Día Mundial contra la Lepra

Desde 1954, en enero se conmemora el Día Mundial contra la Lepra. Se trata de una iniciativa del periodista francés Raoul Follereau, que optó por el último domingo del mes con motivo del fallecimiento de Mahatma Gandhi. El célebre activista independentista indio llevó a cabo una intensa labor de auxilio a las personas afectadas.

Si bien la lepra tiene cura desde 1987, ésta sigue sin estar al alcance de muchas personas que viven en áreas geográficas con una importante incidencia de Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETD).

En la actualidad hay alrededor de 7 millones de personas enfermas de lepra; 210.671 la contrajeron en 2017, último año del que se tiene información, un 3,3% menos que en 2016. La mayoría de estas personas se encuentran en África, América Latina, el Pacífico Oriental y el Sudeste Asiático. En Europa los casos son testimoniales, apenas 33 nuevos.

La lepra es una enfermedad olvidada de la piel que avanza muy lentamente. Está causada por la bacteria Mycobacterium leprae. Los primeros síntomas pueden no llegar a observarse hasta pasados 20 años, lo que dificulta conocer dónde y cuándo se contrajo la enfermedad.

Estos son algunos de los síntomas de la lepra:

  • Manchas blancas o marrones en las palmas de las manos o en las plantas de los pies, insensibles al frío, al calor o al dolor.
  • Pérdida de cabello o vello corporal, incluso en las cejas o pestañas.
  • Pelotitas en los dedos, el rostro o el tronco.
  • Pérdida de sensibilidad.

La historia de la lepra es una de las más antiguas del mundo. Su origen es desconocido y figura incluso en las Sagradas Escrituras. La primera mención de la lepra en la Biblia está en Éxodo 4:6 cuando Dios interpela a Moisés desde la zarza en llamas.

La lepra afecta principalmente a personas que residen en la pobreza, malas condiciones de higiene, y con acceso precario a servicios sanitarios. Así, es común su localización en áreas rurales e incomunicadas de países en vías de desarrollo, o en espacios en los que las personas conviven hacinadas.

La lepra también es conocida como mal de Hansen, en honor a Armauer Hansen, doctor noruego que la descubrió en 1874. Esta enfermedad afecta principalmente a la piel, a los nervios periféricos, y la mucosa del tracto respiratorio superior y los ojos. Si se trata a tiempo en estadios iniciales, no deja secuelas. ¡El diagnóstico temprano es fundamental!

Con el paso del tiempo, si la persona enferma no se somete a tratamiento, ésta pierde sensibilidad en los músculos, y sus tejidos y huesos comienzan a verse afectados gravemente. Así, pueden llegar a padecer desfiguraciones, deformidades e incluso discapacidad. Esto, unido al hecho de que hasta hace relativamente poco fuese una dolencia sin cura conocida y de efectos devastadores en la comunidad, contribuye a que muchas de estas personas sean marginadas y estigmatizadas socialmente.

La lepra es contagiosa; se transmite por por inhalación de secreciones de la nariz o la boca. Sin embargo, es necesaria una convivencia cercana y continuada en el tiempo, así como que la persona enferma no esté sometida a tratamiento. Y aún así, las probabilidades de infectarse son muy reducidas: ¡el catarro es más contagioso!

Desde 1995 existe un antibiótico gratuito para hacer frente a la lepra. El tratamiento puede durar hasta 12 meses. Así, hace tiempo que no es necesario recluir a las personas enfermas en comunidades cerradas.

Es posible recaer tras el tratamiento contra la lepra, bien por no tomar correctamente los medicamentos, o por resistencia a éstos. Así, la OMS ha mostrado su preocupación después de detectar casos de cepas de la bacteria son resistentes a uno o más antibióticos empleados en el tratamiento.

La erradicación de la lepra, así como de otras Enfermdades Tropicales Desatendidas (ETD) como el pian, la úlcera de Buruli o la filariasis linfática, es una de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), aprobados por la ONU en la Agenda 2030.

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