PHAST: la educación y la mujer como ejes de la mejora sanitaria

Mediante sesiones de sensibilización comunitarias en las que la mujer es protagonista se logra incidir en mejores hábitos higiénicosanitarios así como reconocer el rol femenino.
El agua es un factor fundamental en la promoción de la salud y la lucha contra las Enfermedades Tropicales Desatendidas que afectan a las personas más vulnerables de África subsahariana, aquellas que viven en contextos de escasa salubridad. En estas comunidades no suelen existir fuentes de agua potable o letrinas en unas condiciones apropiadas. Se estima que hasta un 80% de las enfermedades en países en desarrollo están provocadas por un acceso poco seguro al agua y por un saneamiento inadecuado. Por eso en Anesvad primamos las actuaciones sobre el tratamiento del agua y las condiciones higienicosanitarias derivadas de ella. La úlcera de Buruli o el pian, por ejemplo, se transmiten en entornos poco saludables donde el agua limpia escasea.
Además, somos conscientes de que en los países en los que actuamos (Ghana, Costa de Marfil, Togo, Benín) es la mujer en quien recae la responsabilidad de las tareas domésticas e higiénicas relacionadas con el agua: desde ir a recogerla a las fuentes más cercanas y almacenarla en casa, hasta cocinar con ella o usarla para la limpieza del hogar.
Teniendo presente este rol tradicional que desempeñan las mujeres y su estrecho vínculo con el agua, siempre hemos pensado que su figura es clave para el desarrollo de hábitos de higiene que contribuyan a mejorar la salud comunitaria. ¿De qué forma podíamos mejorar la educación sanitaria en el colectivo femenino?
La respuesta: mediante sesiones comunitarias siguiendo la metodología PHAST (Participatory, Hygiene, And Sanitation Transformation – en castellano ‘Transformación Participativa para la Higiene y el Saneamiento’). Un enfoque innovador, ideado por la Organización Mundial de la Salud, que se viene aplicando en muy diversos países para promover comportamientos higiénicos, mejoras sanitarias y el tratamiento del agua, todo mediante la sensibilización y actividades de participación grupales.
El principio en el que se basa es que si no hay conciencia y comprensión de la relación del agua con la salud, no habrá cambios perdurables en el comportamiento. Así, las participantes descubren por sí mismas las vías de contaminación del agua, analizan los comportamientos humanos asociados a dicha contaminación y se les enseña a planificar la forma de evitarla.
En estas sesiones se logra que todas las participantes tomen parte y aporten de alguna manera. Se desarrolla así confianza en sí mismas, ya que son capaces de diagnosticar sus propios problemas y comprometerse a participar en la realización de cambios. Muchas veces se realizan ejercicios prácticos para una mejor asimilación de los contenidos.
Este método pretende que, a través de la incidencia de las mujeres, las comunidades adquieran mejores comportamientos, administren el manejo de su propia agua controlando enfermedades relacionadas con el saneamiento y se fomente la motivación y el entusiasmo por el avance.
En Anesvad confiamos en esta metodología porque, además de las mejoras evidentes aplicando lo aprendido en las sesiones, aporta un importante beneficio para las mujeres que toman parte de él: ganan en autoestima. Se ven capaces de incidir sobre los problemas sanitarios sin esperar a que otros encuentren las soluciones. El método PHAST nos permite empoderar a la mujer y convertirla en promotora y agente de la salud.
Y eso, especialmente en países con enormes brechas de género en ámbitos sociales, sanitarios, educativos y políticos, es hoy más importante que nunca. Permite, en definitiva, situar la educación como primer paso para generar salud y asentar a la mujer como su eje vertebrador.

🚩 Publicado originalmente por Derecho a la Salud: PHAST: la educación y la mujer como ejes de la mejora sanitaria

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *