de la zona. Desconfían del ejército, incluso de las Brigadas de Intervención Rápida (BIR), cuerpo de élite de la armada camerunesa. Por esa razón cada pueblo ha creado su propio comité de vigilancia formado por campesinos que se han ofrecido voluntariamente. El Gobierno les prohíbe utilizar armas, de ahí que hayan recurrido a los arcos y las flechas. Ellos conocen los caminos que rodean las poblaciones en las que viven y los recorren, sobre todo por la noche, en busca de extranjeros y de movimientos sospechosos.

Sin prácticamente apoyo, ni equipamiento, dependen de la buena voluntad de sus vecinos para sobrevivir. Han abandonado sus campos para dedicarse a esta labor. Solo la ONG española Zerca y Lejos que actúa en la zona, les ha facilitado alguna ayuda.

Los vigilantes no tienen miedo de enfrentarse a los Kalashnikovs de Boko Haram con sus rudimentarias armas. Han pasado una serie de ritos mágicos que les protegen de las balas. Estas nunca podrán hacerles nada. Se caerán al suelo antes de penetrar sus cuerpos. Así lo asegura Rabassa Lirdou que ataviado con su escudo, arco y flechas, descalzo y con un penacho en la cabeza y otro en el pecho se prepara para pasar la noche recorriendo las colinas que envuelven a la aldea de Ndrock. “Vamos como mi padre y mis antepasados fueron a la guerra”, dice. “Eso es parte de nuestra cultura y nuestra tradición. Muchos jóvenes ya no creen en ello, pero es lo que ha permitido que hasta ahora los bandidos de Boko Haram no entren en nuestro pueblo”. Y así es, en más de una ocasión han conseguido alejar a los terroristas de sus tierras.

Guina Dillim, comandante de las BIR, en el centro acompañado del concejal  Isakala Guitere (izq.) y el profesor Antonie Bouba presidente del Comité de desarrollo de Tourou.
Guina Dillim, comandante de las BIR, en el centro acompañado del concejal Isakala Guitere (izq.) y el profesor Antonie Bouba presidente del Comité de desarrollo de Tourou. Chema Caballero

Guina Dillim, comandante de las BIR en la zona, aprecia el trabajo que estos Comités realizan pero se queja de que hay muy pocos jóvenes y este es un trabajo que necesita mucha energía. Es verdad, se ven pocos jóvenes entre los componentes de estos grupos, pero es que estos, en cuanto tienen la oportunidad y los medios, emigran fuera de ese territorio en busca de un futuro que allí no tienen, y dejan atrás a los ancianos, las mujeres y los niños.

“Sería tan fácil acabar con Boko Haram”, comenta Moise, miembro del Comité de vigilancia de Gossi. “Están ahí, los estamos viendo, bastaría con que el ejército camerunés o el nigeriano enviase un par de helicópteros y los bombardeara. Sería el fin de todo”. Son muchos los que repiten la misma idea y concluyen que hay demasiadas personas haciendo negocios con esta guerra para terminar con ella: “El ejército el primero, los políticos y tantos otros que no quieren que esto termine porque están haciendo mucho dinero con el conflicto de Boko Haram”.

Mientras los miembros de los comités de vigilancia, armados con sus arcos y flechas, recorren los caminos de sus aldeas alertas de cualquier movimiento sospechoso para poder avisar a sus vecinos con la esperanza de que la incursión de los terroristas no cause pérdidas humanas. E informan al ejército, sin desfallecer, con la esperanza “de que alguna vez despierten y decidan intervenir para poner fin a todo este sufrimiento”, asegura Viziga.


Boko Haram en las montañas Madara

Boko Haram nació en 2002 en Maiduguri, capital del Estado de nigeriano de Borno, como un movimiento religioso y social que atrajo a muchos de los jóvenes desempleados y sin futuro de la zona. El grupo se radicalizó y optó por las armas a partir de 2009 tras la muerte de su fundador, Mohamed Yusuf, a manos de la policía. Desde entonces, la escalada de violencia ha sido imparable. Al frente se encuentra Abubakar Shekau, uno de los terroristas más buscados del continente. Se especula con que en la actualidad este líder pueda estar muerto o gravemente herido. Boko Haram se dividió en dos fracciones en agosto de 2016 cuando el liderazgo del Estado Islámico tomó la decisión de reemplazar a Shekau con el joven Abu mus’ab al-Barnawi. Los terroristas habían jurado lealtad al ISIS en abril de 2015. Shekau ignoró la orden de dimitir y el movimiento se dividió en dos grupos: uno comandado por Shekau asentado en el bosque de Sambisa y el otro bajo al-Barnawi y su lugarteniente, Mamman Nur, en el área del lago Chad, y que responde al nombre de Estado Islámico en la Provincia de África Occidental (ISWAP).

Desde 2013, la insurgencia se ha extendido a la frontera con Camerún. Concentrándose los ataques de Boko Haram en la región del extremo norte. Entre 2014 y 2017 estos causaron 2.500 muertes, según el Ministerio de Defensa camerunés. La mayoría de los ataques en Camerún tienen la autoría de la fracción encabezada por Shekau, mientras que el ISWAP opera más cerca de las fronteras de Nigeria-Níger y Nigeria-Chad. Es el grupo más activo en la actualidad. Mientras, el grupo de Shekau habría sufrido un gran revés desde que a principios de año el ejército nigeriano comenzase una gran ofensiva contra los terroristas asentados en el bosque de Sambisa. Muchos de los yihadistas habrían huido, mientras que pequeños grupúsculos han podido quedar aislados en zonas fronterizas y recurren al bandolerismo para sobrevivir.

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Por qué España debe retornar al Fondo Mundial contra el SIDA, la tuberculosis y la malaria

Esta semana hemos tenido por Madrid a Peter Sands, nuevo director ejecutivo del Fondo Mundial contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria. Creado hace poco más de 15 años, este artefacto institucional público-privado ha logrado con sus programas de financiación apuntalar la lucha contra las tres grandes pandemias de la pobreza, salvando 27 millones de vidas en el camino y evitando un número incontable de nuevas infecciones. Como pudimos comprobar en la conversación que mantuvo con algunos medios y con el equipo de ISGlobal, Sands se enorgullece de esta experiencia, pero también reconoce la necesidad de introducir cambios que permitan acabar con las tres epidemias en 2030, como proponen los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Tan peligroso es confiar en que las vacunas estén disponibles en un plazo tan corto, como esperar que lo que ha funcionado hasta ahora tenga el mismo efecto en un contexto epidemiológico que ha cambiado.

Pero su desafío principal posiblemente sea seguir haciendo bien lo que había hecho hasta ahora en el mundo de la banca, que es consolidar la estrategia de financiación del Fondo (no se pierdan este perfil de The Lancet sobre el asunto). Su experiencia pilotando una institución financiera británica durante los años de la crisis le va a venir al pelo para enfrentarse a un contexto en el que gobiernos que no quieren o no pueden comprometerse con la cooperación internacional se enfrentan a necesidades del desarrollo cada vez más amplias.

Tomen el ejemplo de España. Desde su creación en 2002, el Fondo ha recibido de nuestro país 723 millones de euros, la inmensa mayoría de ellos entre 2007 y 2010. Precisamente ese año el Fondo desapareció del mapa de la Cooperación Española, junto con casi todo lo demás. Y hasta hoy. La presencia de España en la última conferencia de refinanciación (2016) se limitó a una intervención retórica del Secretario de Estado desde la mesa de los niños.

Uno podría argumentar que las contribuciones a iniciativas multilaterales de desarrollo como la del Fondo solo son posibles cuando el donante ha satisfecho las obligaciones con sus programas bilaterales, ONG y otras partidas donde los gobiernos tienen un control “directo” del destino de los fondos (y, por lo tanto, una posibilidad de apuntarse el tanto). Al fin y al cabo, ya se gasta mucho en cooperación multilateral: en este momento el presupuesto total de la ayuda es tan exiguo que nuestro país destina bastante más de la mitad del total de los fondos a contribuciones obligatorias a los programas de la UE y a los organismos multilaterales de carácter financiero y no financiero.

Pero la escasez de recursos también es una poderosa razón para cuidar al extremo el impacto que se obtiene con cada euro invertido. España puede definir legítimamente los sectores y regiones a los que quiere apoyar de forma preferente, y elegir después entre sus diferentes opciones cuál es la mejor vía para canalizar esos recursos.

El Fondo Mundial ilustra bien las oportunidades de esta estrategia. Un sector tradicionalmente prioritario para la ayuda española, que entre 2002 y 2016 ha invertido la friolera de 5.300 millones de dólares en países de interés estratégico para nuestra cooperación y que puede ofrecer un retorno social por cada euro invertido que no admitiría comparación con ninguno de nuestros programas bilaterales equivalentes. Más aún, es posible argumentar que esta organización público-privada ha mejorado gracias en parte a la influencia de España, que en países como Mozambique ha defendido con éxito la necesidad de imbricarse en los sistemas nacionales de salud a través de estrategias más horizontales que verticales.

Algo de esto han reconocido los grupos parlamentarios en la Comisión de Cooperación del Congreso, que en abril de 2016 pidió por unanimidad (han leído bien) el retorno de España al Fondo Mundial. Los deseos de sus señorías podrían hacerse realidad el próximo año durante la sexta conferencia de refinanciación del Fondo, que se celebrará en Francia a mayor gloria del président Macron y de su generosidad. España puede retornar entonces a una institución que nunca debió abandonar, aportar en ella una cantidad modesta de recursos –la cifra se ha calculado en unos cien millones de dólares en tres años–, y aprovechar este hueco para influir en una batalla en la que la ciencia, la sanidad y la cooperación de nuestro país tanto han aportado y tanto tienen que aportar en el futuro.

[Agradezco a mi compañera Virginia Rodríguez la información utilizada para escribir este artículo]

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Guía para convertir las universidades africanas en líderes en investigación



Guía para convertir las universidades africanas en líderes en investigación



Las universidades dedicadas a la investigación pueden formar investigadores de primer nivel (Imagen: Shutterstock)

Las universidades dedicadas a la investigación pueden formar investigadores de primer nivel (Imagen: Shutterstock)

Por Sharon Fonn. África subsahariana representa el 13,5 % de la población mundial, pero menos del 1% de la producción mundial de investigación. En 2008, se publicaron 27.000 estudios en África, la misma cifra que Países Bajos.

Se puede mejorar en algunos ámbitos. Un estudio del Banco Mundial de 2014 mostró que la cantidad y la calidad de las investigaciones habían aumentado sustancialmente en los 20 años anteriores. Desde 2003 hasta 2012, su producción investigadora anual creció más del doble, y también se incrementó su participación en la investigación mundial en el mismo período.

Sin embargo, el índice general sigue siendo deficiente. En parte, el problema se debe a que el continente contribuye con menos del 1% del gasto mundial en investigación y desarrollo. Los gobiernos no invierten un porcentaje significativo de su producto interno bruto (PIB) en investigación.

Además, África subsahariana depende en gran medida de la colaboración internacional y de los académicos visitantes para llevar a cabo sus trabajos. En 2012, el sur generó el 79% de su producción investigadora a través de colaboraciones internacionales. Por su parte, en África oriental las cifras fueron del 70%; y en África occidental y central, del 45%.

Esto supone un fuerte contraste con la colaboración intraafricana, sumamente escasa. La colaboración entre investigadores locales varía del 0,9% en África occidental y central al 2,9% en el sur del continente.

En el corazón de esta problemática se encuentra la reducida financiación pública que se dedica a las universidades. Es en este ámbito donde también se deben buscar soluciones. Ha llegado la hora de que las universidades, los gobiernos y las organizaciones para el desarrollo tomen medidas para fomentar el progreso de las instituciones académicas con mejores resultados en investigación.

El modelo que hemos desarrollado en el Consortium for Advanced Research Training in Africa (CARTA; Consorcio para la Formación en Investigación Avanzada en África) evidencia que se puede revitalizar el mundo académico africano y de la mano de africanos. CARTA es un consorcio de ocho universidades y cuatro centros de investigación, todos africanos.

CARTA se sometió a una evaluación independiente que recomendó una aplicación más amplia de su modelo.

Plan de acción

Se necesitan tres acciones interrelacionadas fundamentales para revitalizar la enseñanza superior:

  1. La primera es diferenciar el sistema de enseñanza superior del continente. Algunas universidades deben convertirse en centros líderes, focalizando sus recursos en la formación de graduados y en la investigación.
  2. En segundo lugar, se deben crear nuevos mecanismos de financiación para estas universidades líderes.
  3. Por último, se deben poner en marcha nuevos sistemas de rendición de cuentas para garantizar unos elevados estándares. También debe haber espacio para que nuevas instituciones entren en el sistema.

Una razón muy convincente para diferenciar entre las universidades líderes en investigación y las que se centran en la enseñanza de grado es que la población de África subsahariana se habrá duplicado para el año 2050, lo que generará una demanda continua de enseñanza superior. Al mismo tiempo, esta requiere una formación apropiada del cuerpo docente con grados avanzados.

Dicha población es la que se necesitará para dotar de personal a las nuevas universidades y conservar unos altos niveles de calidad en todo el sistema de educación superior. Así pues, las universidades líderes en investigación son el lugar óptimo para formar a tales personas.

Financiación y rendición de cuentas

Se requerirán nuevos mecanismos de financiación para apoyar a las universidades de investigación.

  • En primer lugar, estas instituciones deben dedicar sus propios recursos a la investigación.
  • Segundo, los gobiernos africanos deben fortalecer su apoyo a la investigación en general. También deben proporcionar financiación específica para las universidades de investigación, capital que supera sobradamente los fondos operativos disponibles en la actualidad y los ingresos procedentes de las matrículas. Por tanto, los gobiernos pueden fomentar la colaboración relacionada con la ciencia mediante la financiación conjunta a escala regional y multinacional.
  • Los organismos regionales y continentales, los socios para el desarrollo bilaterales y multilaterales y las fundaciones filantrópicas han de complementar estas inversiones. Tales financiadores deberían destinar parte de sus inversiones en África a respaldar a las universidades con mejores resultados en investigación.
  • Los ciudadanos, las empresas privadas y los egresados deberían fundar cátedras subvencionadas en las universidades dedicadas a la investigación.
  • Se deben fomentar y promover las asociaciones con entidades de investigación no universitarias.

La iniciativa CARTA, en colaboración con sus socios del norte, ha aprovechado algunas de estas fuentes de financiación. Asimismo, ha forjado alianzas que le han permitido reforzar la capacidad de investigación del continente, y parte de sus acciones se pueden replicar.

Hemos inscrito a más de 200 becarios de doctorado desde 2010, todos ellos seleccionados entre el personal de las instituciones que forman parte del consorcio africano. También hemos trabajado con más de 160 inspectores para revitalizar la supervisión de doctorados, y con más de 570 funcionarios universitarios para que nuestras instituciones miembros respalden la investigación de manera más firme.

Nuestros becarios de doctorado y graduados han producido 579 publicaciones revisadas por pares, y 36 han ganado premios o subvenciones para realizar trabajos de posdoctorado. Más aún, han recaudado más de 9 millones de dólares para financiar sus estudios de doctorado.

CARTA ha invertido más de 1,4 millones en infraestructuras para las instituciones miembros y ha desarrollado un programa de seminarios interdisciplinares para la promoción de graduados de alto nivel.

Los mecanismos de financiación que sugerimos fortalecerán a las universidades de investigación en varios ámbitos. Podrán atraer a investigadores líderes, crear infraestructuras y desarrollar sistemas de apoyo para la ciencia. También es una manera de traer de vuelta a los ciudadanos africanos migrantes para replicar sus programas en el continente.

Las universidades dedicadas a la investigación servirán de base para la formación de los jóvenes científicos, lo que desembocará en un ciclo virtuoso. Se incrementará la producción a través de publicaciones, los investigadores competitivos a escala internacional permanecerán en el continente o regresarán a él, se concederán subvenciones… Todos estos factores son fundamentales para garantizar la sostenibilidad a largo plazo.

Se debe impedir que las universidades seleccionadas se duerman en los laureles. También debe haber espacio para que ingresen al sistema las futuras instituciones de alto rendimiento. Proponemos una revisión por pares cada tres o cinco años, haciendo hincapié en la responsabilidad y la transparencia. La función revisora se podría confiar a un cuerpo supranacional con amplia representación.

Las universidades designadas como líderes en investigación podrían perder su nombramiento en función de su historial científico.

Los cimientos adecuados

No cabe duda de que, si bien las universidades han realizado una aportación marginal a la producción mundial del conocimiento, comienzan a darle la vuelta a la tortilla.

No obstante, seguimos encontrando obstáculos, especialmente en el caso de aquellas instituciones que aspiran a ser líderes en investigación. Trabajando con ellas para hacer efectiva esta transición, se podría transformar el panorama de la enseñanza superior en África subsahariana.

Este texto se basa en un artículo publicado en The Lancet. Se redactó en coautoría con Laban Peter Ayiro, Philip Cotton, Adam Habib, Peter Mulwa Felix Mbithi, Alfred Mtenje, Barnabas Nawangwe, Eyitope O Ogunbodede, Idowu Olayinka, Frederick Golooba-Mutebi y Alex Ezeh.

Este artículo se publicó por primera vez en inglés en The Conversation y ha sido traducido al español por Casa África en colaboración con este medio. Traducción: Guillermo Ramos Pérez.

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Arcos y flechas contra los Kalashnikovs de Boko Haram

Las montañas Mandara, en la región del extremo norte de Camerún, han protegido durante siglos a los habitantes de sus 23 pueblos de la islamización forzada, de los cazadores de esclavos y de la colonización. Son las alturas de Tourou, en la frontera con Nigeria, donde hides, mafas, fulbés, gossis y vengos conviven y comparten la escasez de recursos. Terrazas donde se planta el mijo y las judías trepan las colinas y sortean grandes moles de granito que parecen proceder de una explosión. Vacas, cabras y ovejas, guiadas por niños, salpican el paisaje en busca de agua y pastos. Todo rezuma paz.


Muchos concluyen que no se acaba con Boko Haram porque hay demasiadas personas haciendo negocios con esta guerra

Desde 2014, esta armonía se ha visto rota por la llegada del grupo terrorista Boko Haram. Después de varias batallas con el ejército camerunés, los yihadistas se asientan en las colinas justo al otro lado de la línea imaginaria que divide Camerún de Nigeria. Se trata, posiblemente, de pequeños grupos dispersos pertenecientes a la fracción de Abubakar Shekau que, tras las últimas ofensivas del ejército nigeriano contra el bosque de Sambisa, donde esta fracción tenía su cuartel general, se han dispersado.

Emmanuel Viziga, coordinador de los comités de vigilancia de Tourou recorre el territorio en su moto animando a los 265 hombres que vigilan las fronteras de sus aldeas, armados con arcos, flechas y machetes, en busca de cualquier movimiento extraño. “Los hombres de Boko Haram todavía tienen armas y están hambrientos, por eso de vez en cuando descienden sobre las aldeas en busca de comida. Se llevan cosechas, vacas y ovejas, queman casas y matan. También secuestran a campesinos a los que obligan a cultivar la tierra”, explica Viziga.

Emmanuel Viziga (cuarto por la izquierda), coordinador de los Comités de vigilancia de Tourou, visita a algunos de sus miembros.
Emmanuel Viziga (cuarto por la izquierda), coordinador de los Comités de vigilancia de Tourou, visita a algunos de sus miembros. Chema Caballero

Los campesinos han abandonado su trabajo para vigilar la zona

Cuando los terroristas son detectados, los vigilantes avisan con sus silbatos para que los ciudadanos busquen refugio. También alertan a los militares destacados en la zona, pero estos pocas veces abandonan sus bases, se queja Viziga. “Numerosas veces les hemos dicho que se preparaba un ataque, les hemos indicado la ruta por donde iban a entrar, y ellos ni se han movido. Es posible que Boko Haram les pague para que no intervengan”.

La frustración invade a muchos de los ciudadanos. Towkowa Bakama se queja de la falta de colaboración militar. Sentado sobre una roca en la aldea de Gossi tiene a su espalda la colina donde se asienta Boko Haram. “Hace dos días bajaron hombres, mujeres y niños y se llevaron seis vacas y algunas ovejas. Los vimos llegar, telefoneé a los militares que están ahí arriba, desde aquí se ve su base, no hicieron nada. Los volvimos a llamar cuando se retiraban para que les cortasen el paso, no se movieron de donde estaban, y así siempre”

Hombres de Gossi, contempla desde la altura la parte del pueblo y las colinas donde habitan los miembros del Boko Haram.
Hombres de Gossi, contempla desde la altura la parte del pueblo y las colinas donde habitan los miembros del Boko Haram. Chema Caballero

Este sentimiento de abandono está presente en la mayoría de los 68.000 habitantes de la zona. Desconfían del ejército, incluso de las Brigadas de Intervención Rápida (BIR), cuerpo de élite de la armada camerunesa. Por esa razón cada pueblo ha creado su propio comité de vigilancia formado por campesinos que se han ofrecido voluntariamente. El Gobierno les prohíbe utilizar armas, de ahí que hayan recurrido a los arcos y las flechas. Ellos conocen los caminos que rodean las poblaciones en las que viven y los recorren, sobre todo por la noche, en busca de extranjeros y de movimientos sospechosos.

Sin prácticamente apoyo, ni equipamiento, dependen de la buena voluntad de sus vecinos para sobrevivir. Han abandonado sus campos para dedicarse a esta labor. Solo la ONG española Zerca y Lejos que actúa en la zona, les ha facilitado alguna ayuda.

Los vigilantes no tienen miedo de enfrentarse a los Kalashnikovs de Boko Haram con sus rudimentarias armas. Han pasado una serie de ritos mágicos que les protegen de las balas. Estas nunca podrán hacerles nada. Se caerán al suelo antes de penetrar sus cuerpos. Así lo asegura Rabassa Lirdou que ataviado con su escudo, arco y flechas, descalzo y con un penacho en la cabeza y otro en el pecho se prepara para pasar la noche recorriendo las colinas que envuelven a la aldea de Ndrock. “Vamos como mi padre y mis antepasados fueron a la guerra”, dice. “Eso es parte de nuestra cultura y nuestra tradición. Muchos jóvenes ya no creen en ello, pero es lo que ha permitido que hasta ahora los bandidos de Boko Haram no entren en nuestro pueblo”. Y así es, en más de una ocasión han conseguido alejar a los terroristas de sus tierras.

Guina Dillim, comandante de las BIR, en el centro acompañado del concejal  Isakala Guitere (izq.) y el profesor Antonie Bouba presidente del Comité de desarrollo de Tourou.
Guina Dillim, comandante de las BIR, en el centro acompañado del concejal Isakala Guitere (izq.) y el profesor Antonie Bouba presidente del Comité de desarrollo de Tourou. Chema Caballero

Guina Dillim, comandante de las BIR en la zona, aprecia el trabajo que estos Comités realizan pero se queja de que hay muy pocos jóvenes y este es un trabajo que necesita mucha energía. Es verdad, se ven pocos jóvenes entre los componentes de estos grupos, pero es que estos, en cuanto tienen la oportunidad y los medios, emigran fuera de ese territorio en busca de un futuro que allí no tienen, y dejan atrás a los ancianos, las mujeres y los niños.

“Sería tan fácil acabar con Boko Haram”, comenta Moise, miembro del Comité de vigilancia de Gossi. “Están ahí, los estamos viendo, bastaría con que el ejército camerunés o el nigeriano enviase un par de helicópteros y los bombardeara. Sería el fin de todo”. Son muchos los que repiten la misma idea y concluyen que hay demasiadas personas haciendo negocios con esta guerra para terminar con ella: “El ejército el primero, los políticos y tantos otros que no quieren que esto termine porque están haciendo mucho dinero con el conflicto de Boko Haram”.

Mientras los miembros de los comités de vigilancia, armados con sus arcos y flechas, recorren los caminos de sus aldeas alertas de cualquier movimiento sospechoso para poder avisar a sus vecinos con la esperanza de que la incursión de los terroristas no cause pérdidas humanas. E informan al ejército, sin desfallecer, con la esperanza “de que alguna vez despierten y decidan intervenir para poner fin a todo este sufrimiento”, asegura Viziga.


Boko Haram en las montañas Madara

Boko Haram nació en 2002 en Maiduguri, capital del Estado de nigeriano de Borno, como un movimiento religioso y social que atrajo a muchos de los jóvenes desempleados y sin futuro de la zona. El grupo se radicalizó y optó por las armas a partir de 2009 tras la muerte de su fundador, Mohamed Yusuf, a manos de la policía. Desde entonces, la escalada de violencia ha sido imparable. Al frente se encuentra Abubakar Shekau, uno de los terroristas más buscados del continente. Se especula con que en la actualidad este líder pueda estar muerto o gravemente herido. Boko Haram se dividió en dos fracciones en agosto de 2016 cuando el liderazgo del Estado Islámico tomó la decisión de reemplazar a Shekau con el joven Abu mus’ab al-Barnawi. Los terroristas habían jurado lealtad al ISIS en abril de 2015. Shekau ignoró la orden de dimitir y el movimiento se dividió en dos grupos: uno comandado por Shekau asentado en el bosque de Sambisa y el otro bajo al-Barnawi y su lugarteniente, Mamman Nur, en el área del lago Chad, y que responde al nombre de Estado Islámico en la Provincia de África Occidental (ISWAP).

Desde 2013, la insurgencia se ha extendido a la frontera con Camerún. Concentrándose los ataques de Boko Haram en la región del extremo norte. Entre 2014 y 2017 estos causaron 2.500 muertes, según el Ministerio de Defensa camerunés. La mayoría de los ataques en Camerún tienen la autoría de la fracción encabezada por Shekau, mientras que el ISWAP opera más cerca de las fronteras de Nigeria-Níger y Nigeria-Chad. Es el grupo más activo en la actualidad. Mientras, el grupo de Shekau habría sufrido un gran revés desde que a principios de año el ejército nigeriano comenzase una gran ofensiva contra los terroristas asentados en el bosque de Sambisa. Muchos de los yihadistas habrían huido, mientras que pequeños grupúsculos han podido quedar aislados en zonas fronterizas y recurren al bandolerismo para sobrevivir.

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