Cien bocas que alimentar ya

Al contrario de lo que muchos piensan, la desnutrición aguda no solo afecta a las áreas rurales de la franja del Sahel, donde este problema resulta endémico, sino que también está presente en muchas de las zonas urbanas de la región. Por ejemplo, es también crónica entre los niños menores de cinco años de la capital chadiana, Yamena, donde este año ha alcanzado proporciones alarmantes. En esta ciudad, de aproximadamente 1,5 millones de habitantes, en los últimos meses la situación se ha vuelto crítica.

El pasado 26 de julio, Médicos sin Fronteras (MSF), en asociación con el Ministerio de Salud de Chad, abrió un centro terapéutico nutricional en el vecindario de Ndjari. En él atendemos e ingresamos a niños de entre seis meses y cinco años que padecen desnutrición aguda severa y que tienen complicaciones médicas asociadas.

Los altos niveles de desnutrición aguda que se observan todos los años en Chad son el resultado de muchos factores diferentes y a veces muy complejos. En Yamena, este año el problema se ha visto amplificado por la disminución del poder adquisitivo de muchos ciudadanos (debido en parte al empeoramiento de la situación económica que siguió a la caída de los precios del petróleo), por un periodo especialmente duro de inseguridad alimentaria, y por una huelga en los servicios públicos que ha terminado también por afectar al sector de la salud. Las pocas instalaciones operativas de las que dispone el Ministerio de Salud ya estaban sobrepasando su capacidad y se estaban viendo abrumadas por la gran cantidad de niños con desnutrición severa que recibían, así que no nos ha quedado otra opción que la de actuar rápidamente para echarles una mano.

Hay muchas personas en situación de desempleo, los vendedores ambulantes y los migrantes estacionales se encuentran también sin trabajo, los empleados públicos y los oficinistas no reciben sus salarios o reciben solo parte de ellos… y todo esto se traduce en que hay muchas familias afectadas y no todas ellas tienen los medios necesarios para adaptarse a esta situación.

En Yamena, este año el problema se ha visto amplificado por la disminución del poder adquisitivo de muchos ciudadanos

“Mi esposo perdió hace poco tiempo su trabajo, aunque en realidad ya hacía siete meses que no le pagaban. Al final de cada mes, cuando acudía a recibir su salario, le decían siempre que volviera al día siguiente, que de momento no había dinero para él”, me explicaba Fátima, cuyo segundo hijo, Bathradine, está hospitalizado en el centro nutricional de MSF.

La familia de Fátima buscó nuevas oportunidades laborales en el sur del país, pero regresaron a Yamena con las manos vacías. Luego vendieron sus objetos de valor, alfombras, cortinas y tapetes, y aun así no reunieron dinero suficiente para pagar el alquiler. El dueño de su casa les confiscó las pertenencias que les quedaban.

“Cuando consigo reunir un poco de dinero, compro y vendo pequeños productos en el mercado para alimentar a mis hijos. No hay mucho para comer en casa ahora mismo: no tenemos arroz, ni harina; solo algunas patatas. Pero es lo que hay: con lo que tengo, no puedo comprar más”, me decía Fátima.

En apenas una semana ingresamos a más de 100 niños en nuestro centro nutricional de Ndjari. Cuando su estado mejora, les damos el alta para que puedan ir a casa, pero una vez allí necesitan continuar el tratamiento con alimentos nutricionales terapéuticos y hacerse reconocimientos médicos semanales en un centro de salud, como parte del programa médico-nutricional para pacientes ambulatorios que hemos abierto.

Un doctor examina a un niño con desnutrición en un centro de salud de MSF en Yamena, Chad.


Un doctor examina a un niño con desnutrición en un centro de salud de MSF en Yamena, Chad. MSF

El centro está dividido en diferentes espacios que permiten que los niños sean atendidos de acuerdo con la gravedad de su estado. Por ejemplo, tenemos una unidad de cuidados intensivos, donde estabilizamos a aquellos que vienen en un estado más crítico y que requieren de una supervisión médica constante. Son los que están demasiado débiles como para tragar los alimentos por sí mismos y por eso les introducimos una sonda en la nariz que les lleva la comida directamente hasta el estómago.

Algunos reciben también asistencia respiratoria y líquidos por vía intravenosa. A esta edad, los menores son muy frágiles y lo peor puede pasar muy rápido, así que tenemos que actuar siempre con la mayor diligencia posible. Una vez que los pacientes se estabilizan y recuperan el apetito les damos alimentos terapéuticos, como fórmulas de leche preparadas por nutricionistas o pasta a base de cacahuete. Paralelamente, continuamos tratándolos de cualquier otra enfermedad o complicación que tengan.

A unos 30 metros del centro de alimentación terapéutica de MSF, en lo que se conoce como tierra de reserva, hay varias cabañas fabricadas con chapas metálicas, con pedazos de automóviles viejos y con otros materiales reciclados. Son tierras incautadas por las autoridades para darles algún tipo de uso en el futuro en las que las personas cuyas propiedades han sido expropiadas, quienes llegan del campo buscando trabajo en la capital y otros que no tienen medios para instalarse en otro lugar, construyen asentamientos temporales.

Unos días pueden significar la diferencia entre la vida o la muerte para un niño con desnutrición

Zenaba, una joven de unos 20 años, lleva viviendo dos allí desde que dejó Mongo, una pequeña ciudad en la región de Guera, en el centro de Chad. “Somos agricultores“, me decía. “Las lluvias destrozaron las cosechas, así que vinimos a Yamena para tratar de encontrar trabajo y poder alimentar a nuestros hijos. Desde que llegamos, mi esposo ha trabajado como obrero en la construcción y también en mercados, cargando y descargando sacos de harina. Sin embargo, últimamente no ha encontrado nada. Hace unos días se fue a buscar trabajo en Abeche [la cuarta ciudad más grande de Chad, en el este del país]”.

Dentro de su choza, Zenaba cuida a su bebé de dos meses: “Di a luz gemelos, pero solo me queda un bebé. El otro no sobrevivió. Trabajo en casas particulares: limpio y lavo la ropa. Así es como trato de alimentar a mi familia, pero la verdad es que durante mi embarazo me resultaba muy difícil poder hacer nada”.

Acceso muy limitado a la atención sanitaria

Las dificultades económicas no son la única razón de los alarmantes niveles de desnutrición que estamos viendo entre los niños de Yamena.

El otro día hablaba con Hajja, una madre cuyo bebé de 18 meses ha sido también ingresado en el centro de alimentación terapéutica de MSF. Ella sí dice tener los medios económicos para alimentar a su hijo, pero su mayor desafío fue encontrar un centro de salud que lo pudiera tratar cuando enfermó. “Adoudou comenzó a tener fiebre y luego diarrea”, me explicaba. “Lo llevé al hospital y allí pagué su tratamiento y los medicamentos. Unos días después de que le dieran el alta, se puso muy mal de nuevo. La clínica de nuestro vecindario está cerrada porque el personal está de huelga, así que fui a otra y me dijeron que el niño podría estar desnutrido, pero que no era un buen día para atenderlo. Finalmente, me remitieron al centro de salud de Ndjari, y ahora, después de todo este periplo, hemos llegado hasta el hospital de MSF”, suspiraba.

Hawraa, de 27 añsos, tiene dos hijas, y una de ellas sufre malnutrición aguda severa con complicaciones médicas.


Hawraa, de 27 añsos, tiene dos hijas, y una de ellas sufre malnutrición aguda severa con complicaciones médicas. MSF

En Yamena hay aproximadamente 60 centros de salud. De ellos, al menos 25 tienen una unidad de alimentación terapéutica para niños que padecen desnutrición aguda y que aún no han desarrollado complicaciones que requieran hospitalización. Salvo las seis unidades apoyadas por Alima/Alerte Santé, que operan de lunes a viernes, la mayoría de las otras, cuyo suministro depende de Unicef, solo realizan consultas de seguimiento y distribuyen raciones de alimentos terapéuticos una vez a la semana. Eso hace que los niños tarden demasiado tiempo en acceder al tratamiento. Y en esta edad tan crítica, unos días pueden significar la diferencia entre la vida o la muerte.

Tenemos que tener en cuenta que cuando un niño se encuentra gravemente desnutrido, sus funciones metabólicas y su sistema inmunitario se ven rápidamente afectados. Por eso pueden contraer fácilmente infecciones o sufrir complicaciones que pueden ser fatales”, me insistía el otro día Patient Kighoma, el director del hospital de MSF. “Debemos aumentar la capacidad de hospitalización, como lo hemos hecho con la apertura de emergencia del centro de pacientes hospitalizados de Ndjari, pero es crucial que también hagamos todo lo posible para garantizar que los niños con desnutrición sean atendidos a tiempo en los centros de salud antes de que desarrollen complicaciones”.

Y en eso estamos ahora: en la última semana hemos comenzado actividades médico-nutricionales en otros dos centros de salud de Yamena y nos estamos preparando para expandir aún más este tipo de actividades en otros centros de la ciudad.

Anaïs Deprade es responsable de comunicación para Chad de Médicos sin Fronteras.

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La mitad de las vacunas se echa a perder, pero podremos evitarlo


A lo largo de los años las vacunas han evitado innumerables casos de enfermedades y han salvado millones de vidas. Enfermedades infecciosas como la polio, el sarampión, la difteria, la tosferina, la rubeola, la viruela, las paperas, el tétanos y el rotavirus eran comunes en todo el mundo. Las vacunas actuales pueden prevenirlas.

Pese a ello, uno de cada cinco niños en el mundo no ha recibido ni siquiera las vacunas más básicas. Además, casi 20 millones están en riesgo de contraer enfermedades prevenibles porque no reciben vacunas suficientes. La consecuencia es que todos los años mueren cerca de 1,5 millones de niños por enfermedades que se pueden prevenir mediante una buena cobertura de vacunaciones.

Una de las razones principales que explican estos datos es la existencia de muchas zonas rurales en el mundo que carecen de un suministro de energía fiable. Para que sean eficaces, se deben mantener a determinadas temperaturas, por lo general refrigeradas. Pero sin electricidad no es posible garantizar las condiciones de la cadena de frío.

Una cadena de frío es una cadena de suministro a temperatura controlada que abarca desde el momento en que se produce la vacuna hasta que se administra. La cadena de frío conserva las vacunas a temperaturas entre dos y ocho grados. Un corte de energía puede hacer que la vacuna pierda su eficacia.

Sin acceso a la red de energía eléctrica

La Alianza para Vacunas e Inmunización estima que solo el 10% de los establecimientos sanitarios de los países más pobres del mundo disponen de un suministro eléctrico fiable. Por ejemplo, en Uganda, más del 70% de los establecimientos sanitarios carecen de acceso suficiente a la red de energía eléctrica.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que en el mundo cada año posiblemente se eche a perder más del 50% de las vacunas debido a problemas relacionados con el control de la temperatura, la logística asociada y los envíos.

La mayoría de las directrices de los gobiernos recomiendan que se descarten las vacunas que puedan haber estado expuestas, pero este consejo puede conllevar un coste muy elevado. En 2011, según datos de UNICEF, se perdieron en cinco meses vacunas por valor de aproximadamente 1,5 millones de dólares, a menudo debido a dificultades para mantener la cadena de frío en el recorrido hasta su lugar de destino remoto.

La OMS ha elaborado un conjunto de directrices destinadas a los gobiernos con el objetivo de reducir al mínimo la exposición a altas temperaturas si se produce un corte de energía.

Pero nuestra investigación revela que tales directrices no contienen instrucciones concretas sobre el modo en que los establecimientos sanitarios y las farmacias deben implantar sistemas de suministro de emergencia. Tampoco proporcionan ninguna lista de equipos normalizados que permitan prevenir los cortes de energía y hacerles frente. Sin embargo, estas medidas serían útiles en situaciones que podrían darse tanto en países desarrollados como en países en desarrollo. Nuestra investigación trata de remediar esta carencia.

Posibles soluciones

El transporte de las vacunas durante campañas que implican a miles de personas en zonas remotas supone una inmensa carga logística. Pero se pueden adoptar medidas de diverso tipo para que las vacunas no pierdan su potencia y para que no haya que sustituirlas, teniendo en cuenta el enorme coste que ello conlleva.

Estas son algunas de las acciones que se pueden llevar a cabo:

Directrices más adecuadas: esta propuesta se refiere a la formulación de protocolos más exhaustivos para los profesionales sanitarios. Tales directrices deben basarse en el ensayo sistemático de la estabilidad y la potencia de las vacunas y otros medicamentos en diversas condiciones.

Nuevos equipos: esta medida contempla el suministro de equipos alternativos capaces de mantener la temperatura en caso de que se produzca un corte de energía, como, por ejemplo, armarios frigoríficos alimentados con energía solar, refrigeradores de emergencia y registradores de datos. Estos equipos permitirán preservar los medicamentos y las vacunas termolábiles.

Ya se han producido algunos avances prometedores. Por ejemplo, se ha desarrollado un dispositivo de almacenamiento de vacunas, Arktek, para su uso en zonas remotas que no dispongan de un suministro de energía fiable.

Se trata de un dispositivo con una capacidad de aislamiento muy elevada que preserva la integridad de las vacunas manteniéndolas en hielo en su cámara interior. Puede mantener su contenido a temperaturas entre 0 °C y 8 °C durante un periodo de entre 30 y 60 días, en función de la temperatura exterior y la humedad. No necesita refrigeración alimentada con energía ni hielo adicional.

La Alianza para Vacunas e Inmunización estima que solo el 10% de los establecimientos sanitarios de los países más pobres del mundo disponen de un suministro eléctrico fiable

El dispositivo Arktek se ensayó con éxito y resultó de gran utilidad en las campañas de vacunación llevadas a cabo durante el brote de ébola de 2014 y tras el terremoto que sacudió Nepal en 2015.

Desarrollo de nuevas vacunas: esta medida consiste en el desarrollo de nuevas fórmulas que no exijan una refrigeración constante desde su fabricación hasta su distribución. Ya existen vacunas de este tipo; por ejemplo, las vacunas termoestables, que se pueden almacenar durante períodos más largos por encima de los 8 °C. Sustituir las vacunas normales por versiones termoestables rebajaría los costes y permitiría que las vacunas se usaran en condiciones difíciles.

Algunas vacunas existentes, como las de la hepatitis A y la hepatitis B, la difteria, el tétanos, el virus del papiloma humano (VPH) y el rotavirus y la vacuna inactivada contra la poliomielitis, presentan buenos perfiles de termoestabilidad. Se está trabajando para lograr que puedan usarse fuera de la cadena de frío tradicional.

Otras, como la vacuna contra el virus del Ébola, son actualmente objeto de investigación para aumentar su termoestabilidad. Este logro mejoraría considerablemente su administración durante los brotes, en particular en regiones tropicales donde la población vive en comunidades remotas que carecen de acceso a energía.

Asimismo, hay diversos equipos que investigan la forma de producir otras vacunas termoestables, como una vacuna contra la gripe. Y algunos informes indican que usar una vacuna meningocócica A que pueda almacenarse a temperaturas más altas de las habituales durante un tiempo limitado puede permitir que se ahorre el 50% de los costes de esta vacuna frente a las que exigen que se mantenga la cadena de frío durante el suministro y el almacenamiento.

Sustituir la actual vacuna oral contra el rotavirus por una fórmula termoestable también podría permitir un ahorro de hasta 10.945 dólares estadounidenses por cada 100 personas en Níger y podría aumentar la cobertura vacunal general del 46% al 58%.

Las ventajas que presentan las vacunas termoestables son indiscutibles. Pero existen enormes dificultades técnicas y reglamentarias. Por ejemplo, se precisa una gran cantidad de tiempo y recursos para demostrar que una vacuna sigue siendo eficaz después de estar expuesta a altas temperaturas, y los fabricantes necesitan estar seguros de que invertir los fondos necesarios para generar tales datos merece la pena.

El desarrollo de vacunas termoestables y el reetiquetado de algunas de las ya existentes para indicar que se pueden almacenar fuera de la cadena de frío durante un tiempo limitado contribuirán en gran medida a la administración de vacunas adicionales. También permitirán que se hagan importantes ahorros en materia de logística, en particular en equipos de la cadena de frío, y de desperdicio de vacunas.

Este artículo fue elaborado por Jackson Thomas, Gregory Peterson, Mark Naunton, Sam Kosari y Yap Boum y previamente publicado en The Conversation.


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El agua, epicentro del desarrollo


Más de 3.300 expertos, representantes de organizaciones y empresas debatirán acerca de ecosistemas, agua y buena gobernanza de estos recursos para el desarrollo humano hasta el próximo viernes. Lo harán en las casi 240 sesiones del evento anual organizado por el Instituto Internacional del Agua de la capital sueca (Siwi, por sus siglas en inglés).

Tres años después de que Naciones Unidas aprobara la Agenda 2030 para construir un mundo mejor, los organizadores de la Semana Mundial del Agua quieren comprobar los avances y los obstáculos para alcanzar las metas fijadas por el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 6: agua asequible y limpia para todos para 2030 y poner fin a la defecación al aire libre. Para avanzar, aseguran, será necesario adoptar un enfoque más integrado, que contemple varios ODS a la vez. En esta visión, el agua puede ser la clave para la implementación eficaz tanto de la Agenda 2030 como del Acuerdo de París contra el cambio climático, firmado en 2015.

La biodiversidad y las soluciones basadas en la naturaleza —tema escogido por la ONU para el Día Mundial del Agua de este año, celebrado el pasado 22 de marzo— también coparán la atención de los debates, con especial interés hacia la infraestructura verde (que aprovecha los sistemas y procesos naturales) y azul (vinculada al ciclo del agua).

En 2050, más de 5.000 millones de personas podrían verse afectadas por la falta de agua, debido al cambio climático, el incremento de la demanda de este recurso y la contaminación, según Naciones Unidas. Pero las infraestructuras basadas en la naturaleza pueden ayudar a mitigar este problema, mejorando el suministro y la calidad del agua y reduciendo el impacto de los desastres naturales.

Para lograr las metas fijadas en agua y saneamiento para 2030, según los organizadores del evento, hay que adoptar un enfoque más integrado, que tome en consideración varios ODS a la vez

España ofrece distintos ejemplos de su uso innovador, como el proyecto de Alcazarén-Pedrajas (Valladolid), un sistema de recarga gestionada del acuífero para hacer frente a la sobreexplotación del recurso ante la expansión de la agricultura. Aguas residuales, del río Pirón y de un canal se filtran a través de arena y, una vez purificadas, se utilizan para regar en verano alrededor de 400 hectáreas de cultivos, principalmente zanahorias, endivias y fresas.

El de Alcazarén-Pedrajas es uno de los 18 ejemplos de soluciones innovadoras para proteger las reservas de agua subterránea y hacer que las comunidades sean más resilientes ante el cambio climático que el International Water Management Institute, una organización sin ánimo de lucro de investigación científica centrada en el uso sostenible de la tierra y el agua cuya sede central se encuentra en Sri Lanka, presentará a lo largo de la Semana Mundial del Agua.

Etiopía, por ejemplo, ha buscado en la naturaleza la solución a los problemas derivados de la construcción de carreteras que, cuando está mal ejecutada, agrava las inundaciones y la erosión. La iniciativa Roads for Water usa las arterias de comunicación para recolectar el agua a través de zanjas de infiltración, estanques de almacenamiento y desviadores con el efecto de mitigar las inundaciones en las tierras bajas y ayudando a estabilizar las cuencas en las montañas. Este sistema, que se está exportando a otros 12 países, contribuye también a aumentar la productividad de los cultivos en áreas cercanas, al mismo tiempo que reduce los costes de mantenimiento de las carreteras.

La ciudad keniana de Kitui, 150 kilómetros al este de Nairobi, se encuentra en un territorio semiárido caracterizado por dos estaciones de lluvias que se alternan a un periodo seco en el que el agua escasea. Para responder a este reto el Gobierno planea construir 2.000 presas de arena para 2021, cada una de las cuales cuenta con una capacidad para almacenar hasta 10.000 metros cúbicos de agua al año.

Otro ejemplo llega de India, donde se ha puesto en marcha un proyecto piloto en la cuenca del río Ramganga (parte de la cuenca del Ganges) para almacenar el agua de las riadas en acuíferos y reducir el riesgo de inundaciones. Esta iniciativa permite desviar y acopiar cada año un máximo de 70.000 metros cúbicos de agua bajo tierra. Los agricultores pueden así cultivar hasta 35 hectáreas de tierras en la temporada de lluvias y 11 hectáreas en la estación seca.

En la Semana Mundial del Agua, se abordará también el problema de los microcontaminantes y la polución por plástico, que fue también el sujeto de la última Asamblea de Naciones Unidas sobre Medioambiente, que tuvo lugar el pasado diciembre en Nairobi (Kenia).

Los organizadores del evento insisten en que todos están llamados a contribuir ante los desafíos en el ámbito de agua y saneamiento, incluidas las empresas, recordando que las soluciones basadas en la naturaleza y las inversiones verdes pueden proporcionar beneficios económicos y sociales a la vez que mantienen la integridad del ecosistema o incluso mejoran las condiciones ambientales del entorno en el que se aplican.

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“Solo queda rezar mirando al cielo”

La abuela de Bouray Ba tiene 78 años y lleva toda su vida viviendo en Namarel. Asegura que cuando era pequeña el clima era mucho más benévolo, llovía y había pasto para los animales. Ahora, el terreno es cada vez más desértico y la subsistencia, por consiguiente, más difícil.

Las mujeres que se quedan al cuidado del hogar, el ganado y los niños viven de las reservas hasta que estas se agotan. “Luego, de la solidaridad de sus vecinos, y cuando ven que todos están en la misma situación, muchas madres se van a las ciudades a mendigar”, explica la reportera. En Níger, donde pasó el último tramo del mes de julio documentando la misma sequía, Arango se topó con un caso que la conmocionó: “Conocí a una madre que tenía 13 hijos, los tres últimos eran trillizos y el marido se había ido a Libia con intención de cruzar el Mediterráneo, pero no sabía si estaba vivo o muerto porque no había vuelto a tener noticias suyas”. Los trillizos tenían pocos meses y los tres padecían desnutrición aguda con complicaciones, según la fotógrafa. “Y la mujer se había visto obligada a pedir en la calle, pero claro, con los tres niños. Los hijos que iban delante, más mayores, le ayudaban a cargarlos, porque ella no podía sostenerlos y, encima, mendigar”.

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El acceso a servicios sanitarios centrará el debate del comité de la Organización Mundial de la Salud para África

Hoy se reúne el comité regional de la OMS para África, un órgano directivo que implementa estrategias para mejorar la situación de la salud en sus países miembros.
Senegal acoge desde hoy una nueva sesión (la número 68) del Comité Regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para África, que contará con la presencia de representantes de 47 estados de este continente.
Altos cargos de los ministerios de salud de los países representados debatirán sobre la situación de los servicios médicos y demás sistemas de este sector en África, poniendo especial énfasis en la crítica situación que vive gran parte de la población: tan solo el 49% tiene acceso a infraestructuras y servicios sanitarios. Un contexto que afecta de forma directa a la población más vulnerable (ancianos, niños y mujeres) y que para Anesvad es clave para lograr una adecuada estrategia de defensa y promoción de la salud en el continente.
Estas condiciones de desatención explican que sea tan complicado luchar en África contra Enfermedades Tropicales Desatendidas como la úlcera de Buruli, la lepra o el pian; trastornos cuyo diagnóstico y tratamiento se dispensan en centros de salud y que requieren de seguimiento por parte de personal sanitario.
Según fuentes de la OMS, uno de los compromisos que se pretende por parte de los gobiernos participantes en la cumbre es el de aumentar las inversiones en infraestructuras para garantizar agua potable, el saneamiento de las comunidades más vulnerables y la promoción de la investigación en cada nación.
Entre las recomendaciones que los expertos llevarán al encuentro destacan la aplicación de políticas farmacéuticas más rigurosas, lograr un mejor control de calidad de los productos médicos y garantizar la colaboración de estados, instituciones y organizaciones.

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Escasez de agua en Dakar


El Presidente de los consumidores de SOS, Massokhna Kane, estima que la empresa Senegalesas de Aguas, filial de Eranove, uno de los líderes mundiales de la gestión delegada de los servicios públicos, es responsable de la escasez de agua notada en Dakar desde hace algunos meses. Para él "esta sociedad no puede ni es capaz de proporcionar agua a su población". Declaró también que no es "normal culpar y achacar toda la responsabilidad a SONES" (Sociedad Nacional de Aguas de Senegal).

Ante esta situación, Kane ha descalificado a Sde y le pide al Estado que no renueve su contrato de concesión con dicha compañía. Para SOS, el Estado debe buscar empresas que tengan muchos más medios para garantizar la distribución del precioso líquido del agua y resolver definitivamente el problema de esta escasez.

Cheikhou Aidara

Fuente: seneweb.com

[Fundación Sur]


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La lepra aumenta y asola el centro y norte de Mozambique


La lepra, una enfermedad contagiosa pero curable, está aumentando en el país y quita el sueño a las autoridades sanitarias. La ministra del sector, Nazira Abdula, declaró que es necesario intensificar el tratamiento, sobre todo en las regiones más asoladas.

La enfermedad, que afecta a niños, adultos y ancianos, se produce mucho en las provincias de Sofala, Manica y Zambézia (centro), Cabo Delgado y Nampula (norte), según el Ministerio de Salud (MISAU) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) ).

El país fue declarado libre de la lepra en 2008. Sin embargo, después de algunos años, volvió a registrar focos de esta enfermedad. El grueso de los pacientes que padecen la enfermedad a que nos referimos se dirige al hospital con deformaciones físicas graves, por desconocimiento o negligencia en la disponibilidad del tratamiento.

El pasado miércoles 25 de julio, Nazira Abdula recibió en Maputo el Embajador de Buena Voluntad de la OMS para la Eliminación de la Lepra, Yohei SasaKawa..

La ministra mozambiqueña relató a los periodistas que la lepra, también conocida como Hanseniasis , es transmitida a través de secreciones de personas ya contaminadas, no tiene signos visibles, de ahí la necesidad de redoblar la atención hacia los primeros síntomas: manchas blanqueces en la piel y sin dolor.

Se aconseja que cualquier individuo que se presente en estas condiciones se dirija al hospital más cercano a su comunidad. De enero a junio de este año, el país registró más de 950 casos de lepra, contra cerca de 700 en 2016. En el total del año 2017, se registraron 1.926 pacientes de lepra en Mozambique.

Se recuerda que la lepra es contagiosa, pudiendo pasar de persona a persona a través de la saliva, así que se recomienda que el paciente leproso evite hablar, besar, toser o estornudar muy cerca de otras personas, mientras no inicie tratamiento.

Durante su visita al país, Yohei SasaKawa visitará la provincia de Nampula, considerada la más afectada por la enfermedad.

Fuente: Verdade

[Fundación Sur]


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Mutilar el dolor: mujeres etíopes luchan contra extirpación genital


La imagen de Marta Abarra, una joven de amplia sonrisa, recorre hoy portadas en la prensa: no es doctora, ni abogada, ni ingeniera pero, según expertos, podría ser uno de los símbolos del progreso en Etiopía.

La labor de Abarra por más de cinco años en la lucha contra uno de los mayores desafíos de esta nación: la mutilación genital femenina, ha dado resultados: en su cafetería en el sur etíope reúne casi a diario a cientos de chicas enfrentadas a la ablación del clítoris.

Según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), este es el segundo país de África con mayor tasa en ese mal, que afectó a 23,8 millones de niñas y está reconocido como una violación de los derechos humanos.

Además, la OMS indicó que secuelas como dolor y hemorragias prolongadas, infecciones, infertilidad, shock y, a veces la muerte acompañan a esa práctica.

A más largo plazo, las féminas enfrentan una vida de desfiguración y una serie de afecciones, que incluyen complicaciones urinarias y con el parto. Menstruación dolorosa, disfunción sexual y problemas psicológicos asociados.

La agencia no gubernamental Oxfam Intermón (OI), especializada en agua y saneamiento, introduce en sus proyectos el componente de género, promueve la igualdad, la formación y la sensibilización para abolir las agresiones contra el sexo femenino: de las bodas forzadas a la ablación.

‘En todos los programas, intentamos incorporar esa perspectiva, lo que nos permite asegurar que los proyectos benefician por igual a todos, y que ellas tendrán pleno acceso y control sobre los recursos y los beneficios que aporten a las comunidades’, apuntó Imma Guixé, directora de OI en Etiopía.

Guixé subrayó que todavía ‘existen barreras culturales, religiosas y de otros tipos, especialmente en el mundo rural, donde vive el 85 por ciento de la población, que limitan el progreso equitativo’.

Una de las cuestiones más preocupantes es la mutilación, prácticamente erradicada en los centros urbanos como Addis Abeba, pero muy extendida y aceptada en el interior.

Como en la aldea de Site, en Woleyta, donde Belinesh, de 20 años, relata el ritual al que las someten cuando son pequeñas: ‘De madrugada, cuatro mujeres te llevan debajo de un árbol, te cogen por la espalda, te sujetan las piernas y la encargada de hacerlo te corta con una cuchilla.

Después te ponen en la herida queroseno para frenar la hemorragia y mantequilla que actúa como barrera protectora’.

Los tipos I, II y III se practican dependiendo del área dónde vivan y la edad a la que se realiza. El objetivo es hacerla dócil, que no disfrute del sexo, que solo sea una máquina reproductora.

En realidad sufren con las relaciones sexuales. En unas zonas, consiste en un corte de la parte baja del clítoris a las adolescentes; en otras regiones, como Oromía, extirpan la totalidad y a una edad más temprana, hacia los cinco años, en otras áreas retiran parte de los labios menores y mayores.

Por ejemplo, en la región Somalí, también cierran la vagina mediante sutura dejando sólo una pequeña abertura y cuando se casan les arrancan el hilo.

El Código Penal del 2005 considera delito diferentes tipos de violencia de género. Para el caso de esta variante, fija penas de prisión de un mínimo de tres meses o multas a partir de 500 birrs (20 euros).

Para rapto, violación, forzar a una menor a casarse, las condenas superan los 15 años. El 17 por ciento de las etíopes contestó en una encuesta, citada por ONU Mujer, que su primera experiencia sexual fue obligada.

‘Es una prioridad el trabajo con el sexo femenino, especialmente en las zonas pastoralistas y rurales, ya que consideramos son las poblaciones expuestas a una mayor vulnerabilidad’, subrayó Abarra, la líder del club de muchachas sin mutilar.

Lamentó que ‘la contribución de su sector al desarrollo, pese a ser sustancial, continúa siendo invisible para las autoridades y la sociedad.

Un ejemplo claro lo tenemos en el ámbito agrícola, señaló: producimos el 80 por ciento de los alimentos destinados al consumo doméstico o a los mercados locales pero la gran mayoría no somos propietarias de la tierra.

Fuente:Prensa Latina

[Fundación Sur]


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De 15 pastillas a una para curar la malaria


Algunos científicos hablan del mayor avance de la malaria en las últimas décadas. La semana pasada, la Agencia Americana del Medicamento (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó el uso de un nuevo fármaco sobre el que se llevaba años investigando: la tafenoquina. Más allá de tratar efectivamente la enfermedad, los expertos apuntan a que puede ser una importante aliada en la estrategia para acabar con ella definitivamente.

Es útil contra la variedad Plasmodium vivax, muy frecuente en Asia y Latinoamérica. A menudo, el parásito queda latente en el hígado, lo que hace reaparecer la dolencia semanas o meses después de estar aparentemente curada. La nueva medicina consigue eliminarlo completamente, algo que ya sucedía con la que se venía utilizando: la primaquina, de la misma familia. La gran diferencia es que mientras esta última necesita 15 tomas, basta con una de la más reciente para acabar con el microorganismo que causa el paludismo.

“Es una enorme ventaja, porque el cumplimiento de los tratamientos es muy pobre, lo que se traduce en fallos terapéuticos y desarrollo de resistencias”, explica Javier Gamo, del departamento de enfermedades de países en desarrollo de GSK, la compañía que ha desarrollado el medicamento. Según explica, la sustancia se descubrió hace décadas, pero ha sido muy complicado ajustar las dosis para conseguir que sea efectiva con los mínimos efectos secundarios, algo que ha requerido de “múltiples ensayos clínicos”.

La sustancia se descubrió hace décadas, pero ha sido muy complicado conseguir que sea efectiva con los mínimos efectos secundarios

Como sucedía con la primaquina, la tafenoquina puede ser muy dañina para personas con deficiencia de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa, una característica genética que reduce la actividad de una enzima. A quienes la sufren, el fármaco les puede causar anemias severas que pueden incluso acabar con su vida. “La ventaja es que mientras se desarrollaba el fármaco también han avanzado los test para detectar esta deficiencia. Lo ideal es hacer una prueba rápida antes de tomar el fármaco: es lo que se recomienda en el prospecto. Esto suena muy bien sobre el papel, pero preocupa que en algunos países en desarrollo, donde es más necesario, no siempre se haga”, explica Quique Bassat, investigador en ISGlobal, centro impulsado por la Fundación Bancaria "la Caixa". “Dicho esto, es un avance enorme, porque se estaba tratando el vivax mal desde siempre: o no se hacía bien la pauta de tomas o no se recomendaba por miedo a estos efectos”, matiza.

El nuevo medicamento puede ser clave en las estrategias de erradicación de malaria. Más allá de curar a individuos, una de las herramientas para la erradicación de la enfermedad es emplear fármacos en las zonas endémicas: si el parásito es completamente eliminado del organismo, el mosquito —que es el que lo lleva de unas personas a otras con su picadura— no tiene con qué infectar. Y esto es justo lo que se consigue con una sola toma del nuevo fármaco. “Elimina la forma durmiente y los gametocitos, que es lo que el insecto transmite”, asegura Bassat.

Una vez que ha sido aprobada por la FDA estadounidense, es previsible que las agencias de medicamentos del resto del mundo comiencen a dar luz verde al uso del fármaco. Según Gamo, toda actividad de GSK en malaria está basada en el “no beneficio”. “Desde el principio se tienen en cuenta los costes de producción para poder implementar los tratamientos en países menos desarrollados, que son los que más necesitan”, asegura.

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La agricultura en África, clave para la paz


La gente de África importa. Importa para nuestro medio ambiente. Importa para nuestra economía. Importa para nuestro planeta. Después de haber viajado a través del continente para probar alimentos, reunirnos con agricultores, representantes de gobiernos y chefs, y cultivar conocimientos culinarios que han nutrido nuestras recetas, estamos seguros de que la gente de África importa aún más para poner fin a la pobreza y proteger nuestro planeta de los riesgos reales y actuales que trae el cambio climático.

En Nigeria, por ejemplo, comenzamos junto con Naciones Unidas, el Gobierno y el sector privado una iniciativa piloto liderada por el Fondo de Objetivos de Desarrollo Sostenible en Kaduna, al norte del país, para abordar el desperdicio de alimentos, el empleo juvenil y la seguridad alimentaria de una forma integrada.

Hemos visto cómo en África se está transformando la forma en que se ve la agricultura, en que se ve el medioambiente y en la que se ven los mercados y se gestionan los riesgos. En las regiones más desarrolladas del mundo necesitamos reflexionar sobre los alimentos que consumimos, de dónde provienen y qué significan como parte de nuestros esfuerzos globales para terminar con la pobreza en el año 2030. Y también acelerar el logro de los objetivos establecidos en el Acuerdo de París sobre cambio climático, como limitar el aumento de temperaturas a 2ºC, apoyando a quiénes viven en situaciones vulnerables a que adapten sus economías a la nueva realidad climática.

África necesita modernizar sus sistemas alimentarios. Esta modernización debe ocurrir a un ritmo acelerado para prevenir la propagación de enfermedades, reducir las muertes ocasionadas por hambrunas y evitar decisiones que podrían amenazar con desestabilizar la región.

¿Por qué importa tanto la agricultura en África?

Pensémoslo de esta manera. En Somalia se estima que 2,7 millones de personas enfrentarán crisis climáticas y escasez de alimentos por una reducción en la previsión de lluvias. Esto significa que podría aumentar las muertes infantiles y que más personas se verían obligadas a migrar o, en el peor de los casos, a unirse a organizaciones terroristas y criminales para sobrevivir. Si sufriéramos de hambre, ¿no haríamos lo mismo?

Entonces, ¿cómo podemos alcanzar esta meta? Para empezar, debemos considerar toda la cadena de valor que lleva los productos desde la tierra de cultivo al mercado. En Nigeria, por ejemplo, se pierde hasta un 75% de las 1,5 millones de toneladas de tomates cosechados cada año. Eso son muchos tomates desperdiciados.

Si bien África ha visto avances notables en la reducción de la pobreza, el crecimiento económico y el empoderamiento social en la última década, el continente en su conjunto sigue dependiendo de alimentos importados. Esto no es bueno para el medio ambiente, la economía o el crecimiento sostenido.

El cambio climático está agravando los riesgos. Cambios en los patrones de lluvia, aumentos en la frecuencia de las sequías y aumentos en el nivel del mar amenazan a los agricultores que a menudo carecen de sistemas de riego o de herramientas de cultivo mecanizadas.

El continente aún depende de alimentos importados. Esto no es bueno para el medio ambiente, la economía o el desarrollo sostenible

Es un juego de números, y ya estamos retrasados en la construcción de un África resistente. En todo el mundo, tenemos que aumentar la producción de alimentos en un 50% antes de 2050 para alimentar a las casi 9.000 millones de personas que vivirán en nuestro planeta. África con sus vastos recursos naturales y capacidad humana podría ser la manera de alcanzar esta meta.

Sin embargo, estamos enfrentando una situación con difícil salida. Debemos detener la expansión de los gases de efecto invernadero. En África, la agricultura produce el 15% de las emisiones totales de CO2 del continente cada año. Sin modernización, esta cifra aumentará. Y para complicar aún más las cosas, según un informe que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo publicará este otoño, el cambio climático podría producir importantes caídas en la producción: la producción de trigo podría descender hasta en un 35% para 2050.

La buena noticia es que África está cumpliendo con su potencial. En lugares como Etiopía, los agricultores están implementando sistemas de irrigación a base de energía solar y mirando hacia cultivos comerciales para aumentar su resiliencia ante el cambio climático. En Somalia, las represas de arena están salvando vidas y almacenando agua para los agricultores. Mientras tanto, las Naciones Unidas están trabajando con gobiernos, organizaciones sin fines de lucro y agricultores en todo el continente para crear las políticas que África necesita para transformar su sector agrícola.

Si queremos frenar el cambio climático y cumplir nuestros compromisos mundiales para poner fin a la pobreza para 2030, tendremos que pensar detenidamente sobre el papel de la agricultura y la alimentación en África. La comida es un ingrediente esencial para la vida, y desde nuestro humilde punto de vista, proporcionará un camino hacia un mundo más pacífico.

Joan, Josep y Jordi Roca, son chefs y mbajadores de buena voluntad del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

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