“La inversión que ha hecho España contra las pandemias se puede perder”

Una vez cada tres años, representantes de los gobiernos y de las mayores fundaciones filantrópicas del mundo se reúnen y deciden cuánto dinero aportarán para luchar contra el sida, la malaria y la tuberculosis en el siguiente trienio. Es la conferencia de reposición del Fondo Mundial, una asociación que se creó a principios de este siglo con el fin de frenar las tres pandemias.

Los resultados han sido espectaculares: se calcula que ha salvado 27 millones de vidas en este tiempo. Las muertes se redujeron drásticamente en los tres primeros lustros de su existencia, pero desde hace un par de años las cifras han dejado de mejorar o incluso han vuelto a repuntar, como es el caso de la malaria. No parece casual que en este mismo periodo se hayan estancado también las aportaciones de los donantes.

La próxima conferencia de reposición se celebra en octubre en Lyon (Francia). El objetivo del fondo es conseguir al menos 14.000 millones de dólares (12.527 millones de euros). La directora de relaciones internacionales de la institución, Françoise Vanni, asegura que de fracasar el mundo habrá perdido la oportunidad de acabar con las tres pandemias en 2030, que es la aspiración que se recoge en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la agenda que la comunidad internacional se marcó en 2015 para los siguientes 15 años.

Pregunta. ¿Por qué es tan crítico llegar a esa cifra?

Respuesta. El Fondo Global funciona en un ciclo de tres años, lo que nos permite planear a largo plazo. Hemos calculado que se requieren uno 14.000 millones [de dólares] mínimo para poder seguir con el trabajo que llevamos 17 años haciendo, salvar vidas, para terminar con estas tres epidemias en 2030. Octubre es un momento clave porque las enfermedades están ganando terreno de nuevo, a través de diferentes modalidades de resistencia y vulnerabilidad de las personas.

Françoise Vanni.
Françoise Vanni.

P. ¿Por qué se han estancado?

R. Hemos progresado muchísimo en salvar vidas, pero no lo suficiente en reducir la incidencia, con lo cual el ciclo no se detiene: el objetivo no es que la gente reciba tratamientos por meses o años, sino que no contraigan las enfermedades.

En el caso de la malaria se han reducido la mortalidad e incidencia desde 2002. Pero desde el año pasado ha habido un repunte. Mata a un niño cada dos minutos, que es una brutalidad, porque se puede evitar. También afecta a mujeres embarazadas en zonas rurales, vulnerables, pobres. Y se puede prevenir. Pero estamos observando resistencia de los mosquitos y también del virus mismo, lo cual lo hace mucho más complicado y hay que intensificar la investigación, la innovación, la escalabilidad. 

En el caso de la tuberculosis tenemos un problema triple: uno es que muchas veces se cree que ha desparecido, y es la enfermedad infecciosa que más mata. Lo segundo es que de los 10 millones de casos al año, aproximadamente 3,5 no se identifican, así que siguen propagando la infección y en ellos no se puede prevenir ni tratar, así que estas personas tienen un alto riesgo de morir. Es un problema muy grave; necesitamos encontrar a estas personas, lo que requiere de campañas, identificación, tratamiento… Y también tenemos un problema con la resistencia, que es muy robusta y no permite que los tratamientos funcionen.

El objetivo no es que la gente reciba tratamientos por meses o años, sino que no contraiga las enfermedades

En VIH ha habido mucho progreso, pero existen bolsas de resistencia a la enfermedad muy graves, sobre todo en grupos vulnerables: trabajadores sexuales, hombres que tienen relaciones con hombres, usuarios de drogas… Y otro grupo que está sufriendo mucho son las mujeres de entre 15 y 24 años en el sur de África. Vemos que una chica joven tiene entre dos y seis veces más riesgo de contraer el virus.

P. ¿Por qué sucede esto?

R. Tiene que ver con vulnerabilidades, desigualdad de género y exposición a la violencia. Ahora nos estamos enfrentando a brechas estructurales que van mucho más allá de lo científico. El VIH entre chicas jóvenes no es un problema médico, sino de desigualdad en cuanto a acceso a educación, oportunidades económicas, violencia de género, sexual, estigmatización y marginalización. Estamos viendo que si contraen el virus muy jóvenes lo hacen, en la mayoría de los casos, con hombres no tan jóvenes, lo que es un síntoma. Es muy importante escucharlas, ir adonde están, trabajar con el sector educativo, organizaciones feministas, de derechos, medios de comunicación, los influenciadores, para hacer que lleguen los mensajes. Y, por supuesto, también trabajar con los chicos. Es un abordaje estructural. Hemos multiplicado por cinco la inversión en este tema en 13 países clave de África con el objetivo de reducir las nuevas infecciones en 58%. Vamos por buen camino. Por ejemplo: al quedarse las chicas en secundaria más tiempo, reducen la exposición al VIH, así que promovemos que permanezcan en la escuela a través de ayuda financiera.

P. ¿Qué pasa desde que los donantes aportan el dinero hasta que llega a los destinatarios? ¿Cuál es el proceso?

Si las chicas contraen el virus muy jóvenes lo hacen, en la mayoría de los casos, con hombres no tan jóvenes, lo que es un síntoma

R. Si todo va bien, en octubre tendremos 14.000 millones. Con eso el Fondo Mundial hace el llamado a los países implementadores para que hagan sus propuestas de programas en la lucha contra las tres pandemias y para el fortalecimiento de sus sistemas de salud. Les asignamos los montos, en función de su carga epidemiológica y sus capacidades financieras. Cada país sabe con cuántos recursos puede contar gracias a criterios muy establecidos. Basándose en eso, todos los socios se reúnen y discuten sobre cómo quieren seguir luchando contra las tres enfermedades. Ahí está el ministerio de salud, la sociedad civil, los diferentes actores, que participan de manera transparente e inclusiva. Elaboran una propuesta y un grupo de expertos independientes la analizan. Entonces hacemos un programa a tres años con todo el acompañamiento que nosotros ofrecemos, digamos, las guías que damos a los países, que son los que al final deciden. Todos los programas van a ser diferentes, pero asesoramos en los que nos parecen clave. A la vez, tenemos fondos catalíticos que nos ayudan a apalancar temas que vemos que requieren algo más, no en un solo país. La prevención en chicas del VIH es uno de ellos.

P. Según sus cálculos, por cada euro que invierten, se recuperan 19. ¿Es más una inversión que una donación?

R. Posiblemente es la inversión con más rendición que uno pueda imaginar. Hay beneficios en salud y vidas salvadas, pero también a nivel económico y de desarrollo, se ve también como una inversión que permite mejorar otras dimensiones, como educación o la igualdad de género. Además, hay un retorno en cuanto a la gobernabilidad: se ha estudiado cómo este mecanismo de asociación y trabajo colectivo permite políticas públicas que mejoran la transparencia y la rendición de cuentas.

P. Los donantes han ido perdiendo impulso en los últimos años. ¿Por qué?

R. Es una de las causas del estancamiento. Ha faltando en estos últimos años el mismo impulso que hemos visto hace 20 años, cuando la emergencia era tan obvia que no se podía no hacer nada y se creó Fondo Mundial. Pero si paramos ahora vamos a perder la inversión hecha y la del futuro va a tener que ser mayor.

P. ¿Es posible acabar con las tres pandemias en 2030?

Ha faltando en estos últimos años el mismo impulso que hemos visto hace 20 años, cuando la emergencia era tan obvia que no se podía no hacer nada y se creó Fondo Mundial

R. Hay mucho trabajo por hacer y estamos en un momento crítico en el que la comunidad internacional debe decidir si quiere de verdad lograr los objetivos. Si no conseguimos los 14.000 millones ahora, en tres años será muy tarde. Sabemos lo que hay que hacer, sabemos que se puede, pero se requiere inversión, colaboración y liderazgo político.

P. España lleva desde 2011 sin aportar. ¿Cómo explicaría tanto al Gobierno como a los ciudadanos que es importante que el país se vuelva a incorporar al Fondo Mundial?

R. España ha sido uno de los donantes históricos más importantes y, aún hoy, es el 12º donante. La inversión que ha hecho se puede perder. La apuesta del Fondo Mundial, la cooperación internacional, la inclusividad en las políticas públicas, que coloquen los derechos en el centro y se trabaje contra las desigualdades va en línea con la agenda española y sería una señal poderosa poder contar con España en la próxima reposición.

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Mosquitos modificados genéticamente se lanzan en Burkina Faso para un estudio sobre la malaria


Mosquitos modificados genéticamente se han lanzado en Burkina Faso como parte de una campaña contra el paludismo.

La BBC informa que si bien algunos críticos han expresado su preocupación, los científicos involucrados declararon que el lanzamiento, que fue el primero de su tipo en África, representó un hito muy importante.

El Instituto de Investigación de Ciencias de la Salud de Burkina Faso lanzó mosquitos modificados genéticamente en la ciudad de Bana, en el suroeste del país como de un proyecto financiado por Target Malaria, un consorcio de investigación liderado por el Imperial College de Londres.

Target Malaria afirmó que el objetivo no es reducir la incidencia de la malaria, pero dice que les permitirá recopilar datos importantes para progresar la investigación. La malaria mató a más de 4.000 personas en Burkina Faso el año pasado y afectó a más de 12.000.

Fuente: Radio Wave

[Fundación Sur]

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Quejarse para garantizar que en los mercados te vendan comida buena

Listeria en productos cárnicos procesados que provienen de Sudáfrica, E. Coli en la lechuga romana en Estados Unidos, Salmonella en los huevos por toda Europa y Campylobacter en el paté de hígado de pollo en Australia. Estos son algunos de los muchos patógenos y alimentos que se encuentran en el centro de las recientes crisis de seguridad alimentaria en todo el mundo, y se estima que afectan a tantas personas como lo hacen otras enfermedades infecciosas como el VIH/SIDA, la malaria y la tuberculosis.

Sin embargo, aunque las muertes y las enfermedades causadas por alimentos poco seguros afectan a países de todo el mundo, la incidencia de estas y la cifra de víctimas son desproporcionadamente altas en África. Cada año, los alimentos contaminados acaban con la vida de unas 140.000 personas en todo el continente y dejan a otros 91 millones más sufriendo diarrea, tenia, hepatitis e incluso disentería y tifoidea.

Se espera que esta situación siga empeorando a medida que el incremento de los ingresos y la urbanización en África permitan la implantación de mejores y más variadas dietas. Irónicamente, son precisamente estos alimentos más saludables —los lácteos, los huevos, la carne, la fruta y las verduras— los que más posibilidades tienen de estar contaminados.

Resulta difícil determinar el origen de estas enfermedades, ya que el sistema alimentario de la mayor parte de África es informal y no se encuentra regulado, lo cual dificulta enormemente su erradicación. Podría ser carne contaminada en un matadero, listeria en un camión de reparto de alimentos, o cereales infectados en el pan de molde. La comida contaminada seguirá siendo una amenaza pública hasta que los países apliquen sistemas que garanticen la seguridad y la calidad de los productos en toda la cadena alimentaria, desde la granja hasta la mesa.

Comida adulterada

Etiopía es uno de los primeros países africanos que ha optado por priorizar la seguridad alimentaria. Las muertes y enfermedades causadas por diversos patógenos alimentarios están a la orden del día y la adulteración de productos está descontrolada. Se ha llegado incluso a descubrir a los productores de la injera, el aclamado plato nacional, mezclando serrín con harina de teff para obtener beneficios económicos.

El Ministerio de Sanidad está desarrollando un sistema funcional de seguridad alimentaria que incentive a las empresas a distribuir alimentos más seguros y que, a la vez, controle a aquellas que no reparten productos estándar. Pero Etiopía, al igual que otros países similares, no podrá superar los desafíos de la seguridad alimentaria, que se deben a un sistema poco regulado, hasta que los propios consumidores estén suficientemente capacitados para convertirse en los primeros defensores de una alimentación protegida.

Resulta difícil determinar el origen de estas enfermedades, ya que el sistema alimentario de la mayor parte de África es informal y no se encuentra regulado

En muchos países de todo el mundo, los consumidores bien informados —a menudo con la ayuda de abogados y de ONG— han sabido utilizar con éxito su poder adquisitivo para obligar a las empresas que no obran correctamente a ajustarse a las normas óptimas de seguridad.

Los consumidores africanos también podrían convertirse en catalizadores para lograr una mejor alimentación, pero, para lograrlo, primero necesitan formación intensiva en seguridad alimentaria. Hoy en día, los conocimientos son limitados y ese es el gran problema en el caso de Etiopía, donde actualmente estamos investigando.

El consumo de alimentos crudos en el país ilustra perfectamente el caso: la carne cruda está totalmente arraigada en la cultura gastronómica etíope y los ciudadanos son conscientes de que podrían enfermar, pero no saben cómo asegurarse de que la carne está en buenas condiciones, y tampoco quieren renunciar a ella. También consumen mucha leche cruda, pero un estudio demostró que en la mayoría de los hogares desconocen la existencia de enfermedades transmitidas por la leche.

Lecciones que llegan de fuera

En el Reino Unido y en otros lugares de Europa, la confianza de los consumidores en la carne de vacuno se desplomó tras el brote de encefalopatía espongiforme bovina. Como resultado, el sistema de seguridad alimentaria de la Unión Europea tuvo que ser completamente revisado.

Asimismo, en Sudáfrica, la compañía responsable de la carne procesada contaminada con Listeria que causó la muerte de 200 personas se enfrenta a demandas colectivas por parte de las familias de las víctimas.

En Etiopía, nuevas investigaciones, financiadas conjuntamente por el Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido y por la Fundación Bill & Melinda Gates, están tratando de determinar el mejor modo de transformar la relación de los consumidores con los alimentos para poder mejorar la seguridad alimentaria en los mercados informales de verduras y de aves de corral. Se centran especialmente en las zonas donde es particularmente difícil implantar un método de control y de regularización.

Mientras que todos los esfuerzos que se han llevado a cabo anteriormente para poder eliminar los alimentos peligrosos del mercado se habían dirigido a los productores o a los legisladores, este proyecto busca implicar también a los consumidores.

Otros estudios relacionados que también se están llevando a cabo en el país tratan de controlar los riesgos para la salud que supone el consumo de la carne cruda. Además, se analizan otros factores, como la epidemiología, la vigilancia y el control de las enfermedades que se transmiten a través de los alimentos. El objetivo principal es dotar a los dirigentes etíopes, a los académicos y a los propios consumidores de los conocimientos necesarios para combatir estas enfermedades.

Los consumidores africanos podrían convertirse en catalizadores para lograr una mejor alimentación

Todas estas iniciativas muestran que los legisladores, los filántropos y los investigadores se preguntan cada vez más cómo pueden hacer frente a los desafíos que presenta la seguridad alimentaria para poder garantizar que los productos no solo sean abundantes y nutritivos, sino también saludables.

Punto de inflexión

Fue un informe de 2015, que ofrecía las primeras estimaciones de la incidencia, la mortalidad y la carga de morbilidad de 31 amenazas alimentarias en todo el mundo, el que marcó un punto de inflexión en este asunto.

Aprovechando el impulso, este año la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, el Banco Mundial y la Unión Africana organizaron conjuntamente dos de las mayores reuniones internacionales sobre seguridad alimentaria, que tuvieron lugar en Suiza y Etiopía.

Resulta evidente que los agentes nacionales e internacionales están avanzando en la dirección correcta, pero todavía queda mucho por hacer para maximizar el papel de los consumidores: supervisar dónde compran y comen los alimentos, ya sea en los mercados, en los puestos de comida o en la mesa.

La única manera de asegurar el camino hacia una dieta más saludable y sostenible a través de la agricultura que no incumpla los estándares de seguridad que protegen la salud de millones de personas es instaurar un método que eduque y capacite a los consumidores.

Arie Havelaar es profesor de la Universidad de Florida y recibe fondos de la Fundación Bill & Melinda Gates, el departamento de Desarrollo Internacional de Reino Unido, el Departamento de Salud de Florida, USAID, GlobalGap y del Banco Mundial.

Ashagrie Zewdu Woldegiorgis  es profesor adjunto de la Universidad de Adís Abeba y no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Traducido por Esther Rupérez Pérez con la colaboración de Casa África.

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El invisible viaje de los niños con VIH en la República Democrática del Congo

En la República Democrática del Congo (RDC) se estima que unos 51.000 niños menores de 14 años viven con el VIH. La mayoría de ellos se infectaron durante su periodo de gestación o los meses de lactancia, por ser hijos de una mujer seropositiva que no estaba tomando antirretrovirales. Esto puede deberse a que la madre nunca se hubiera hecho la prueba y desconociera por tanto su condición, porque hubiera desarrollado resistencia a su tratamiento o lo hubiera interrumpido, o incluso porque se hubiera infectado durante el embarazo. Una auténtica desgracia si tenemos en cuenta que la transmisión madre a hijo se puede evitar en un 99% de los casos cuando la madre se encuentra bajo tratamiento y toma una serie de precauciones básicas.

En las estructuras de salud que apoyamos en la capital del país, Kinshasha, seguimos diagnosticando el VIH a muchos niños, lo cual demuestra que sigue habiendo brechas graves en lo que se refiera a la prevención de la transmisión. La falta de conocimientos en este campo por parte del personal de salud, así como de las inexpertas y casi siempre jóvenes madres, generan también un impacto negativo a la hora de llevar a cabo pruebas regulares a los niños. Por ello, muchos niños con VIH no son diagnosticados hasta años después de haber sufrido la infección, cuando comienzan a enfermar gravemente y son llevados a un hospital.

En general, las personas que viven con el VIH se enfrentan a enormes desafíos para seguir con el tratamiento, entre los que se encuentran la falta de disponibilidad de los medicamentos que necesitan y el estigma que sufren por parte de la sociedad.

Pero la dura realidad a la que nos enfrentamos hoy en todo el mundo es que el 50% de los bebés que nacen con VIH no llega a cumplir los dos años. Y el otro 50% progresa lentamente hacia el sida, sufriendo graves retrasos en su desarrollo neurológico y físico y múltiples enfermedades.

Limitaciones y estigma

Todas estas dificultades que mencionaba antes se traducen en que solo uno de cada tres niños de los que se estima viven con el VIH en la República Democrática del Congo recibe tratamiento. Y el resto se enfrenta además a otras barreras. Por un lado, hay muy pocos tratamientos para el VIH que puedan tolerarse en todo su espectro durante los primeros años de vida. Por otro lado, las formulaciones existentes para niños están principalmente hechas en forma de jarabe, tienen mal sabor, son difíciles de dosificar y pueden necesitar refrigeración, algo que no resulta obvio en todos los lugares donde viven. Y por último, los antirretrovirales más nuevos y mejores solo se registran para adultos y vienen en dosificaciones para pacientes que pesen un mínimo de 20 kilogramos.

Con frecuencia, a los afortunados que se les diagnostica y se les aplica un tratamiento, sus familias no les dicen que tienen el VIH, o no les explican por qué toman las pastillas a diario. El estigma en torno al virus es tan alto en la RDC, que incluso aquellos pacientes que lo saben nunca llegan a decirle a una sola persona su estado. Los padres de niños VIH positivos a menudo temen que su hijo les diga a otros niños su estado, ya que eso revelaría ante los padres de esos niños que ellos también son VIH positivos. Y peor aún: si los padres mueren, a menudo los padrastros o los cuidadores que deberían hacerse cargo del niño le abandonan o descuidan. Y la principal razón por la que lo hacen es por miedo a sufrir el estigma por parte de su comunidad.

La ley congoleña solo permite que los profesionales sanitarios le comuniquen a un niño que es VIH positivo a partir de los 18 años, a no ser que tengan el consentimiento expreso por parte de los padres

La ley congoleña solo permite que los profesionales sanitarios le comuniquen a un niño que es VIH positivo a partir de los 18 años, a no ser que tengan el consentimiento expreso por parte de los padres, aunque para ser justos, también existen excepciones, ya que cuando el personal médico interpreta que hay una razón médica de peso para informarles, puede hacerlo. Todo esto hace que muchos niños solo lleguen a saber su estado a través de descubrimientos accidentales que resultan enormemente traumáticos, lo que a menudo afecta negativamente a su deseo de permanecer en tratamiento. Esto, en última instancia, les puede llevar a enfermar gravemente.

A finales del año pasado, mis compañeros y yo nos armamos de pintura y pinceles y organizamos un día lleno de diversión y sonrisas para los más pequeños. En el Hospital Central de Kabinda, donde trabajo, dentro de nuestra unidad de hospitalización para el tratamiento de VIH avanzado o sida, tenemos una pequeña sala de pediatría. Recuerdo que hasta entonces ese espacio era como cualquier otra habitación; con paredes blancas y desnudas, pero ese día los niños y trabajadores del hospital unimos nuestras fuerzas para llenar todo de colores y mensajes positivos que sirvieran para alegrar el difícil y a menudo solitario viaje que muchos de ellos se ven obligados a tener que hacer.

Si bien nuestro objetivo principal era pasarlo bien y hacer un poco más fácil la vida a nuestros jóvenes pacientes, el mensaje que nos gustaría pasar a través de esta acción es mucho más serio: en lo que respecta a la lucha contra el VIH/sida, los niños son a los que menos atención se les presta en materia de I+D, diagnóstico y sensibilización, especialmente en África occidental y central.

Si bien es cierto que apenas un 7% de los pacientes gravemente enfermos que llegan hasta nuestra unidad de hospitalización son niños y adolescentes (muchos de ellos con apenas unos pocos meses de vida y otros de hasta 13-14 años), ese 7% sigue siendo una cifra demasiado alta, porque la inmensa mayoría de ellos no tendría por qué haberse infectado o haber llegado a esa situación de extrema gravedad. Y lo que más me duele ver, es cómo algunos de estos niños pueden llegar a pasar varias semanas en el hospital sin un familiar que les ayude a superar la enfermedad. Solo en 2018, tuvimos que hospitalizar a 144 pequeños en esta sala de pediatría. Y 12 de ellos llegaron demasiado tarde como para que pudiéramos hacer algo por ellos. Creedme cuando digo que cada una de estas jóvenes vidas perdidas sin sentido duele como una puñalada en el corazón.

Cada uno de los niños que tenemos hospitalizados representa un viaje largo, doloroso e invisible a través de un sistema de salud que no pudo prevenir su infección, ni diagnosticarle, ni tratarle ni darle apoyo para que un día se convirtiera en un adulto que podría vivir una vida plena y saludable. Y eso, a día de hoy, es intolerable.

Pascalien Rahier es coordinadora de Médicos Sin Fronteras del proyecto de VIH en Kinshasha.

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En Nigeria hay la mitad de VIH de lo que se pensaba

Alrededor de 3,4 millones de nigerianos son portadores del virus del sida. Al menos eso era lo que se pensaba. La cifra se basa en un cálculo de prevalencia próxima al 3% fruto de la última versión de las encuestas realizadas en Nigeria. Esto significa que, a pesar de haber detectado a más de un millón de infectados y haberlos puesto en tratamiento con antirretrovirales (ARV), se creía que aún quedaba más del doble de portadores del virus que ignoraban que lo eran. Mientras el Gobierno nigeriano y sus socios gastaban millones de dólares en identificar a más personas infectadas, se decía que «Nigeria no lograba estar a la altura del reto del sida». Sin embargo, todos los que trabajaban con la enfermedad pensaban que algo tenía que fallar. Se esforzaban, hacían análisis a millones de personas, y aun así no encontraban nuevos casos. La retórica del fracaso, sin embargo, persistía.

Ahora tenemos los resultados y, efectivamente, en Nigeria no hay tantos infectados como se creía. Los estudios anteriores se equivocaban. El Estudio del Indicador y el Impacto del VIH en Nigeria (NAIIS por sus siglas en inglés), la mayor investigación basada en la población llevada a cabo en cualquier país del mundo muestran que la prevalencia del VIH entre las mujeres nigerianas de entre 15 y 64 años es del 1,9%, mientras que entre los hombres es del 1,1%. En el grupo de 15 a 49 años, la prevalencia en las mujeres se mantiene; sin embargo, en los hombres es del 0,9%. Esto significa que, en Nigeria, el virus ataca desproporcionadamente a las primeras.

Dado que la población de Nigeria es altísima (es el país más poblado de África, con 190 millones de habitantes), la planificación resulta crucial para que los sistemas sanitarios funcionen. Ninguno puede prestar sus servicios de manera adecuada si no se guía convenientemente por los datos, para lo cual es necesario conocer los factores determinantes de la epidemia. Sin unas cifras coherentes y precisas, parecía que la respuesta de Nigeria al sida era un fracaso. La incertidumbre sobre la prevalencia del VIH en el país se veía como un problema, sobre todo teniendo en cuenta los cuantiosos recursos dedicados a realizar análisis para detectar nuevos casos y los presupuestos asignados para el tratamiento.

En Nigeria, como en la mayoría de los países que sufren epidemias generalizadas, los cálculos sobre la prevalencia del VIH se basaban en gran medida en las encuestas a mujeres embarazadas que acudían a determinadas clínicas de atención prenatal. Mientras que la mayoría de países había abandonado esta clase de estudios o desarrollado protocolos mejorados, Nigeria no hizo cambios a pesar de las objeciones mundiales a su estrategia. Los cálculos más recientes para el país se fundamentaban en una encuesta realizada en 2014 en diversos centros de atención a embarazadas. En Kenia, la prevalencia del virus del sida se calculaba utilizando el Estudio del Indicador del VIH, un muestreo de hogares por conglomerados en dos etapas representativas de todo el país. En Sudáfrica, como los datos prenatales que empleaba en el pasado para sus análisis no eran representativos de la población, hace años que la tasa de prevalencia del VIH se calcula a través de un estudio basado en la población cuyos resultados son extrapolables a todo el país.

La prevalencia del VIH entre las mujeres nigerianas de entre 15 y 64 años es del 1,9%, mientras que entre los hombres es del 1,1%.

Visto retrospectivamente, el hecho es que Nigeria dejó pasar la oportunidad al no desarrollar la competencia necesaria para llevar a cabo estudios complejos, ni montó un equipo lo suficientemente formado capaz de cumplir esa misión a lo largo de los años. El país era el centro de los debates en las conferencias internacionales, y los datos obtenidos no inspiraban demasiada confianza. En todo caso, los resultados necesitaban financiación, y si las encuestas calculaban que había 3,4 millones de infectados, había que encontrar fondos para tratar a esas personas. Así que cuando se hizo imperativo obtener cifras correctas, se buscó un socio ejecutivo que realizase ese estudio crucial para el país.

En 2016, Savi Aliyu entró a formar parte de la nueva directiva de la Agencia Nacional para el Control del Sida (NACA, por sus siglas en inglés) con el propósito de mejorar la exactitud de los datos empleados para planificar la asignación de recursos para pacientes con VIH/sida. Aliyu tardó poco en darse cuenta de la magnitud del reto al que se enfrentaba. En el Foro de Vigilancia Sanitaria de 2016, que giró en torno al tema ¿Qué importancia tiene el liderazgo?, el director general de NACA declaró que su principal objetivo consistía en determinar la cifra real de personas portadoras del VIH en Nigeria, diagnosticarlas y ponerlas en tratamiento. Con este telón de fondo, la agencia puso en marcha el NAIIS. Sus resultados han dotado a Nigeria de mejores indicadores de la tasa de prevalencia del virus del sida en el país y le permitirán planificar adecuadamente la prestación del servicio. Esto significa que Nigeria tiene ahora una idea más precisa del volumen de infecciones por VIH, así como de qué poblaciones son más vulnerables, y que, por lo tanto, puede asignar con más puntería los fondos del Gobierno y los donantes para asegurar que todos los portadores del VIH tengan acceso al tratamiento.

Organizar el mayor estudio del mundo

Las organizaciones sociales han venido expresando la necesidad de realizar una encuesta nacional basada en la población. Según Aliyu, realizar el mayor estudio sobre el VIH ha costado unos 91 millones de dólares, financiados por el Plan de Emergencia del Presidente de Estados Unidos para el Alivio del Sida (Pepfar), el Fondo Mundial para la Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, el Programa de Naciones Unidas sobre el VIH/sida (Onusida), la Universidad de Maryland (Baltimore), el Instituto de Virología Humana, la Universidad de Washington, la Organización Mundial de la Salud, Inner City Fund (ICF) y la Red Africana de Epidemiología de Campo (Afenet, por sus siglas en inglés). La encuesta se llevó a cabo en nueve meses, y en ella participaron más de 2.000 entrevistadores que recopilaron datos de miles de hogares de todo el país. Muchos de estos entrevistadores eran voluntarios que arriesgaron su vida por el estudio visitando lugares con fama de inaccesibles. La encuesta abarcó más de 250.000 entrevistados de entre 15 y 64 años y 32.555 niños de 0 a 14 pertenecientes a casi 100.000 hogares elegidos aleatoriamente.

Los donantes y los socios internacionales han destinado cuantiosos recursos a tratar a los 3,4 millones de nigerianos que se calculaba que portaban el VIH

Durante la presentación pública de los resultados, el encargado de negocios de la Embajada de Estados Unidos, David Young, destacó el «enfoque humano» de la recogida de datos. Al mismo tiempo que se hacían las entrevistas, las familias recibían asesoramiento sobre la prevención del sida y podían pedir atención médica si la necesitaban.

Dadas las dificultades logísticas que se presentan en Nigeria, hay que felicitar al Gobierno por su esfuerzo de recogida de datos clave y actualizados sobre el VIH en su territorio. Los resultados del estudio contienen información decisiva para planificar la respuesta al VIH y su tratamiento, así como ampliar las intervenciones. Del mismo modo, han proporcionado la posibilidad de optimizar la asignación de recursos. Dado que en Nigeria no hay tantas personas infectadas por el VIH como se había calculado, ¿qué consecuencias tiene este hecho para las organizaciones donantes que hasta ahora han financiado más del 90% de los programas nigerianos contra el virus? ¿Seguirán Pepfar o el Fondo Mundial para la Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria financiando las campañas como antes? ¿Quién se responsabilizará de los 1,9 millones de nigerianos que se calcula que portan el virus cuando los donantes se vayan de Nigeria?

Sudáfrica, cuya tasa de prevalencia del VIH es la más alta del mundo, ha logrado avances considerables en la última década, y actualmente el Gobierno del país costea alrededor del 80% de los programas. Nigeria tiene que dar un paso adelante. En este momento es fundamental que la financiación de las intervenciones contra el VIH sea sostenible. El virus ataca sobre todo al sector más productivo de la población del país, y ha llegado la hora de que dejemos de depender de los donantes extranjeros para resolver el problema de la prevención, la detección y el tratamiento del VIH.

El peso de la tasa de infección por VIH recae mayoritariamente sobre las mujeres

¿Es posible que la causa sean las desigualdades consecuencia de las normas de género relacionadas con la masculinidad y el feminismo, la violencia contra las mujeres, las barreras al acceso a los servicios sanitarios, las deficiencias en la formación o la inseguridad económica? El país tiene que hacer frente a algunos de los factores que pueden poner a las mujeres en peligro de contraer el VIH. En el caso de las embarazadas portadoras del virus es importante evitar la transmisión de la madre al hijo. Nigeria tiene que ampliar con urgencia los servicios de prevención de la transmisión madre-hijo (PMTCT, por sus siglas en inglés), que se deben ofrecer antes de la concepción y a lo largo del embarazo, el parto y la lactancia.

La planificación familiar es una de las medidas PMTCT más decisivas. Reducir el número de embarazos no deseados entre las mujeres portadoras del VIH haría que descendiese la cifra de niños que nacen con el virus. Los estados federales pueden desempeñar un papel importante garantizando los servicios de planificación familiar en la atención sanitaria primaria y secundaria. Además, ahora que se dispone de datos de prevalencia por estados, las administraciones correspondientes tienen que asumir una mayor responsabilidad a la hora de poner en práctica mejores estrategias, necesarias para aumentar la accesibilidad, la aceptación, la asequibilidad y la recepción de los servicios relacionados con el VIH y la salud reproductiva, especialmente entre las jóvenes.

Entonces, ¿cuál es la prevalencia del VIH en Nigeria?

Los donantes y los socios internacionales han destinado cuantiosos recursos a tratar a los 3,4 millones de nigerianos que se calculaba que portaban el VIH. El Gobierno de Estados Unidos y el Fondo Mundial para la lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria gastan respectivamente 400 millones y 110 millones de dólares anuales en financiar los programas contra el virus en Nigeria. Los resultados del NAIIS han mostrado que la prevalencia del VIH en el país es del 1,5% entre la población de entre 1 y 64 años. Esto significa que se va a tener que discutir en detalle qué parte de la financiación van a aportar nuestros socios. Para que Nigeria asuma una mayor responsabilidad en la financiación del tratamiento a las personas portadoras del VIH, el presupuesto sanitario nacional tiene que aumentar. Tratar a una persona infectada con el VIH cuesta alrededor de 50.000 nairas al año (unos 123 euros). En 2018 se propuso un gasto total de 340.460 millones de nairas (841 millones de euros) para el Ministerio Federal de Sanidad.

Probablemente, adaptar el tratamiento a los nigerianos portadores costará unos dos quintas partes del total del presupuesto de sanidad. Si Nigeria quiere desarrollar un mecanismo sostenible para financiar el VIH, tiene que pensar en integrar el tratamiento de la infección en los programas de seguros médicos nacionales, estatales y comunitarios. El objetivo debería ser que los seguros cubriesen el tratamiento contra el VIH de los beneficiarios. Asimismo, las administraciones de los estados federales tienen que asumir una mayor responsabilidad en la lucha contra el virus en sus territorios. Si pudiesen dedicar por lo menos el 1% de la cifra que les asigna mensualmente el Gobierno federal al tratamiento de la enfermedad, se harían grandes avances en la administración del tratamiento antirretroviral a más pacientes.

¿Ha valido la pena gastar 91 millones de dólares en hacerse una idea precisa del número de personas portadoras del VIH en Nigeria? Sin duda, sobre todo si los datos se utilizan para mejorar la repuesta a la enfermedad. Ahora el Gobierno puede planificar, desarrollar y aplicar programas más eficaces para controlar el VIH y la hepatitis en Nigeria, lo cual tendrá como resultado la mejora de la salud individual y familiar. Puesto que disponemos de un diagnóstico más exacto sobre la prevalencia del virus, podemos exigir al Gobierno que sea más activo en la lucha contra la epidemia. Es de esperar que la próxima vez que haya que hacer un estudio, no sea necesario un socio ejecutor para llevarlo a cabo.

¿Cuánto falta para llegar al objetivo 90-90-90?

ONUSIDA ha fijado el objetivo 90-90-90, que significa que, para 2020, el 90% de los portadores del VIH tienen que saber que lo son y estar en tratamiento antirretroviral, y que el 90% de los enfermos en tratamiento tienen que haber alcanzado la supresión viral. En 2030, el objetivo subirá hasta el 95%. Sin embargo, la supresión de la carga viral en el grupo de edad de entre 15 y 64 años es del 44,5%. Dado que la reducción de la cantidad de VIH en la sangre es un factor decisivo, para poder afirmar que hemos avanzado en la consecución del objetivo 90-90-90 esta debería acercarse al 73%. ¿Cuál es, entonces, la buena noticia? La razón de que el país no mostrase avances en la lucha contra la epidemia del VIH proporcionados a los esfuerzos que estaba haciendo para prevenir nuevas infecciones es que las tasas de prevalencia no son tan elevadas como se calculaba. Nigeria está mucho más cerca del primer 90% de lo que se creía.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en Nigeria Health Watch.

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“No tenía miedo, sabía que se puede sobrevivir al ébola”

Hoy es día de fiesta en el Centro de Tratamiento de Ébola (CTE) de Katwa, en el noreste de la República Democrática del Congo. De las 36 personas que lo ocupan, nada menos que cinco se van, ya curados. La tasa de mortalidad en estos centros ronda el 40%, en un país en el que el virus ha matado ya a 1.500 personas. Más de la mitad logran sobrevivir gracias a los tratamientos experimentales, los cuidados y al hecho de que muchos han sido vacunados. La hora de salida es a las dos de la tarde, pero desde las diez tienen sus maletas hechas y aguardan en la zona de tránsito. Impacientes, radiantes, llenos de vida. Todos menos una. Kahambu Kanjinji no levanta los ojos del suelo. Está sanada, libre del virus, pero en el camino se quedó su hijo de año y medio, la persona que la contagió y a la que ella cuidó hasta el último suspiro.

Kahambu Kanjinji ha sobrevivido al ébola, pero ha perdido a su hijo de año y medio.
Kahambu Kanjinji ha sobrevivido al ébola, pero ha perdido a su hijo de año y medio. J. N.

Habla en voz muy baja, apenas un susurro. La muerte del pequeño le ha dejado una herida muy profunda. “Me vacunaron cuando mi hijo murió, pero enseguida comencé a sentir frío”, recuerda. Fue hace dos semanas. La ingresaron en el CTE y tras unos días muy malos comenzó a recuperarse. Su marido y su suegra venían a verla a través de una ventana de plástico, pero ni así conseguían levantarle el ánimo. Otros pacientes ya sanados, contratados como cuidadores por la ONG Alima, que gestiona el centro, porque no se pueden infectar, intentaban sacarle una sonrisa. Pero ni por esas. Volver a casa sin su hijo le abre las entrañas.

Junto a ella, el joven de 20 años Muhindo Seseka Heritier no puede ocultar su felicidad. El pasado 4 de junio comenzó a sentir un terrible dolor de cabeza. Había estado en el hospital acompañando a un amigo y en la misma habitación falleció una mujer, pero no sospechó del ébola hasta que el analgésico que tomó durante seis días no le hizo ningún efecto. Luego llegó la fiebre y la muerte de su amigo. Ya no tuvo dudas. Acudió a un centro de salud y lo llevaron en ambulancia hasta el CTE. “No tenía miedo, sabía que se puede sobrevivir”, dice. De hecho, “formaba parte de un equipo de enterradores y pienso seguir haciendo mi trabajo. Voy a decir a todos que estos centros no son un lugar donde se viene a morir, como piensan muchos”.

Michel Kakule Mbajah tiene solo 10 años y es el menor de siete hermanos. Una noche se despertó a las tres de la madrugada repitiendo a su padre “tumbo, tumbo” (barriga, barriga) y llevándose las manos al estómago. El dolor no le dejaba dormir. Fue justo cinco días después de haber acudido a un bautizo en una casa donde había una persona enferma. Su padre, chófer de Unicef, le llevó al hospital y de allí directos al centro de tratamiento. Las tres semanas que ha pasado ingresado ha conquistado el corazón de los enfermeros con sus juegos y sus sonrisas y su coche de carreras. “Me obligó a comprárselo”, dice su padre. El pequeño Michel quiere ser chófer, como él, pero de autobuses.

El pastor evangelista Jeremie Valambaye, de 38 años, junto a su esposa Everine Katungu.
El pastor evangelista Jeremie Valambaye, de 38 años, junto a su esposa Everine Katungu. J. N.

“Era como una malaria”, dice el pastor evangelista Jeremie Valambaye, de 38 años, “aquel domingo hablé de ébola a mis fieles, les dije que debían lavarse bien, que la Biblia nos enseña que el agua purifica”. Pero el virus se coló en su cuerpo. En los 10 días que ha permanecido en este CTE de Katwa, el religioso ha visto pasar a toda su parroquia por aquí. Hasta tal punto que los responsables del lugar le tuvieron que decir que pidiera a los fieles de quedarse en casa. “Tengo mi fe y a mis ovejas. Eso ayuda. Lo primero que haré será dar gracias a Dios, luego me tomaré un descanso”, asegura junto a su mujer, Everine Katungu, que ha venido a recogerlo.

Eugene Kambale se contagió en la casa de su hermana fallecida, pero la vacuna le permitió sobrevivir.
Eugene Kambale se contagió en la casa de su hermana fallecida, pero la vacuna le permitió sobrevivir. J. N.

El mayor de todos, pero el más sonriente, es Eugene Kambale. A sus 60 años este conductor de camión sabe que la vida le ha regalado una prórroga. Fue su hermana, fallecida, quien le contagió. “La noche del funeral dormí en su casa, no era consciente del peligro. Dos semanas más tarde empezaron los síntomas, mal de estómago, fiebre y diarreas, tomé medicamento contra la malaria, pero el dolor de cabeza no se quitaba”, explica. Kambale también fue vacunado, lo que le permitió sobrellevar mejor la enfermedad. “Estaba fuerte”, añade, “en realidad no me quiero ir, aquí dan de comer muy bien”, dice y suelta una carcajada.

🚩 Publicado originalmente en África: Enlace al post

Abierta la convocatoria para la IV Edición de los Premios Anesvad

Las entidades que quieran presentar candidatura tiene de plazo hasta el 15 de agosto.

Un año más, abrimos la convocatoria para los Premios Anesvad, que celebran ya su IV edición coincidiendo con los 25 años de actividad de nuestra organización en África. Con estos premios queremos hacer un reconocimiento a entidades que trabajan por y para aquel continente, vinculadas con el Derecho a la Salud y/o la lucha contra las Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETD).

En esta ocasión introducimos una importante novedad. Seguirá habiendo tres categorías (Emprender, Innovar y Perseverar), pero en cada una de ellas se reconocerán organizaciones de dos ámbitos:

Así pues, serán seis los premios a repartir, con una dotación económica total de 45.000€.

El plazo para optar a los premios está abierto hasta el 15 de agosto, y las entidades interesadas en presentarse deben formalizar sus candidaturas a través de nuestro formulario online. En esa misma web están disponibles las bases de participación y toda la información relativa a los Premios.

Las propuestas serán evaluadas por un jurado formado por profesionales y entidades que trabajan en la cooperación con África, la promoción de la salud y los Derechos Humanos. Las entidades ganadoras se darán a conocer en un acto público el próximo 19 de noviembre en la Sala BBK de Bilbao.

Tenéis toda la información en: http://www.anesvad.org/es/premios/

🚩 Publicado originalmente por Derecho a la Salud: Abierta la convocatoria para la IV Edición de los Premios Anesvad

Convocatoria IV Edición Premios Anesvad

Hasta el 15 de agosto pueden presentar su candidatura las entidades vinculadas con el Derecho a la Salud y/o la lucha contra las Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETD) que:
– Hayan implementado intervenciones de Cooperación para el Desarrollo en África subsahariana.
– Desarrollen intervenciones de Educación para la Transformación Social (EpTS) en Euskadi.
¡Anímate, hay tres categorías de premios y 45.000€ de dotación económica!
Presenta tu candidatura en https://www.anesvad.org/es/premios/

🚩 Publicado originalmente por Derecho a la Salud: Convocatoria IV Edición Premios Anesvad

Abierta la convocatoria para la IV Edición de los Premios Anesvad

Las entidades que quieran presentar candidatura tiene de plazo hasta el 15 de agosto.
Un año más, abrimos la convocatoria para los Premios Anesvad, que celebran ya su IV edición coincidiendo con los 25 años de actividad de nuestra organización en África. Con estos premios queremos hacer un reconocimiento a entidades que trabajan por y para aquel continente, vinculadas con el Derecho a la Salud y/o la lucha contra las Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETD).
En esta ocasión introducimos una importante novedad. Seguirá habiendo tres categorías (Emprender, Innovar y Perseverar), pero en cada una de ellas se reconocerán organizaciones de dos ámbitos:

Entidades no lucrativas que hayan implementado intervenciones de Cooperación para el Desarrollo en África subsahariana.
Organizaciones y/o colectivos africanistas que desarrollen intervenciones de Educación para la Transformación Social (EpTS) en Euskadi (tomando por referencia (H)ABIAN 2030 – la estrategia vasca de Educación para la Transformación Social).

Así pues, serán seis los premios a repartir, con una dotación económica total de 45.000€.
El plazo para optar a los premios está abierto hasta el 15 de agosto, y las entidades interesadas en presentarse deben formalizar sus candidaturas a través de nuestro formulario online. En esa misma web están disponibles las bases de participación y toda la información relativa a los Premios.
Las propuestas serán evaluadas por un jurado formado por profesionales y entidades que trabajan en la cooperación con África, la promoción de la salud y los Derechos Humanos. Las entidades ganadoras se darán a conocer en un acto público el próximo 19 de noviembre en la Sala BBK de Bilbao.
Tenéis toda la información en: http://www.anesvad.org/es/premios/

🚩 Publicado originalmente por Derecho a la Salud: Abierta la convocatoria para la IV Edición de los Premios Anesvad

3 preguntas clave sobre enfermedades tropicales desatendidas

Las enfermedades tropicales desatendidas, según la OMS, son aquellas que se propagan en ambientes calurosos y húmedos, propios de los climas tropicales, especialmente en lugares empobrecidos. En muchos casos, se trata de enfermedades transmitidas por insectos. Asimismo, es habitual que proliferen en lugares con aguas contaminadas o estancadas.

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