Kenia adopta la primera vacuna mundial contra la malaria.

Kenia ha sido el tercer país africano, junto con Malawi y Ghana, en adoptar la vacuna de menores contra la malaria, una enfermedad que causa la muerte de 800 niños-as cada día.

La vacuna RTS,S protege contra el parasito que causa la forma más común de malaria en África, donde niños-as menores de cinco años, suponen dos tercios de las muertes por malaria.

Kenia se ha unido a Malawi y Ghana, que comenzaron los programas pilotos de vacunación, a comienzos de 2019, apoyados por la Organización Mundial de la Salud (WHO). Uganda también está iniciando la administración de la misma vacuna.

“Esta es hoy, la vacuna más avanzada contra la malaria, que ha sido preparada durante las últimas tres décadas”, afirma el Dr. Richard Mihigo, coordinador de los programas de vacunación de la WHO.

“Los menores son el grupo más vulnerable de la sociedad, contra la malaria, y por tanto son nuestra prioridad en esta programa de vacunación.
RTS,S actúa contra el “Plasmodium falciparum”, que es la forma más letal de malaria y la más corriente en África.

La cuatro dosis de esta vacuna, administradas a cada persona, han mostrado una reducción significativa de los casos de malaria en menores. La vacuna ha reducido los casos de malaria, como en un 45%.

Esta vacuna es una herramienta más, junto con otros métodos preventivos, para reducir los casos de malaria. Es necesario continuar con los medios más tradicionales, como las mosquiteras.

La malaria causa la muerte de unas 400.000 personas en el mundo cada año. De ellas, 290.000 son niños-as, menores de cinco años.

WHO nos informa que, cada dos minutos, un niño-a fallece de malaria en el mundo. El 90% de estos casos tienen lugar en África.

Fuente: Africanews.16.9.2019

Traducido y editado por Fundación Sur

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El calentamiento global traerá más migraciones, más enfermedades y fenómenos extremos

NSIRU SAIDU solo ha volado una vez en su vida, desde donde vive refugiado en Chad hasta la capital de ese país, Yamena. “Nunca he ido a América ni a otro país”. No tiene coche y su humilde vida es prácticamente de cero emisiones. Pero sufre los estragos de la crisis climática con toda dureza. Asentado en el campo de Dar es Salam junto al lago Chad con su familia, su mujer y 10 de sus 11 hijos, este agricultor y pescador de 41 años procedente de Nigeria, de donde huyó en 2016 de la violencia del grupo terrorista Boko Haram, asegura que ahora su principal problema es otro: “Ya no teníamos seguridad alimentaria y el cambio climático lo ha empeorado”.

Desde su refugio en Chad, Saidu habla despacio al otro lado del teléfono para hacer entender su mensaje: “Sé que algún día mi casa estuvo a unos metros del lago, pero ahora está a casi 30 kilómetros. Estoy seguro de que esto pasó por el cambio climático. Ahora la gente se asienta en las islas que han surgido por la desaparición del agua. Antes no había esas islas”. Este es el relato de la paulatina desaparición del lago Chad, que en 1963 se extendía 26.000 kilómetros cuadrados y hoy no llega a los 1.500 dividido en dos cubetas. Una reducción de algo más del 90%. En la práctica, para este pescador significa “menos peces y minúsculos”. Antes, le han contado a Saidu, había muchos que pesaban kilos.

En la década de los sesenta había 135 especies en el lago y se capturaban unas 200.000 toneladas de pescado al año. La zona era propicia para el pastoreo y la agricultura. Sin embargo, las frecuentes sequías han provocado, además de la desaparición de la lámina de agua y su biodiversidad, la pérdida de pasto para el ganado y la degradación de las tierras para el cultivo. “Ahora hace mucho calor. Antes había más árboles, pero han desaparecido. Cada vez más, esto parece un desierto”, resume Saidu.

Esta tormenta humanitaria perfecta causa que 3,6 millones de habitantes en la ribera del lago Chad estén en situación de inseguridad alimentaria, lo que significa que se levantan cada día sin saber si comerán antes de volver a acostarse. Como Saidu, que recibe comida del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas. “Pero no es suficiente para una familia, por eso tenemos que seguir pescando. No tenemos otra opción”, dice.

El Banco Mundial prevé que en 2030 habrá 100 millones de pobres más por el cambio climático

“Son los que menos han provocado el cambio climático los que más lo sufren”, subraya Norman Martín Casas, asesor de programas de país de Oxfam Intermón. Para esta organización se trata de una crisis de desigualdad. “En los países donde trabajamos, las personas ya son vulnerables y padecen con mayor virulencia los impactos del clima. Y lo afrontan con falta de recursos para adaptarse”. La magnitud del problema es tal que ha llevado a la ONU a un cambio de estrategia: ya no es momento de contarle al mundo lo mucho que ha progresado en las últimas de décadas, sino de alertar de los peligros que se ciernen sobre la humanidad y el medio ambiente si no se frena el calentamiento global. Habrá más migraciones, las mujeres y los niños estarán en mayor riesgo de enfermar y morir, diversas especies sucumbirán a los fenómenos extremos, los lagos se secarán, los bosques arderán… más que ahora.

 Sahel. Un paisaje desértico en esta región que une África del Norte con la zona subsahariana.
Sahel. Un paisaje desértico en esta región que une África del Norte con la zona subsahariana. J. B. Russell Panos

En Mozambique conocen bien las consecuencias de la fatal suma de ser pobre y estar en el centro de la tormenta. Literalmente. Este país es uno de los menos adelantados del mundo, ocupa la posición número 180 de 189 en el índice de desarrollo humano (IDH), y en marzo de 2019 experimentó el catastrófico paso por sus tierras del ciclón Idai, al que siguió dos semanas después el Kenneth. Más de mil personas fallecieron en estos episodios, considerados unos de los peores acaecidos en el hemisferio sur. Otros dos millones fueron víctimas supervivientes. Reparar los daños causados por las lluvias torrenciales le costará a esta paupérrima región —­Malaui y Zimbabue también quedaron afectados— más de 2.000 millones de dólares, según el Banco Mundial.

Un lustro antes, en el mismo Mozambique, el cambio climático se manifestaba con otra cara: la sequía. El fenómeno El Niño, especialmente cruel en sus últimas visitas, dejó en 2015 y 2016 a 1,5 millones de personas con necesidad de asistencia humanitaria en este país. En Massaca, una aldea al sur, vivía entonces Maria Jose Goven, una señora en la cincuentena. Cuando la conocimos tenía a ocho nietos a su cargo, pues algunos de sus hijos habían migrado y una hija había muerto a causa del sida. Los niños pululaban adormecidos a su alrededor, sin energía casi para sostenerse en pie. “No tenemos qué comer. No llueve y no tengo cosecha. No sé qué hacer, no tenemos dónde ir y no veo salida”, se lamentaba la abuela.

Las mujeres y los niños son especialmente vulnerables al azote de las adversidades climáticas. “En gran parte del mundo, la población femenina es sistemáticamente discriminada y no tiene igual acceso que los varones a recursos como tierra, agua, semillas, fertilizantes o créditos para la producción”, explica Martín Casas. “Son las primeras que ven reducido su consumo alimentario ante eventos extremos”. Respecto a los niños, Unicef estima que en la próxima década el cambio climático afectará a unos 175 millones al año. “Están física, fisiológica y epidemiológicamente más expuestos al impacto”, anota Nicholas Rees, especialista en la materia de Unicef. Son menos capaces de soportar sequías, inundaciones y condiciones extremas. Además, sus cuerpos y sistemas inmunológicos están en proceso de crecimiento y desarrollo. Una alimentación deficiente por falta de cosechas o tener que dejar la escuela porque una tormenta la destruya son lances que durante esta etapa crucial de la vida “pueden afectar a su salud y a su bienestar a largo plazo”.

Este mal está extendido en Guatemala, donde un 46,5% de los menores de cinco años lo padecen. “Así, la mitad de la niñez está condenada a no alcanzar todo su potencial”, denuncia Oxfam Intermón. Este país, en el llamado Corredor Seco Centroamericano, es víctima de una crisis alimentaria exacerbada por el cambio climático. La prolongación de la temporada seca en 2018 estropeó el 70% de la cosecha de primera (que se suele recoger en agosto), mientras que las lluvias torrenciales dañaron el 50% de la de postrera (que se recolecta en marzo), según la FAO y el PMA. En total, 2,2 millones de personas sufrieron pérdidas.

 Guatemala. Un niño permanece sentado sobre un bote en el terreno seco sobre el que estuvo el lago Atescatempa.
Guatemala. Un niño permanece sentado sobre un bote en el terreno seco sobre el que estuvo el lago Atescatempa. Marvin Recinos AFP

En la región de Puno, en el altiplano peruano, a 4.200 metros de altura, los habitantes de Ajoyani detectaron que su problema con el cambio climático es muy diferente. Y desconocido. El frío cada año más extremo mata a sus alpacas y congela el pasto. Este camélido apreciado por su lana ha empezado a no ser capaz de soportar las temperaturas de hasta -20 grados. Para las familias de esta localidad, donde el 48% viven en situación de pobreza, la pérdida de varias cabezas significa menos ingresos y peor alimentación. Aquí, el 25,6% de los menores de cinco años padecen desnutrición crónica, muy por encima de la tasa del país (14,4%). Y la anemia entre bebés de 6 a 36 meses asciende al 76%, 20 puntos más que la media nacional.

Los niños no solo son más vulnerables a la falta de comida, sino también a “enfermedades mortales como la malaria o el dengue, o infecciones que causan diarreas”, cuya incidencia aumenta cuando suceden desastres naturales, expone el especialista de Unicef. “No vamos a lograr nuestro objetivo de acabar con las muertes infantiles a nivel mundial a menos que abordemos tanto las causas como los impactos del cambio climático”, concluye Rees.

La ONU ya ha advertido en su último informe de progreso de los Objetivos de Desarrollo Sostenible —la agenda internacional para lograr un mundo más justo, pacífico y un planeta todavía habitable para 2030— que no se conseguirá reducir la mortalidad infantil ni ningún otro de los 17 objetivos debido a la crisis climática y la desigualdad. No se erradicará la pobreza extrema. Al ritmo actual de descenso, para esa fecha todavía un 6% de la población del planeta vivirá con menos de 1,90 dólares al día. Tampoco se acabará con el hambre. De hecho, más millones de personas sufren hoy inseguridad alimentaria que en 2015.

Los pronósticos del Banco Mundial no son más halagüeños: 100 millones de personas podrían caer en situación de pobreza en 2030 solo por los impactos del clima. Y en 2050, en solo tres regiones —África subsahariana, Asia meridional y América Latina, que representan el 55% de la población del mundo en desarrollo—, el cambio climático podría obligar a más de 143 millones de personas a trasladarse dentro de sus países.

Solo en 2017 hubo 18,8 millones de nuevos desplazamientos internos debido a desastres naturales, según el Centro para el Monitoreo del Desplazamiento Interno (IDMC, por sus siglas en inglés). Son siete millones más que los que se produjeron por conflictos ese año, aunque no todos tienen una relación directa con el cambio climático. “Es imposible establecer una correlación entre los efectos del cambio climático y el desplazamiento forzado. Hay múltiples factores que informan de la decisión de una persona de abandonar su hogar”, anota Sylvain Ponserre, del IDMC. “Muy pocos migrantes citan el cambio climático como causa de su desplazamiento”, expone Sergio de Otto, responsable de la campaña sobre el tema de Ecodes. Por eso, dice, es prácticamente imposible ponerle número a este drama. Salvo una excepción. Un efecto del calentamiento global es causa inequívoca de desplazamientos. Se trata de la subida del nivel del mar, que obliga a comunidades ribereñas a abandonar sus hogares. Es lo que ocurre en Kiribati, un Estado de 33 islas en medio del Pacífico.

Ya en 1989, un informe de la ONU advertía de que Kiribati se convertiría en el primer país en desaparecer engullido por las aguas. Fue 18 años más tarde cuando Anote Tong, su presidente entre 2003 y 2016, se tomó “muy en serio” este problema. La alerta había estado ahí durante décadas, reconocía en una charla TED a finales de 2015, pero en 2007 el IPCC —el panel de expertos que asesora a la ONU en esta cuestión— publicó su cuarto informe, que concluía “categóricamente” que el cambio climático era real y estaba provocado por el ser humano. “Y predecía escenarios muy graves para países como el mío”. Las islas de Kiribati apenas emergen dos metros sobre el nivel del mar en sus partes más altas y unos centímetros en las bajas, por lo que una subida marginal de las aguas significa la pérdida de gran cantidad de tierra. “Tenemos comunidades desplazadas. Han tenido que emigrar”, aseguraba Tong. Durante su mandato, elaboró un plan de evacuación ordenada de sus islas a las de Fiyi.

 Kiribati. Vista aérea del archipiélago del Pacífico en riesgo de desaparición por la subida del nivel del mar.
Kiribati. Vista aérea del archipiélago del Pacífico en riesgo de desaparición por la subida del nivel del mar. J. Gratzer Getty

La dificultad de establecer otras correlaciones entre desplazamientos y cambio climático no quiere decir que no existan. La literatura sobre cómo empeora la vida de millones de personas es extensa. La experiencia de los trabajadores humanitarios y cooperantes lo corrobora. “Unicef lleva 70 años trabajando en el terreno y vemos el impacto. Los fenómenos adversos son cada vez más frecuentes y severos”, asegura Rees.

En Bangladés todos los años hay inundaciones. “Pero este la situación es peor”, contó Monoara Khatun, una joven de 23 años, a los investigadores del Banco Mundial. Por eso, su familia decidió trasladarse del pueblo a la capital, Dacca. Pero la decisión de marchar del campo a la ciudad no siempre es la más segura. Tampoco las grandes urbes están preparadas para el cambio climático ni para acoger a todos los que huyen de él, que acaban en infraviviendas en barrios informales, advierte Ponserre, del IDMC.

 Bangladés. Vecinos de un pueblo esperan a que les den refugio tras las inundaciones causadas por las lluvias
Bangladés. Vecinos de un pueblo esperan a que les den refugio tras las inundaciones causadas por las lluvias R. Assad Getty

La mayoría de migraciones en las que el clima es parte de la ecuación se producen en el llamado sur global. “Mientras que el norte es el causante del 80% de las emisiones de efecto invernadero”, denuncia De Otto. Y son las naciones en vías de desarrollo las que pagarán el progreso de las ricas, pues asumirán entre el 75% y el 80% del coste del cambio climático, calcula el Banco Mundial. “Es importante la preparación ante estos fenómenos, por eso hacen falta más recursos para los países pobres que no tienen fondos”, reclama Rosa Otero, portavoz del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en España.

“El cambio climático ya está aquí, y el IPCC dice que va más rápido de lo que creíamos. Hay que incitar a los políticos a tomárselo en serio. También en nuestros países hay más incendios, olas de calor y huracanes que antes no había”, advierte De Otto. Y como ha dicho Achim Steiner, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo: “Incluso con todo el dinero del mundo, los ricos no van a poder comprar un futuro diferente”.

Mientras tanto, hay quienes pueden huir del desastre. Como la capital de Indonesia, que será trasladada de Yakarta —hundiéndose y ahogándose en contaminación— a la isla de Borneo. La construcción de la nueva urbe alojará a 1,5 millones de habitantes. Poco se sabe de lo que pasará con los otros 8,5 millones de vecinos de Yakarta. No todos tendrán la oportunidad de escapar. Como no la tienen los moradores del lago Chad, los agricultores mozambiqueños ni los niños guatemaltecos cuyo futuro ha quedado truncado por el hambre. Con el cambio climático pierden los de siempre.

EL PAÍS forma parte de Covering Climate Now, una iniciativa global de más de 220 medios de comunicación, enfocada a poner atención en la crisis climática.

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Se necesitan reformas para lograr la cobertura sanitaria universal en África


Lograr la Cobertura Sanitaria Universal sigue siendo un reto. En este sentido, numerosos expertos señalan que es posible que muchos países de África no alcancen los objetivos de 2030 a menos que se emprendan reformas específicas y cambios en las políticas.

Como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, los países miembros acordaron trabajar para lograr la cobertura sanitaria universal para el año 2030. A través de UHC (Universal Health Coverage), los países necesitan asegurar que todos los individuos y comunidades tengan acceso a los servicios de salud que necesitan sin sufrir dificultades financieras.

Sin embargo, según el profesor Freddie Ssengooba, académico en política y sistemas de salud de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Makerere, la mayoría de los países se ha centrado en la ampliación de los servicios de salud como medio para mejorar la salud, lo que no aborda algunos de los obstáculos subyacentes a los que se enfrenta el sector.

"La cobertura universal de salud requiere estrategias políticas complejas y multisectoriales. Será necesario que ámbitos como la salud, la educación, las finanzas y el sector privado trabajen juntos", explicó el profesor Ssengooba en un simposio sobre la cobertura sanitaria universal celebrado en Kampala.

La escuela de salud pública, a través de un proyecto denominado Supporting Policy Engagements for Evidence based Decisions, está apoyando actualmente al gobierno de Uganda para que adopte e implemente políticas viables que puedan ayudar al país a lograr estos objetivos.

Para el profesor Ssengooba, "la sanidad debe considerarse desde una perspectiva más amplia, más allá del sector del propio sector. También debemos centrarnos en factores sociales que influyen directamente en la salud, como el agua y el saneamiento, la protección del medio ambiente, la nutrición, la seguridad vial y los ingresos familiares".

El Dr. Sam Okuonzi, analista de políticas de salud, señaló que en la mayoría de los países africanos, la financiación de la atención sanitaria se inclina más por la atención y los servicios hospitalarios. "El programa de prevención y promoción de la salud sigue estando sustancialmente infrafinanciado, pero tiene el potencial de reducir la carga de las enfermedades y los costos del sistema de salud a largo plazo".

Esta opinión está apoyada por Bart Criel, que dirige la unidad de Equidad y Salud del Instituto de Medicina Tropical de Bélgica. Según el profesor Criel, la cobertura sanitaria universal no puede lograrse sin invertir primero en la atención primaria. Según este experto, “en el ámbito de la salud comunitaria, es fundamental contar con equipos de salud sólidos en las aldeas que puedan prestar servicios de salud preventivos".

La OMS estima que cada año 11 millones de africanos se ven empujados a la pobreza como resultado de los gastos médicos a los que deben hacer frente. Si bien Ruanda, Ghana, Nigeria y Kenia ya han puesto en marcha modelos para lograr la cobertura universal de salud mediante mecanismos de financiación como los planes nacionales y comunitarios de seguro médico, la mayor parte del África Subsahariana sigue enfrentándose al problema de cómo recaudar fondos para su sector de la sanidad.

Por supuesto, y más allá de los problemas de financiación, los expertos señalan que los países no pueden lograr una atención primaria de salud eficiente sin abordar antes los problemas inherentes que siguen afectando al sistema de salud, incluyendo la mala calidad de los servicios, la corrupción y los recursos humanos inadecuados.

Fuente: The East African

[Edición y traducción, Álvaro García López]

[Fundación Sur]


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La asistencia sanitaria universal es, en África, una necesidad para un desarrollo genuino (parte 3/3)

El ébola, el VIH / SIDA y el cólera son enfermedades que desencadenan alertas de salud a nivel nacional e internacional. Sin embargo, otras dolencias crónicas como la hipertensión, las enfermedades cardíacas, la insuficiencia renal, el cáncer, la desnutrición, el alcoholismo, la drogadicción y la diabetes contribuyen en la reducción del promedio de esperanza de vida al mismo tiempo que debilitan la capacidad productiva de las sociedades africanas.

Al proporcionar esta mirada general a la crisis de atención médica en los estados miembros de la UA, se evidencia la necesidad desesperada de un sistema UHC en todo el continente. A pesar de que ha habido un crecimiento sustancial en varias naciones y regiones de África durante las dos décadas anteriores, estos niveles de expansión económica no pueden considerarse sostenibles de ninguna manera basados en la dependencia continua de la región en el comercio de recursos energéticos, minerales estratégicos y Productos agrícolas.

De hecho, el resurgimiento del atolladero de la deuda africana en los últimos años está directamente relacionado con la disminución de precios de productos básicos en el mercado mundial, que todavía está dominado por los países imperialistas occidentales. Además, la fragilidad de los estados dominados por el neocolonialismo se refleja en las a menudo, precarias posiciones sociales de los profesionales de la salud.

En países africanos como Sudáfrica, Zimbabue, Kenia y Nigeria se pagan bajos salarios a enfermeras, médicos e investigadores de la salud. Muchos de estos trabajadores de la salud se han involucrado en huelgas exigiendo el pago regular de salarios, salarios más altos y mejores condiciones de empleo. Otros profesionales trabajando en el campo de la medicina han sido reclutados para trabajar en los países capitalistas de Europa y Norteamérica obstaculizando aún más la capacidad de los países miembros de la Unión Africana (UA) para abordar los monumentales problemas de salud en el continente.

Como se presentó al comienzo de este informe, Sudáfrica ofrece un claro ejemplo del desafío que enfrenta el sector público en relación con la prestación de servicios médicos para la clase trabajadora y los pobres. Otros gobiernos en África enfrentan situaciones similares, que requieren el fortalecimiento de las estructuras estatales. Los planes de salud privados con fines de lucro pueden y tienen un papel que desempeñar. Sin embargo, como se ilustra en los Estados Unidos, millones se quedarán sin cobertura de seguro médico si se permite que las ganancias determinen cómo se administran los sistemas de atención médica.

La crisis sanitaria en África está indisolublemente unida a la lucha contra el legado del colonialismo y el neocolonialismo. Cualquier estrategia genuina de desarrollo no puede tener éxito sin el mantenimiento de una saludable y productiva población juvenil, fuerza laboral y sectores de adultos de la población.

Abayomi Azikiwe

* Abayomi Azikiwe es editor en Pan-African News Wire

Fuente: Pambazuka

[Traducción, Jesús Esteibarlanda]

[Fundación Sur]


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Erradicar el ébola llevará más que tomar una simple pastilla (parte 2/2)


Si la respuesta médica actual contra el Ébola tiene éxito en el Kivu Norte, habrá mejorado el largo historial de fracasos del gobierno. Durante casi un cuarto de siglo, el gobierno congoleño ha fracasado en la prestación de servicios públicos básicos en la región. La mayoría de los ciudadanos han experimentado históricamente corrupción, ineficiencia y violencia por parte de los funcionarios públicos, por lo que no confían en nada de lo que dice el gobierno, incluso sobre el Ébola. Como resultado, los congoleños no llevan a los familiares sintomáticos a los centros de salud, esconden a las personas enfermas en sus hogares para evitar ser detectados, y llevan a cabo rituales tradicionales de entierro sin informar a las autoridades estatales.

Los congoleños también desconfían de los actores internacionales, incluidos los organismos de ayuda, las organizaciones no gubernamentales (ONG) y las Naciones Unidas. Las preocupaciones de los congoleños sobre lo que hacen los cooperantes extranjeros acaban a menudo en la creación de teorías conspiranoicas (los rumores falaces incluyen la afirmación de que los pacientes están siendo inyectados con la enfermedad). Por supuesto, esta postura surge de la larga experiencia con países extranjeros y la tendencia de estos a actuar de forma diferente de lo anunciado. Los belgas saquearon los recursos naturales del Congo bajo la apariencia de una "misión civilizadora". La CIA apoyó (si no llevó a cabo) el asesinato del primer primer ministro del país después de la independencia. Y Ruanda y Uganda han invadido el país repetidamente en apoyo de los movimientos rebeldes, mientras que la mayor misión de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas del mundo ha hecho poco para traer la paz. Dado este historial, difícilmente se puede culpar a los congoleños por ser cautelosos con los forasteros.

Docenas de enfermos ingresan a los hospitales, donde los extranjeros mantienen a los pacientes fuera de la vista de sus familiares y amigos, y son pocos los que regresan. A las familias se les dice que estas personas han muerto, pero no ven sus cuerpos. Todo lo que pasa es un misterio, así que los rumores llenan el vacío. El hecho de que grupos de civiles enojados y asustados hayan atacado los centros de tratamiento del Ébola no es sorprendente en estas circunstancias.

A pesar de todos los obstáculos y malentendidos, hay señales prometedoras de que esta epidemia puede ser controlada. La nueva vacuna del Ébola ha evitado que la mayoría de los trabajadores sanitarios contraigan la enfermedad de sus pacientes. Y aunque el gobierno congoleño es débil, su respuesta al Ébola y sus programas de vacunación no lo son. En el Congo y en los países vecinos se han puesto en marcha extensos programas de vacunación dirigidos por el Estado y las ONG asociadas desde que comenzó el brote.

La propia debilidad del Estado congoleño es otro motivo de esperanza. Debido a que el gobierno ha sido tan disfuncional durante tanto tiempo, las iglesias protestantes y católicas administran gran parte del sistema de salud pública del país y gestionan la mayoría de los hospitales y clínicas públicas. Bajo este sistema, las instalaciones de salud dirigidas por la iglesia son parte del sistema de salud pública, para el cual las ONG ayudan a suministrar fondos e implementar programas.

Las autoridades sanitarias de la Iglesia están a la vanguardia de los esfuerzos de vacunación, prevención y tratamiento del Ébola. Su papel importa porque las iglesias estaban entre las pocas instituciones sociales que sobrevivieron al colapso del Estado: mientras que el gobierno, la economía, el ejército y casi todo lo demás dejaron de funcionar como instrumentos de bien público, las instituciones religiosas sobrevivieron. Casi todos los congoleños son miembros de una iglesia o mezquita, en las que los congregantes buscan liderazgo e información.

Para aprovechar al máximo estas sólidas redes religiosas y los altos niveles de confianza que los congoleños depositan en ellas, se debería trabajar más estrechamente con los líderes religiosos, especialmente para difundir información sobre los primeros síntomas del Ébola y el tratamiento eficaz. Los que respondieron al Ébola deben proveer sesiones informativas regulares a los pastores e imanes y animarlos a incorporar la información sobre el Ébola en los servicios semanales. El personal sanitario debe trabajar con los líderes religiosos para desarrollar rituales alternativos que permitan a las familias conmemorar adecuadamente a sus seres queridos mientras evitan que el Ébola se propague.

Fuente: Foreign Affairs

[Edición y traducción, Álvaro García López]

[Fundación Sur]

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La asistencia sanitaria universal es, en África, una necesidad para un desarrollo genuino (parte 2/3)

Enfermedades de alto perfil necesitan atención inmediata

En la República Democrática del Congo (RDC), un brote reciente de la enfermedad por el virus del Ébola (EVD) ha presentado otro importante desafío de atención médica a este país, ya con graves problemas. El EVD se documentó por primera vez en la RDC a mediados de la década de 1970. Ha habido recurrentes pandemias durante las cuatro décadas anteriores.

La peor pandemia de EVD tuvo lugar en 2014-2015 en 3 naciones de África Occidental, Guinea, Sierra Leona y Liberia, donde decenas de miles de personas enfermaron y murieron más de 11.000. El alcance del brote en África Occidental provocó las intervenciones internacionales de la Organización Mundial de la Salud de las Naciones Unidas (OMS), el ejército de los Estados Unidos y cientos de profesionales de la salud de la República de Cuba.

Se ha introducido una vacuna experimental en la RDC en un esfuerzo por contener y detener la propagación de la cepa virulenta de esta fiebre hemorrágica viral (VHF). Desde el 1 de agosto, ha habido 300 casos probables y reales de Ébola en las provincias de la RDC de Kivu Norte e Ituri. 186 personas han muerto, 151 confirmadas y 35 probables.

En relación con otras enfermedades infecciosas, el VIH/SIDA ha seguido siendo un problema grave en África durante más de tres décadas. La gran mayoría de personas que contraen, viven y mueren a causa del VIH/SIDA se encuentran en regiones de África Subsahariana.

De los 34 millones de personas VIH positivas en el mundo, el 69 % está en África. Se estima que 23,8 millones de personas en el continente están infectadas con el VIH. El 91 % de los niños que viven con el VIH están en África, lo cual sigue amenazando el bienestar de sucesivas generaciones.

Más de un millón de personas mueren de SIDA cada año en África, de un total de 1,7 millones que mueren debido a la enfermedad en todo el mundo. El 59 % de las personas infectadas con el VIH en África son mujeres.

Aunque muchas más personas están recibiendo tratamiento tomando medicamentos antirretrovirales, se estima que solo la mitad de esas personas VIH positivas tienen acceso a esos medicamentos en África. Como resultado directo del sistema neocolonial, que fomenta la contracción y la falta de tratamiento adecuado para el VIH/SIDA, la media de esperanza de vida en África es de 54,4 años. Estudios de investigación sugieren que, debido a las tasas de mortalidad relacionadas con el VIH/SIDA en algunos países del continente, la esperanza de vida promedio es de 49 años. [3]

El cólera es otra enfermedad, que ha tenido un impacto devastador en algunos estados africanos. La enfermedad es causada por el consumo de agua contaminada. Recientemente, en Zimbabue, estalló una epidemia de cólera que requirió la declaración de una emergencia de salud.

La OMS señaló en un informe publicado en octubre que: “El brote de cólera en Harare fue declarado por el Ministerio de Salud y Cuidado Infantil de Zimbabue el 6 de septiembre de 2018 y notificado a la OMS el mismo día. A partir del 3 de octubre de 2018, se han reportado 8.535 casos acumulados, incluidos 163 casos confirmados por laboratorio, y 50 muertes (tasa de letalidad: 0.6 %). De estos 8.535 casos, el 98 % (8341 casos) se declararon en la densamente poblada capital, Harare. Los suburbios más afectados en Harare son Glen View y Budiriro. De los 8.340 casos de los que se conoce la edad, la mayoría (56 %) tienen entre cinco y 35 años. El brote ha afectado igualmente a hombres y mujeres. Desde el 4 de septiembre hasta el 3 de octubre, la mayoría de las muertes tuvieron lugar en instituciones de atención médica”. [4]

No obstante, Zimbabue no fue el único país afectado en 2018. En el estado de Níger, en África Occidental, se confirmaron 3.692 casos de cólera en julio, con 68 muertes. Argelia sufrió un brote de cólera en agosto con al menos dos muertes. Otros países africanos donde hubo problemas, sólo en 2018, fueron Camerún, Somalia, la RDC, Mozambique y Tanzania. [5]

Abayomi Azikiwe

* Abayomi Azikiwe es editor en Pan-African News Wire

Fuente: Pambazuka

Notas:

[3]https://www.dosomething.org/us/facts/11-facts-about-hiv-africaaccessed on 27 December 2018

[4]http://www.who.int/csr/don/05-october-2018-cholera-zimbabwe/en/accessed on 27 December 2018

[5]http://www.who.int/csr/don/archive/disease/cholera/en/accessed on 27 December 2018

[Traducción, Jesús Esteibarlanda]

[Fundación Sur]


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Un grupo de investigadores pone fecha para el fin de la malaria

Erradicar la malaria. Acabar con ella en todo el mundo. Destruir al parásito que la causa. Ni un enfermo más. Es la aspiración de la comunidad científica prácticamente desde el momento en que la enfermedad se identificó, a finales del siglo XIX. La Organización Mundial de la Salud (OMS) diseñó una estrategia para conseguirlo en 1955, pero 14 años después asumió que no existían ni los conocimientos técnicos ni las herramientas ni la capacidad para lograrlo. Así que, con ese mismo sueño en el horizonte, se propuso luchar contra el paludismo con enfoques más realistas, como reducir las muertes y los casos en los países más afectados. En este medio siglo la ciencia ha progresado y ahora un grupo formado por algunos de los más notables malariólogos del planeta acaban de publicar un informe en la revista The Lancet en el que aseguran que se puede terminar con la enfermedad en 2050.

El objetivo final es el mismo que el de la OMS. A diferencia del órgano de las Naciones Unidas, la Comisión de erradicación de la malaria de The Lancet —formada por científicos, economistas y expertos en política sanitaria con el apoyo de la Fundación Bill y Melinda Gates— asegura que no solo es posible alcanzarlo en prácticamente una generación, sino que la estrategia debe ser justamente esta: poner todos los recursos y medios para acabar con la malaria en un plazo de tres décadas.

Tras dos años de estudio, han diseñado modelos matemáticos que muestran que reforzando los avances actuales, la mejora de los sistemas sanitarios, la higiene y el desarrollo de los países, para 2050 quedarían simplemente algunas bolsas de malaria en los países que hoy son más endémicos (sobre todo en África subsahariana). Pero que estas podrían erradicarse por completo siempre y cuando se dieran cuatro premisas: “Mejorar la gestión operativa, usar mejor las tecnologías existentes, desarrollar nuevas e invertir más dinero”. No solo concluyen que la eliminación de la malaria es posible y abordable desde el punto de vista económico, sino que la alternativa, es decir, no lograrlo, “es insostenible”.

Calculan que son necesarios unos 2.000 millones de dólares (algo más de 1.800 millones de euros) adicionales cada año para conseguir la meta. Esto supondría un incremento de alrededor del 50% con respecto a lo que ya se invierte. Es un esfuerzo que piden principalmente a los países endémicos, que deberían cubrir 1.500 millones, frente a unos 500 de los donantes. Es una “buena inversión” porque más allá de resolver un problema de salud crítico, mejoraría la educación, la productividad y la economía de los países afectados. Una vez erradicada, sus gobiernos podrían dedicar los fondos a mejorar las vidas de sus ciudadanos por otras vías.

La malaria ayer y hoy

A principios del siglo XX, poco después de identificar la malaria, prácticamente los 200 países que existían por entonces eran endémicos de malaria. En 2017, según las últimas cifras oficiales, 86 países reportaron un total de 219 millones de casos y 435.000 muertes; mientras en el año 2000 se estimaron 262 millones de infecciones y 839.000 fallecimientos. Sin embargo, el avance se ha frenado: entre 2015 y 2017, 55 países reportaron incremento de casos.

El dinero es condición necesaria, pero no suficiente para terminar por completo con la malaria. Según Pedro Alonso, director del programa de Malaria de la OMS, hoy día no tenemos las herramientas suficientes para decir que es posible terminar con la enfermedad en 2050. Los enormes progresos que se han hecho contra el paludismo desde el año 2000 (una reducción del 36% en los casos y del 60% en las muertes, ver cuadro) se han conseguido principalmente con medicamentos antimaláricos, mejor saneamiento e higiene, control de los mosquitos y redes impregnadas de insecticidas para evitar las picaduras nocturnas de las especies del Anophelles que transmiten al Plasmodium, el parásito de la malaria.

Este mismo lunes, unas horas después de la publicación del informe en The Lancet, el investigador español estaba a punto de reunirse con otro grupo de expertos, el de la OMS, más conservador a la hora de abordar el futuro de la enfermedad. “Ellos [The Lancet] dan un mensaje positivo de que se puede erradicar, quizás porque pueden lanzar una consigna más aspiracional. Nosotros somos un comité técnico, tenemos los pies en el suelo y somos más cautos. La erradicación es el objetivo final, pero centrémonos en reducir las más de 400.000 muertes y 200 millones de casos anuales”, declaraba a EL PAÍS.

El problema que ve Alonso en el informe es que una de las cuatro patas sobre las que se sustenta no existe. “El documento habla de nuevos avances, pero no sabemos si se van a producir. Tenemos una vacuna, pero es insuficiente; están experimentando con mosquitos modificados genéticamente, pero esto no ha demostrado nada”, reflexiona. Para mostrar la dificultad de terminar con una enfermedad, pone el ejemplo de la poliomielitis. En 1988 había en el mundo 300.000 casos. Entonces se lanzó la estrategia de erradicación, que se preveía para el 2000. Hoy, casi 20 años después, la enfermedad está al borde de la desaparición, pero persiste en algunos lugares. La diferencia entre unos pocos casos y ninguno es quizás el paso más complicado de dar. “Y en malaria ni siquiera estamos hablando de pocos, tenemos al año más de 200 millones”, insiste el responsable de la OMS.

Los expertos calculan que son necesarios unos 2.000 millones de dólares adicionales cada año para acabar con la malaria. Esto supondría un incremento de alrededor del 50% con respecto a lo que ya se invierte

Lo que para Alonso es un ejemplo de lo tremendamente complicado que supone llegar a cero casos en 2050, para los autores del informe de The Lancet es muestra de lo contrario: “Cuando los esfuerzos para erradicar la viruela y la polio se pusieron en marcha, el consenso global en sus perspectivas era menos robusto que el de la malaria hoy”. La viruela es una de las pocas enfermedades que el ser humano ha erradicado de la faz de la Tierra; lo logró en 1980, solo 14 años después de lanzar la estrategia de eliminación. Pero a diferencia de la malaria, entonces había una vacuna altamente efectiva contra la dolencia.

Por lo que dicen en la propia publicación, se podría decir que el optimismo de los investigadores de The Lancet se basa en su confianza en el avance científico: “Con una escalada de las intervenciones actuales y las tendencias globales estudiadas proyectamos un mundo en 2050 con escasas bolsas de la enfermedad. La pregunta clave es si esta trayectoria puede crear un mundo sin malaria en 2050 o antes. La respuesta de este informe es firmemente afirmativa […] basada en el balance de la evidencia y en la probabilidad de que se superen retos particulares”. El propio Comité reconoce que esto “no puede ser probado de una forma rigurosa o formal”, pero asegura que está “soportado por la evidencia” que presentan.

En opinión de estos investigadores, la erradicación es posible mediante una serie de acciones. Estas son las principales:

  1. Fortalecer el liderazgo y la responsabilidad a nivel nacional, regional y global. “Las plataformas regionales deberían ser respaldadas por los socios globales para fortalecer su compromiso y motivar de forma clara y energética a los líderes nacionales y subnacionales en todos los países endémicos”.

  2. Fortalecer la gestión. Hacen hincapié en la necesidad de mejorar la preparación de toda la cadena de la lucha contra la malaria, desde las universidades hasta los centros de salud.

  3. Usar y compartir datos. La comisión de The Lancet prevé que la revolución de los datos digitales transformará el escenario en los próximos cinco o 10 años, lo que mejorará la coordinación de todos los actores en la lucha contra el paludismo.

  4. Abordar las áreas más problemáticas ahora. “Centrarse en los lugares más endémicos es importante para empezar a bajar los casos y para crear grandes zonas de prueba para explorar los límites de las herramientas actuales”.

  5. Vigilancia y respuesta como estrategia central. Los científicos ven esto particularmente importante en los casos en los que la malaria es menos frecuente, para erradicar brotes, y para monitorizar las resistencias a los antibióticos del parásito y a los insecticidas de los mosquitos que transmiten la enfermedad.

  6. Respuesta público-privada. Los expertos apuntan que a menudo toda la carga de la lucha contra la malaria reside en los sistemas públicos y piden colaboración de los privados.

  7. Priorizar inversiones en investigación y desarrollo. Reconocen que son necesarias nuevas herramientas. Hay cuatro a las que otorgan especial importancia: la tecnología de la información y los datos; diagnóstico, medicamentos y control del mosquito; resolver problemas operativos y la tecnología genética.

  8. Desarrollar y comprometerse con un calendario de erradicación. Para que el sueño de acabar con la malaria se cumpla, el informe señala que para 2030 ya debería estar eliminada de la mayoría de los países de fuera de África.

En opinión de Regina Rabinovich, directora de la iniciativa para la erradicación de la malaria del instituto de salud ISGlobal, impulsado por La Caixa, las dos visiones (la de la OMS y la de la Comisión de The Lancet) no son tan diferentes: «El problema sigue siendo muy difícil y no sabemos qué estrategia va a funcionar. Ambos llaman a la innovación, piden que los investigadores creen herramientas nuevas y nunca se sabe cuándo esto se puede alcanzar. Por eso uno es más conservador, diciendo que los países tienen que trabajar en erradicar la malaria, pero que no podemos tener una fecha».

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Erradicar el ébola llevará más que tomar una simple pastilla (parte 1/2)


Según investigadores médicos, dos medicamentos experimentales utilizados para tratar el virus del Ébola en la República Democrática del Congo (RDC) están funcionando. Las personas infectadas que tomaron los medicamentos como parte de un ensayo sobrevivieron a tasas de entre 66 % y 71 %, en comparación con el 30 % de los que no fueron vacunados y no recibieron medicamentos. El 90 % de los pacientes que recibieron tratamiento dentro de los primeros días de mostrar síntomas sobrevivieron. Estas terapias tienen el potencial de transformar el Ébola de una sentencia de muerte casi segura en una enfermedad complicada pero que puede ser superada.

El Congo se está viendo especialmente beneficiado. El país ha experimentado diez brotes de Ébola desde 1976, y sus autoridades sanitarias son expertas en identificar y aislar a los individuos infectados, rastrear y monitorear las redes de exposición, y controlar la propagación del virus. Sin embargo, como ha demostrado el brote actual en la provincia oriental de Kivu del Norte, ninguna medida de preparación médica puede superar las dificultades de combatir un brote en condiciones de inseguridad.

En los últimos 12 meses, más de 2.000 pacientes han muerto en el este del Congo, una región que ha sido sacudida por la inestabilidad continua durante las últimas dos décadas. Este brote de Ébola es el segundo más mortífero de la historia, eclipsado sólo por el que se cobró más de 11.000 vidas en África Occidental entre 2014 y 2016. Y el virus sigue propagándose: los profesionales del sector de la salud confirman que, de promedio, se detectan 81 nuevos casos cada semana, según los datos ofrecidos por la Organización Mundial de la Salud.

El Ministerio de Salud del Congo y la Organización Mundial de la Salud han liderado la respuesta internacional al brote, y sus medidas han demostrado ser cada vez más eficaces. Pero las nuevas terapias con medicamentos no pueden detener por sí solas esta o cualquier epidemia futura. La erradicación del Ébola en el Congo requerirá el fomento de la confianza pública entre los congoleños y el trabajo con las organizaciones comunitarias a fin de llegar a las poblaciones vulnerables y superar los problemas de gobernanza.

El Kivu Norte se encuentra en el extremo oriental del Congo, a lo largo de las fronteras con Uganda y Ruanda. La región fue el epicentro de dos grandes guerras que atrajeron a muchos de los vecinos del Congo a finales de la década de 1990 y principios del año 2000. Un acuerdo de paz de 2002 puso fin oficialmente a esos conflictos, pero no tuvo en cuenta las disputas locales sobre la tierra y los derechos de ciudadanía en la región, por lo que el Kivu sigue estando plagado de violencia. Según los investigadores de la Universidad de Nueva York, actualmente hay unos 130 grupos armados activos sólo en las provincias del Kivu Norte y Kivu Sur. El número y la naturaleza de estos grupos cambian constantemente, pero forman parte de una inseguridad que se mantiene presente desde que comenzaron las guerras en 1996.

El grupo llamado Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF) plantea un problema especialmente grande para las misiones de respuesta al Ébola. Activo en el territorio del Beni, en el Kivu Norte, que es el más afectado por el brote, las ADF aterrorizan a los civiles mediante asesinatos y saqueos. Junto con otros grupos armados como el Mai Mai Mazembe —una coalición de milicias en la región—, las ADF han convertido a Beni en uno de los lugares más violentos del Congo, donde se calcula que se producen el 31% de todos los asesinatos de civiles en la región.

La violencia ha limitado gravemente la respuesta a la enfermedad. Para contener una epidemia, el personal médico debe ser capaz de identificar rápidamente las infecciones, aislar a los pacientes en instalaciones médicas seguras y rastrear los contactos de los pacientes. Además, necesitan trasladar el equipo, los medicamentos y las vacunas a las áreas afectadas. Todas estas tareas se ven complicadas por los grupos armados, que mantienen bloqueos de carreteras para recoger sobornos, atacan las instalaciones médicas para saquear medicamentos y otros suministros, y secuestran a las personas que viajan a través de las zonas que controlan.

Al mismo tiempo, la inseguridad acelera la propagación de la enfermedad. Según el Centro de Vigilancia de los Desplazamientos Internos, un grupo con sede en Ginebra que realiza un seguimiento de las personas que huyen de sus hogares pero se quedan en su país, más de tres millones de congoleños se encuentran actualmente desplazados como consecuencia del conflicto. Otros 850.000 congoleños son refugiados en otros países africanos, según las Naciones Unidas. Todo este movimiento aumenta el riesgo de transmisión del Ébola, e incrementa la dificultad que encuentran los trabajadores a la hora de determinar quién puede haber estado en contacto con el virus. Si alguien infectado con el Ébola se encontrara entre los que huyen a través de las fronteras a campos de refugiados, o con familiares y amigos en ciudades lejanas, las autoridades sanitarias tendrían muchas dificultades para encontrarlos antes de exponer a otros a la enfermedad. Y debido a que los síntomas tardan hasta tres semanas en presentarse, una persona infectada con el virus sin saberlo podría fácilmente viajar, enfermar e infectar a otros. Este escenario se desarrolló en julio, cuando un religioso que había llevado a cabo servicios de curación en Butembo —una ciudad con muchos casos de Ébola— tomó un autobús a Goma, y luego enfermó. Las autoridades han monitoreado a sus compañeros pasajeros de autobús para prevenir la propagación de la enfermedad.

Fuente: Foreign Affairs

[Edición y traducción, Álvaro García López]

[Fundación Sur]

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¿Por qué no hay aún una vacuna para el VIH?

A pesar de los enormes avances en el tratamiento y la prevención del VIH/SIDA en las últimas décadas, sigue siendo difícil conseguir una vacuna eficaz, y se necesita urgentemente para acabar con esta pandemia mundial que mata a más de 700.000 personas cada año.

El sida está causado por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), y es una de las tres grandes enfermedades que afectan a la gente en países en desarrollo, junto con la tuberculosis y la malaria. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 37,9 millones de personas en todo el mundo viven con la enfermedad, y de ellas, 23,3 millones tienen acceso a terapias antirretrovirales (TAR), el mejor tratamiento actualmente disponible. Esto representa un incremento de 2,3 millones de personas que reciben TAR desde 2016, según la actualización mundial de 2018 de ONUSIDA. Pero avisa de que “el aumento del acceso al tratamiento no debería darse por sentado”.

El problema es que aparecen nuevos contagios todo el tiempo: al menos 1,7 millones más cada año, de los que 160.000 son en niños menores de 15 años. Glenda Gray, presidenta del Consejo de Investigación Médica Sudafricano (SAMRC por sus siglas en inglés), explica a SciDev.Net: “La única manera de controlar o eliminar una enfermedad es con una vacuna. Una vacuna será más barata que cualquier otra intervención, y necesitamos una porque seguimos sin estar más cercar de controlar el VIH. No estamos alcanzando todos los objetivos ni a escala mundial ni local”.

El problema es que aparecen nuevos contagios todo el tiempo: al menos 1,7 millones más cada año, de los que 160.000 son en niños menores de 15 años

Larry Corey, el investigador principal de la Red de Pruebas de Vacunas contra el VIH (HVTN por sus siglas en inglés), destaca la magnitud de la epidemia mundial. “El VIH sigue siendo la pandemia de nuestra época; 5.000 personas se contagian cada día”, señala.

Los investigadores como Corey trabajan en el desarrollo de una vacuna contra el VIH desde la década de 1980, y aunque se han realizado avances significativos, todavía no hay una protección que funcione y que pueda distribuirse en todo el mundo.

¿Por qué es tan difícil encontrar una vacuna?

La mayoría de las vacunas eficaces utilizan anticuerpos para neutralizar las infecciones víricas. Pero los científicos han visto que esto no funciona con el VIH porque el virus se reproduce y muta demasiado rápido para que los anticuerpos sean eficaces. Las investigaciones también han demostrado que existen diferentes subtipos de VIH extendidos por todo el mundo: aunque el subtipo B es común en Norteamérica y Europa, el subtipo C predomina en el sur y en el este de África.

Además, el virus ha evolucionado y es capaz de ocultarse dentro de células que aparentemente no están infectadas eliminando las respuestas inmunológicas en una etapa inicial de la enfermedad. Gray añade que, además, su diversidad genética es mayor que la de cualquier otro patógeno conocido hasta la fecha.

“El VIH sigue siendo la pandemia de nuestra época; 5.000 personas se contagian cada día”

“El VIH ha sido un virus muy difícil”, asegura Corey, un experto en virología. “Se esconde mejor que ningún otro virus que hayamos visto nunca. Es muy inteligente y utiliza distintos mecanismos para burlar al sistema inmunológico y no desaparecer. Es más eficaz que cualquier otro virus”.

Aunque se han utilizado modelos animales de manera generalizada para investigar la eficacia de las vacunas, estos modelos normalmente son caros y no garantizan que los fármacos funcionen con los seres humanos. El virus del VIH, debido a su diversidad genética, puede provocar infecciones persistentes contra las que nuestro sistema inmunológico no es capaz de luchar, por lo que una vacuna tiene que hacerlo mucho mejor que nuestros cuerpos.

La investigación se ha centrado en entender qué tipo de respuestas inmunitarias tienen que producirse para ganar la batalla contra la enfermedad. La idea es trabajar con anticuerpos que sean capaces de identificar y atacar al virus antes de que infecte de manera generalizada al cuerpo. En otras palabras, se trata de identificar cuáles son los puntos débiles del virus a los que una vacuna pueda atacar para ser eficaz.

No hay modelos humanos que muestren que existe una cura para el VIH, y eso es un obstáculo más. “Una de las razones por las que no hemos conseguido una vacuna es que ningún ser humano se ha curado nunca del VIH”, explica Corey. “Cero entre 72 millones. En cada enfermedad contagiosa hay al menos alguna persona que se cura sola, pero no es el caso con el VIH”.

Los ensayos y sus promesas

Los grandes ensayos clínicos para probar la eficacia de las vacunas contra el VIH empezaron a dar resultados en 2003, y aunque todavía no haya una vacuna lista, se han logrado avances importantes.

Se han probado más de 100 vacunas en seres humanos, y el mayor logro hasta el momento es la prueba RV144, también conocida como el “estudio tailandés”. La investigación mostró los primeros resultados prometedores de una vacuna experimental, pero su éxito fue parcial: los participantes tenían un 60% menos de posibilidades de contagiarse en los primeros meses después de ser vacunados, pero este porcentaje descendía al 50% después de tres años y medio.

Linda-Gail Bekker, la expresidenta de la Sociedad Internacional del Sida, declaraba a SciDev.Net: “Lo importante es que sabemos que se puede lograr [una vacuna]… La vacuna tailandesa nos ha enseñado eso. Ahora también hemos descubierto maneras de conseguir y crear anticuerpos que pueden unirse al virus y neutralizarlo de una manera muy eficaz”.

Se está probando una versión modificada de la vacuna tailandesa en un estudio de fase 3 a gran escala en el sur de África, y se espera que reduzca el riesgo de contagio al menos un 50% y aumente su periodo de protección. Los resultados se publicarán hacia 2021.

Se han probado más de 100 vacunas en seres humanos, y el mayor logro hasta el momento es la prueba RV144, también conocida como el “estudio tailandés

Otro reciente y prometedor avance se anunció en julio durante la 10ª Conferencia Internacional sobre el Sida en Ciudad de México: la vacuna Mosaico, llamada así porque está formada por diferentes cepas del virus. La vacuna ha demostrado que es eficaz en pruebas con mujeres en África, y se estudiará más adelante en hombres que hayan practicado sexo con hombres (HSH) y en poblaciones transexuales en Estados Unidos, Argentina, Brasil, Italia, México, Perú, Polonia y España.

Mosaico es la mejor vacuna que hemos visto para proteger animales. Ahora tenemos que ver si funciona en seres humanos”, señala Corey.

Bekker, subdirectora del Centro para el VIH Desmond Tutu, cree que esta vacuna debería tener un efecto mundial si funciona. Aunque los investigadores de la Mosaico se muestran moderadamente optimistas en cuanto a esta nueva vacuna “mundial”, otros han dicho que las expectativas deberían rebajarse porque el virus ha demostrado que es muy dinámico y capaz de cambiar rápidamente, evitando todas las respuestas inmunológicas.

Corey cree que en caso de que Mosaico no funcione, una alternativa podría ser el uso de anticuerpos monoclonales idénticos para ver si funciona mejor que la estrategia seguida con esta vacuna. “Vamos a analizar los datos para ver si es uno u otro, o si podría ser un poco de ambos. Por tanto, tenemos un enfoque alternativo”, añade.

Un reciente editorial en Nature concluye: “Al final, solo los estudios sobre la eficacia determinarán si alguno de estos prometedores conceptos es capaz de reducir los índices de contagio o los niveles de contagio preexistentes. Pero el desarrollo de estudios clínicos en fase inicial y el ritmo acelerado de aplicación en los centros de tratamiento son novedades muy prometedoras para este campo”.

El futuro del VIH

Sigue siendo fundamental encontrar al menos una vacuna parcialmente eficaz para la respuesta frente al VIH. Según Avert, una organización benéfica para la salud sexual mundial, la mejor manera de reducir los nuevos contagios sería mediante una combinación de profilaxis pre-exposición oral (PrEP por sus siglas en inglés), un tratamiento antirretroviral universal para las personas que ya viven con el VIH y una vacuna. “La perspectiva de una vacuna para el VIH es más realista que hace una década, y los pronósticos más optimistas vaticinan que la vacuna podría estar disponible hacia 2030”, afirma la organización en su sitio web.

Aunque, históricamente, la investigación sobre el VIH ha recibido más financiación que cualquier otra enfermedad contagiosa, diferentes expertos han advertido de que la inversión continua se está viendo amenazada. “Casi todas las innovaciones relacionadas con las vacunas se producen en el sector público; las empresas farmacéuticas y biotecnológicas se mantienen al margen”, asegura Gray.

“El VIH se esconde mejor que ningún otro virus que hayamos visto nunca. Es muy inteligente y utiliza distintos mecanismos para burlar al sistema inmunológico y no desaparecer. Es más eficaz que cualquier otro virus”

“Es un negocio muy arriesgado y, por tanto, las empresas han renunciado a él”, añade Corey. Una de las excepciones ha sido el estudio Mosaico, una colaboración público-privada financiada principalmente por Janssen Vaccines & Prevention, con fondos del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Contagiosas de los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos y apoyado por el HVTN, con sede en el Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson en Seattle, que facilita su aplicación.

Según los cálculos de Corey, la inversión en investigación para una vacuna en Estados Unidos, el mayor inversor, recibe anualmente 700 millones de dólares del Gobierno y 250 millones de la Fundación Bill y Melinda Gates. “El Gobierno estadounidense y la filantropía son los que más nos han ayudado para llegar a un punto en el que al menos existe cierto optimismo para que se pueda desarrollar una vacuna contra el VIH”, señala.

Según ONUSIDA, se necesita urgentemente aumentar la investigación para encontrar una vacuna para el VIH. “Durante la última década, las inversiones se han mantenido constantes, aproximadamente 900 millones de dólares al año, que es menos del 5% de los recursos totales necesarios para hacer frente al sida”, afirmaba en una declaración en 2018.

“La vacuna para el VIH podría convertirse en realidad si se aumentasen las inversiones en la investigación, diversificando la financiación y captando a los mejores científicos de todo el mundo”. 

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La epidemia de opioides de la que no se habla

Ayao* es un chico de 15 años alto y robusto. Como tantos jóvenes de su edad, cuida mucho su aspecto. Lleva una camiseta blanca con un colorido diseño en el pecho, pantalones blancos y chancletas Kappa. Disfruta dedicando esfuerzo a acicalarse el pelo, cortado con estilo. Está en su dormitorio de la humilde casa de ladrillo de una sola planta de su familia en Lomé, capital de Togo; se mira a un espejo diminuto y hace muecas de dolor cuando el peine se enreda.

Ayao trabaja para una empresa de venta de agua potable. Se levanta a las cinco para cargar los triciclos de transporte con los pesados paquetes de bolsitas de agua que luego distribuye a las tiendas de la zona. Esta mañana, antes de empezar, se toma dos pastillas blancas de tramadol de 225 miligramos, según indica el envase.

El muchacho lleva cuatro años tomando entre 450 y 675 miligramos de este medicamento casi cada día. La dosis máxima diaria recomendada por los médicos es de 400. «Con él tengo la sensación de que puedo hacer cualquier cosa. Nada parece imposible», cuenta. «Si no lo tomo, no tengo fuerza. No me encuentro bien». Después de ingerir el medicamento, habla a tal velocidad que tartamudea y se le traban las palabras.

El fármaco también tiene otros efectos. Puede actuar como un tranquilizante, pero si se toma por vía oral a dosis lo bastante altas puede producir una sensación eufórica estimulante similar a la de la heroína.

Los refugiados del norte de Nigeria lo utilizan para aliviar el estrés postraumático. En Gabón se ha infiltrado en los colegios con el nombre de kobolo, provocando que los niños sufran ataques en clase, mientras que en Ghana está de moda el baile del tramadol, cuyos movimientos como de zombi se inspiran en la manera en que se comportan quienes se colocan con el analgésico.

Diversos músicos de Sierra Leona, Togo y Nigeria han escrito canciones sobre el medicamento, que también goza de popularidad en Malí, Níger y Burkina Faso. Los combatientes de Boko Haram y el Estado Islámico toman tabletas de tramadol, razón por la cual se las conoce como píldoras de los yihadistas.

Sin embargo, dado que el fármaco solo tiene alrededor de una décima parte de la potencia de la morfina, se considera que la probabilidad de que cree adicción es baja. En consecuencia, no está controlado internacionalmente por Naciones Unidas. En lugar de ello, cada país tiene que establecer sus propias normas para su producción, importación, exportación, distribución y uso.

La eficacia de estas normas es irregular, y en el norte y el oeste de África y Oriente Próximo el abuso de la sustancia está generalizado.

El tramadol puede actuar como un tranquilizante, pero si se toma por vía oral a dosis lo bastante altas puede producir una sensación eufórica estimulante similar a la de la heroína

Cuando Ayao empezó a tomar tramadol todavía iba al colegio. Recuerda que se encontraba cansado constantemente, mientras que algunos de sus compañeros estaban siempre en buena forma. «Los veía y me preguntaba por qué reaccionaban tan deprisa». Uno de ellos lo llevó a ver a una mujer mayor que vendía dulces, galletas y medicinas en una tienda minúscula cerca de allí. Compraron varias pastillas verdes y así empezó la adicción de Ayao. Le gustaba la sensación que le producía el fármaco. «Me sentía ligero y a gusto en mi cuerpo», recuerda.

Pero la realidad no era tan sencilla. El comportamiento del chico cambió. «Empecé a portarme mal en clase», confiesa. Perdió el respeto a los profesores, y al final, una discusión por un corte de pelo que no se atenía a las normas acabó con su expulsión. No lo admitirán en ningún otro centro público, y no tiene dinero para uno privado.

Como ya no puede ir al colegio (aunque, estrictamente, a su edad es obligatorio), la mayoría de los días trabaja. Entre semana reparte agua, y los sábados ayuda a su padre, que es albañil. Los domingos sale a correr y, por la tarde, a veces juega al fútbol con otros chicos del barrio. Actualmente necesita tomar tramadol para poder realizar todas estas actividades.

Sus padres saben que consume el medicamento. «Si es para trabajar, puede tomarlo, pero si no, ni hablar», zanja su madre. Aunque piensa que es bueno si ayuda a su hijo a ganar dinero, le preocupa que dependa de él. «Destruye a las personas. Lo veo. La gente se vuelve loca y hace cosas estúpidas».

Ayao, de 15 años, toma dos pastillas de tramadol de 225 miligramos antes de empezar a trabajar.
Ayao, de 15 años, toma dos pastillas de tramadol de 225 miligramos antes de empezar a trabajar. Nyani Quarmyne Panos para Mosaic

El padre de Ayao también trabaja como vigilante nocturno. Por eso compra las cápsulas azules de Ibucap —etiquetadas made in India y compuestas por ibuprofeno, paracetamol y cafeína— a uno de los incontables vendedores ambulantes de medicamentos que deambulan por las calles de Lomé. Las toma para aliviar los dolores que sufre después de una jornada de trabajo físico.

Para los padres de Ayao, tanto el tramadol como el Ibucap son medicamentos, y como no se consideran drogas como el cánnabis o la cocaína, no tienen la misma carga negativa. Ayao no es ni mucho menos el único que utiliza el tramadol con fines distintos de los médicos.

A unos cientos de metros de la playa cubierta de palmeras de Lomé, un hombre corpulento de mirada vacía holgazanea en la escalera de una tienda del Grand Marché. Cuando toma tramadol, una energía inhumana recorre su cuerpo como una flecha, cuenta, al mismo tiempo que señala un camión que pasa por la calle abarrotada. «Cuando un coche se acerca piensas que es un juguete que puedes coger tranquilamente con la mano, pero en realidad lo que se acerca es la muerte». Explica que ha sufrido más de una docena de ataques provocados por el fármaco.

Un conductor de mototaxi de 36 años cuenta que en una ocasión consiguió dejarlo durante tres meses. Le dolía todo el cuerpo

En otro barrio, todos los componentes de un heterogéneo grupo de conductores de mototaxi tienen alguna historia que contar. Hablan de que algunos compañeros chocaron con la moto sin siquiera darse cuenta de que estaban heridos porque no sentían dolor; de que pueden pasar un día entero sin comer; o de que mezclan el tramadol con bebidas energéticas, café instantáneo o sodabi, un licor de alta graduación destilado en la ciudad, para aumentar el efecto. Uno de los hombres pule obsesivamente su vehículo con un trapo y un cepillo de dientes. Aunque la moto ya centellea al sol, él sigue con la tarea. Quienes toman tramadol tienen un exceso de energía nerviosa y no pueden estar quietos.

Una trabajadora sexual que lo consume a diario desde hace dos años dice que le ayuda a atender a más clientes y a recorrer las calles toda la noche. Las pastillas de 225 miligramos ya no le hacen el mismo efecto que antes, pero no quiere aumentar la dosis. Ha visto lo que causa en otras compañeras. Algunas pierden el control, se ponen nerviosas y se pelean, mientras que otras se quedan dormidas mientras mantienen relaciones con un cliente. También sabe identificar cuándo los clientes están bajo los efectos del medicamento: «Están más cachondos y son más bruscos».

Las pastillas que toman estos consumidores con fines distintos a los médicos suelen ser de entre 120 y 250 miligramos, aunque hay quien habla de potencias de hasta 500. Compran blísteres sueltos a los vendedores ambulantes, pero también a las mujeres del mercado, a los traficantes y en los puestos de té y café de las calles por entre 250 y 500 francos (entre 35 y 80 céntimos de euro), dependiendo de la dosis. En Togo, el salario mínimo es de 35.000 francos (54 euros).

Un conductor de mototaxi de 36 años cuenta que en una ocasión consiguió dejarlo durante tres meses. Le dolía todo el cuerpo. «Fue una batalla mental, y la perdí», lamenta. Otros síntomas de abstinencia son la sudoración abundante, las dificultades para respirar, la ansiedad, los calambres de estómago y la depresión. Todas las personas de su entorno toman tramadol. Muchas quieren dejarlo, solo que no saben dónde encontrar ayuda.

En toda la zona, las escasas posibilidades oficiales que existen para los toxicómanos suelen estar integradas en los hospitales psiquátricos, pero el estigma que rodea al ingreso en una de estas instituciones es grande. Los afectados admiten que tal vez sean adictos, pero no son fous (locos).

Contrabando por doquier

En Togo, como en la mayoría de países, solo es legal la venta de tramadol con receta. Aunque hay farmacias que lo despachan sin prescripción médica, en África Subsahariana gran parte de la población compra las medicinas al margen de los canales oficiales. A menudo ni el vendedor ni el cliente saben realmente qué están vendiendo y comprando, sobre todo teniendo en cuenta que muchas veces las pastillas no contienen lo que dice la caja.

La causa es que la mayor parte del tramadol que se utiliza con fines distintos a los médicos no procede de fuentes farmacéuticas autorizadas, sino que se prepara a partir de píldoras sin licencia, falsificadas o de calidad inferior elaboradas originalmente en India y China, que luego se distribuyen de manera ilegal al norte y el oeste de África.

Ayao se toma un descanso tras un partido de fútbol.
Ayao se toma un descanso tras un partido de fútbol. Nyani Quarmyne Panos para Mosaic

«Hemos visto cómo aumentaban las incautaciones de tramadol en varios países, sobre todo los costeros, como Benín, Ghana, Costa de Marfil y Nigeria. El fármaco suele entrar en la zona a través de ellos», explica Jeffery Bawa, oficial del programa para el Sahel de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD). En 2018, solo en Nigeria se incautaron 6.400 millones de tabletas de tramadol.

El cargamento se distribuye a la zona desde los puertos de África occidental. Según el Informe Mundial sobre Drogas 2018 de la ONUDD, África del norte, central y occidental representan el 87% de las incautaciones de opioides farmacológicos del mundo, hecho que obedece casi en su totalidad al tráfico de tramadol.

A pesar de que en el pasado se realizaron grandes decomisos de varias toneladas en los puertos de Togo, en los últimos dos años no se ha registrado ninguno a esa misma escala. Por el contrario, las redadas en el mercado y contra los vendedores ambulantes de medicamentos ilegales han aumentado, lo cual ha empujado el tramadol a la clandestinidad.

«Hemos empezado a atacar, a reprimir y a incautar los productos ilegales que venden las bonnes dames [las vendedoras del mercado], y el fármaco está pasando a circular clandestinamente», reconoce Mawouéna Bohm, subsecretario permanente de la Comisión Nacional Antidrogas. «Es decir, las bonnes dames lo venden a clientes a los que conocen bien y que, además, llegan con un código secreto».

África del norte, central y occidental representan el 87% de las incautaciones de opioides farmacológicos del mundo, hecho que obedece casi en su totalidad al tráfico de tramadol

Las anécdotas que se cuentan por la calle lo confirman. «El tramadol significa problemas», admite un vendedor ambulante de medicamentos en el Grand Marché. «Si la policía descubre que lo tienes, mal asunto». Todo el mundo se ha vuelto más reservado. Incluso Ayao dice que nunca compra más de una o dos pastillas a la vez. «No me conviene que la policía me pille con ellas», confiesa.

La mano dura ha tenido como consecuencia un fuerte aumento de los precios en los últimos meses. Si antes una cápsula de 120 miligramos costaba unos ocho céntimos de euro, ahora puede llegar a costar seis veces más. Las pastillas de 225 o 250 miligramos se venden hasta por 80 céntimos.

La vecina Ghana también ha tomado medidas para combatir el consumo de tramadol en sus calles a raíz de la intensificación del problema en 2017. Actualmente, el fármaco es una sustancia controlada a escala nacional. Además de endurecer la vigilancia policial, el país ha formado personal contra los delitos farmacéuticos en todo su territorio, de manera que «la policía intervenga contra los fármacos de imitación con la misma urgencia que lo hace cuando se trata de armas», explica Olivia Boateng, jefe del Departamento del Tabaco y Substancias Adictivas de la Autoridad para la Alimentación y los Medicamentos de Ghana. A través de campañas y actividades educativas, las autoridades ghanesas también enseñan a la población que se trata de una sustancia que tiene consecuencias para la salud. «Las valoraciones que estamos recibiendo dicen que el abuso del tramadol está descendiendo considerablemente», afirma Boateng.

Pero la corrupción, la permeabilidad de las fronteras y la libre circulación de personas representan un desafío en toda África occidental. Según Boateng, la mayoría de vendedores ambulantes de medicamentos detenidos durante la operación en Ghana procedían de Níger, Nigeria y Togo. «Transportaban el tramadol en motocicletas por rutas no autorizadas. También incautamos un camión que llevaba tramadol escondido en el cargamento de otros productos no farmacológicos».

Egipto se enfrenta a problemas similares, y en los últimos años ha sometido el analgésico a un estricto control nacional. Aun así, las incautaciones de tramadol sin licencia han seguido siendo importantes. En 2017, más del 60% de los pacientes atendidos en un centro público contra las adicciones todavía declaraban que era la sustancia que consumían con más frecuencia. En respuesta, el país pidió que el medicamento se controlase a escala internacional.

En África Subsahariana gran parte de la población compra las medicinas al margen de los canales oficiales

Sin embargo, en marzo de 2019 la Comisión de Estupefacientes de Naciones Unidas se negó a añadirlo a su lista de sustancias fiscalizadas, ya que le preocupaba que los controles internacionales dificultasen el acceso al fármaco a las personas de países de bajos ingresos que de verdad necesitan el analgésico.

Aparte de esto, en África occidental existe un problema que afecta a la capacidad de desarrollo. «En Ghana, el número de médicos formados en administración de cuidados paliativos es lamentablemente insuficiente», declara Maria-Goretti Ane Loglo, abogada ghanesa, consultora regional del Consorcio Internacional sobre Políticas de Drogas, y asesora en la materia de los Gobiernos de África occidental. «Las leyes son estrictas, y los médicos tiene miedo de prescribir morfina por si acaso algo sale mal y tienen que enfrentarse a las consecuencias».

Aunque en el horizonte no se divisa una legislación mundial, la cooperación interregional relacionada con el fármaco está aumentando. El año pasado, India adoptó medidas para controlarlo en virtud de la legislación sobre estupefacientes, lo cual otorgó a las autoridades el poder de enfrentarse a la elaboración ilegal y el tráfico. Por otra parte, en mayo la ONUDD y la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes organizaron una reunión trilateral entre India, Ghana y Nigeria para decidir qué hacer frente al tráfico de tramadol.

Sin embargo, Ane Loglo, consultora regional del Consorcio Internacional sobre Políticas de Drogas, no es tan optimista con respecto al control. Desde su punto de vista, las campañas, la educación y la cooperación entre organismos ‒más que la represión, que empuja el fármaco a la clandestinidad‒ pueden ser eficaces. Pero, en su opinión, donde se necesita una perspectiva internacional es en el reconocimiento de que el tramadol no es más que una pequeña parte del problema mucho mayor que tiene la zona con los medicamentos falsificados, gran parte de los cuales son de calidad inferior. En África, los fármacos fraudulentos llegan a representar hasta el 30% de un mercado cuyo valor a escala mundial se calcula que alcanza los 200.000 millones de dólares. Incluso si el tramadol estuviese controlado internacionalmente y su flujo se cortase de raíz, mientras el mercado de las falsificaciones siga prosperando, lo único que pasará es que será sustituido por otra sustancia.

* El nombre ha sido modificado.

Esta es una versión editada de un artículo publicado en inglés por Wellcome en Mosaic y está republicado bajo licencia Creative Commons.

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