Así es la vida en el último país en prohibir la esclavitud


En 1981 Mauritania ilegalizó la esclavitud, convirtiéndose en el último país del mundo en hacerlo. No obstante, docenas de miles de personas —la mayoría pertenecientes a los grupos minoritarios haratines o afromauritanos— aún viven como trabajadores retenidos, empleados domésticos o niñas-novias. Grupos locales de derechos humanos calculan que hasta un 20% de la población vive en condiciones de esclavitud, con uno de cada dos haratines obligado a trabajar en granjas o casas particulares sin la posibilidad de obtener libertad, educación o salario.

La esclavitud tiene una larga historia en esta nación del desierto norteafricano. Durante siglos, moros de habla árabe atacaron aldeas africanas y dieron lugar a un rígido sistema de castas que aún existe hoy en día, con los habitantes de piel más oscura sometidos a sus amos de piel más clara. La condición esclava es heredada por vía materna y los activistas contra esta práctica son habitualmente torturados y detenidos. Pese a ello, el Gobierno niega la existencia de la esclavitud en Mauritania, congratulándose, de hecho, por haber erradicado la práctica.

Los miembros de la principal organización contra la esclavitud en Mauritania, la Iniciativa para el Resurgimiento del Movimiento Abolicionista (IRA), esperan desalojar al Gobierno de mayoría arábigo-bereber en las elecciones del próximo año. El líder de IRA, Biram Ould Abeid —un haratin que permaneció encarcelado durante años antes de quedar segundo en las elecciones nacionales de 2014— ha prometido destituir al presidente Mohanmed Ould Abdel Aziz, quien llegó al poder por medio de un golpe de Estado en 2008 y desde entonces ha desmantelado el Senado, lo que los críticos ven como un intento de ampliar sus poderes.


Fatimatou y su hija Mbarka (arriba) eran esclavas de una familia en la región de Aleg, a aproximadamente 250 kilómetros de la capital, Nouakchott. “Me llamaban ‘Fatma, la sierva’: yo cuidaba el ganado, preparaba la comida y traía el agua del pozo”, relata Fatimatou. “Perdí dos bebés con esta familia, porque no me dejaban cuidar a mis propios hijos. Me forzaban a trabajar nada más haber dado a la luz”. Fatimatou y sus hijos fueron liberados a principios de la década de 1990 por la organización SOS Esclavos. Ahora vive con su familia en uno de los barrios obreros de Nouakchott.


Habi y su hermano Bilal (a la izquierda), delante del garaje de Bilal en las afueras de Nouakchott. Ambos hermanos eran esclavos de una familia al este de la capital, pero Bilal se escapó un día, de manera repentina, después de que su amo le diera una paliza. Tras varios intentos de rescatar a su hermana, que fue víctima de abusos sexuales y trabajos forzados, fue finalmente liberada con la ayuda de SOS Esclavos en 2008.


Mauritania es un puente entre el Magreb árabe del norte de África y África subsahariana de piel más oscura. Los árabes-bereberes en el poder ocupan puestos mejor remunerados en los trabajos y en el Gobierno, mientras que los haratines y los afromauritanos de piel más oscura están infrarrepresentados en los puestos de liderazgo y se enfrentan a muchos obstáculos en la sociedad, desde el acceso a la educación hasta los trabajos bien pagados.



Los haratines desempeñan muchas labores que los árabes-bereberes consideran sucias o degradantes, como trabajar en los mercadillos. SOS Esclavos organiza talleres para ayudar a empoderar a las mujeres haratines, la mayoría de las cuales están desempleadas, son pobres y tienen poca o ninguna formación. Algunos talleres enseñan a los esclavos recientemente liberados qué es y cómo se usa el dinero, mientras que otros enseñan a las mujeres haratines oficios como el bordado o la costura, que les ayuda a ganar dinero por primera vez en sus vidas.


Mabrouka (a la izquierda), de 20 años, era una niña cuando la apartaron de su madre, también una esclava, para servir a una familia en la zona del suroeste de Rosso. A los 11 años se quemó gravemente el brazo izquierdo mientras cocinaba para sus amos. Aún sufre con el dolor. Mabrouka tenía 14 años cuando la liberaron, en 2011, pero nunca pudo ir a la escuela. Se casó con 16 y es ahora madre de Meriem, de cuatro años, y de Khadi, que tiene dos meses.


Una residente (arriba) del barrio de Tarhil en el exterior de su vivienda, en la que fue reinstalada por el Estado cuando su barriada en Dar Naim fue demolida para construir una carretera. Casada y con dos niños, vende galletas a los transeúntes mientras su marido desempeña trabajos esporádicos en la ciudad. “Si tuviéramos el presupuesto necesario, alquilaríamos una habitación en Nouakchott. Aquí no tenemos siquiera agua; tenemos que pagar a un carro para que nos la traiga”.



Los haratines trabajan en determinadas profesiones destinadas únicamente a su casta, como la carnicería y la recogida de basura. A la derecha abajo, los hombres en un matadero preparan el ganado para su venta en Nouakchott. La imagen a la derecha arriba muestra a Youssef, de 18 años, que está en el tercer año del instituto en Nouakchott. Algunos días a la semana, trabaja recogiendo basura para ayudar a mantener a su familia.

Moctar (en la imagen de abajo) nació esclavo en el seno de una familia árabe-bereber, para la que fue obligado a trabajar junto con su madre y su hermano. En 2012, tras varios intentos, consiguió escaparse y conoció a un activista del movimiento antiesclavitud. Intentó liberar a su madre ya su hermano, pero se negaron a huir con él. Su madre incluso le criticó por su fuga y fue testigo en su contra. “Cuando era más joven, mi madre me decía todas las noches que debemos respetar a nuestros amos, porque su casta es más elevada que la nuestra y son santos”, dice Moctar. Él comenzó a estudiar a los 13 y espera convertirse en un abogado, para poder luchar por los derechos de los haratines.




Meryem (en azul en la foto de la derecha) vive en Znabeh, una pequeña aldea habitada por antiguos esclavos. En 2014, tras la muerte de su padre, los hijos del jeque Mohammed, traficante de esclavos, liberaron a cuatro mujeres —Meryem, Aïcha, Beïga y Merine— y a sus hijos. Todos huyeron y se establecieron junto a un manantial. Ahora sobreviven gracias a su pequeña propiedad y a la poca comida que genera.

Salma (en azul oscuro a la derecha) sirvió durante más de 50 años como esclava para una familia morisca blanca en la región de Chagar, en el norte de Mauritania. Sus hijos nacieron también en la servidumbre.

En 2013, Salma y su hija, Yema, fueron liberadas por sus dos hijos, Bilal y Salek, quienes escaparon algunos años antes. Pero Yema volvió con la familia de su amo dos veces. Actualmente está casada y tiene dos hijos. Salma, Yema y sus hermanos viven ahora juntos en una barriada en Dar Naim.

Aichetou Mint M’barack (abajo) era esclava por descendencia en la zona de Rosso. Al igual que su hermana, la arrancaron de su madre y la dieron a un miembro de la familia de su amo para que fuera su sierva. Se casó en la casa de sus amos y tuvo ocho hijos, dos de los cuales se los quitaron para ser esclavos para otras familias. En 2010, la hermana mayor de Aichetou la pudo liberar con la ayuda del movimiento IRA, tras huir ella misma de sus amos, después de que ellos echaran brasas calientes sobre su bebé, matándolo. Aichetou y sus ocho hijos son ahora libres y viven juntos en Nouakchott.


Jabada (abajo) tiene más de 70 años. Huyó de su amo después de que este le atara las manos al palo de una tienda, lo que le cortó por completo un dedo y deformó los otros. Ahora es incapaz de usar las manos. Acogida por otra familia que la ayudó a curar sus heridas, Jabada se quedó con ellos hasta su liberación en la década de 1980. Ahora vive con sus hijos y nietos en uno de los barrios pobres de Nouakchott.


Este artículo fue originalmente publicado como parte del proyecto Mordern-day slavery In focus del  The Guardian’s Global Development y en el portal Bhekisisa.

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Gloria Sedes, la misionera que trata en Chad a los enfermos con cariño y medicina natural


A Gloria Sedes, madrileña, de las Misioneras de Nuestra Señora de África, las conocidas hermanas blancas, se le ilumina la cara cuando habla del Tchad, de los muchos años que lleva entregada a la misión en este país de guerras fratricidas y conflictos. Como muchas misioneras en África es un poco de todo, es terapeuta, catequista, carpintera, electricista, albañil, administradora.

Cuenta a OMPress que su misión está en Deli, a unos 450 kilómetros al sur de la capital N’Djamena, una localidad de unos 4.000 habitantes. Aunque la parroquia se extiende por más de 70 kilómetros cuadrados y cuenta con otras sesenta aldeas. Es en el centro de salud que lleva en Deli, donde pasa una gran parte de su tiempo. Utiliza la medicina natural para cuidar muchas enfermedades entre ellas el VIH. Hay mucho paludismo y mucha hepatitis. Para estas enfermedades los tratamientos con plantas son muy eficaces. De hecho, Gloria calcula que el 80% de la población está afectada. Ella trata la hepatitis, por ejemplo, con artemisia, con dos especies traídas de fuera. Una de Sudáfrica que es la más fuerte y mejor enraíza en el Tchad – cuenta que las reproduce por esquejes – y otra, de origen chino, que es más eficaz contra la enfermedad pero más delicada y – algo que es un pecado en el Tchad – “le gusta mucho el agua”

En su consultorio y como terapeuta itinerante atiende de manera regular a 190 enfermos seropositivos sigue el protocolo nacional con retrovirales y sulfamidas. Sin embargo, para tratar el resto de las propensiones que aquejan a estos enfermos, usa el tratamiento natural, que es más suave, y evita darle más antibióticos y químicos. Intenta equilibrar, dice ella, los efectos secundarios de los retrovirales en el hígado, en el riñón.

Esta madrileña es una luchadora. Luchó contra el tétanos y la mortalidad infantil, formó a parteras y enfermeras, e involucra a los católicos de la parroquia en su batalla por estar cerca de los más pobres y olvidados, que suelen tener sida. Con ella trabajan un grupito de veinte personas que intentan llegar a todos los enfermos. Si su enfermedad es el sida, intentan “pescarlos” para que se traten, para que no se abandonen, para rezar con ellos y que no se sientan solos. Forman a los jóvenes para que detecten las señales de la enfermedad y sepan qué hacer, y tengan esperanza. La esperanza del cariño de Gloria y sus hermanas y hermanos de la parroquia. Porque como Gloria ha visto en todos estos años en África, tras ver la lucha de tantas personas por salir adelante: ¡la vida es más fuerte que la muerte!

Fuente: OMP

[Fundación Sur]


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Llucha contra la malaria en Malí


Las autoridades malienses y sus socios realizaron una distribución gratuita de mosquiteros impregnados a la población la semana pasada en Baguineda, región de Kulikoro, para luchar eficazmente contra la malaria. La ceremonia fue presidida por el Ministro de Salud e Higiene Pública, Samba Ousmane Sow, en presencia de Salia Diarra, Alcalde de la localidad rural de Baguineda, Alex Brown, representante del Fondo Mundial (FM) y Younoussa Diallo, representante de la OMS.

El Alcalde de Baguineda declaró en sus palabras de bienvenida, que su localidad tiene un único Centro de Salud Comunitario y solicitó otro más en vista del crecimiento de su población.

El Ministro Sow comenzó rindiendo homenaje al Profesor Ogobara Doumbo, primera persona que trabajó en la vacuna insecticida en Malí. La malaria es muy grave en mortalidad y morbilidad y, por lo tanto, una desventaja o hándicap para el crecimiento en Malí. Sow declaró que "Debemos hacer todo lo posible por detener, si no erradicar, esta lacra que continúa causando muertes en determinados países, incluido el nuestro. Los niños y las mujeres embarazadas son las capas más vulnerables a la malaria. Dormir bajo un mosquitero impregnado sigue siendo una solución adecuada en la feroz lucha contra la malaria".

Cabe recordar que en Malí durante el pasado año se registraron en los establecimientos de salud más de 2.097.797 casos de malaria, 1.424.223 casos sencillos y 673.574 casos graves, que produjeron 1.050 fallecimientos. Según la Encuesta de Indicadores de la malaria de Malí (EIPM), llevada a cabo en 2015, la prevalencia de la malaria es del 35,7% a nivel nacional y varía según las regiones.

Bandiougou Bouare

Fuente: maliactu.net

[Fundación Sur]


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La tasa de subempleo en Benín se sitúa en el 72%


La tasa de subempleo en Benín está batiendo récords: El 72% de la fuerza laboral está subempleada, mientras que la tasa de desempleo es del 2,4%, según un estudio de la Comisión Económica para África (CEA), titulado "profil pays 2018”.

Según este estudio, Benín está experimentando un fuerte crecimiento demográfico que acentúa aún más la pobreza. El director de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para África Occidental, Dimitri Sanga, realizó un llamamiento a las autoridades de Benín para que trabajen por equilibrar las necesidades de recursos humanos en el mercado laboral y la oferta educativa. Para Sanga, se trata de hacer un esfuerzo, necesario para la transformación estructural de la economía de Benín.

El estudio de la CEA también hace un llamamiento a las autoridades de Benín para que gestionen bien la transición demográfica del país a fin de frenar la pobreza. Benín tiene un crecimiento de la población estimado en un 3.5%, mientras que un 46.7% de los jóvenes de Benín tienen menos de 15 años. Esto significa, según el mismo estudio, que la "proporción de pobres de Benín ha aumentado a lo largo de los años, desde 2007".

Fuente: La Nouvelle Tribune

[Fundación Sur]


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Se necesitan mujeres en política para reducir la mortalidad materna


Judith Kanakuze nunca quiso recordar lo que pasó en 1994: “Dios me salvó, pero no a mi familia”. Aloisea Inyumba no conoció a su padre y tuvo que escapar con su madre y cuatro hermanos y creció en un campo de refugiados de la vecina Uganda. Ambas se unieron poco más tarde al Frente Patriótico de Ruanda (RPF). Como muchas mujeres del país africano, Judith y Aloisea dieron un paso al frente para reconstruir una nación que quedó desgarrada, triturada y desangrada tras un terrible genocidio que dejó más de 800.000 muertos y trajo consigo una dura guerra civil de tres años.

El genocidio dejó una sociedad diezmada con un 70% de mujeres que nunca había trabajado ni ocupado puestos de poder. Además, 250.000 fueron violadas e infectadas del virus del VIH y 35.000 se quedaron embarazadas, según datos de Human Rights Watch. La sociedad debía reconstruirse necesariamente con las mujeres. Judith y Aloisea lo sabían. En el primer parlamento de 1994 tan solo había ocho mujeres entre los 70 diputados (un 11,4%), pero con su trabajo la perspectiva cambió radicalmente.

Aloisea se convirtió en 1994 en ministra de Género y Familia y creó un programa de mujeres por todo el país para que ellas tomaran las riendas en las comunidades locales. Judith fue una de las tres mujeres que formó parte de la comisión que redactó la nueva Constitución del país en 2003, la cual incluía una cuota mínima de un 30% de mujeres en el Parlamento nacional. Años más tarde, consiguió legislar contra la violencia de género y tipificar la violación como delito.

Ambas ya han fallecido debido a largas enfermedades, pero gracias a mujeres como Judith y Aloisea, Ruanda es hoy el país con más mujeres parlamentarias del mundo. Ellas ocupan un 62% de los asientos de la Cámara de los Diputados, 49 de los 80 sitios. Además, las ruandesas representan el 55% de los empleos del país y son propietarias del 40% de los negocios.

Se necesitan mujeres en política para reducir la mortalidad materna
Navarra Center for International Development

El ejemplo de Ruanda muestra que, para desarrollar políticas que vayan dirigidas a promover directamente el bienestar y los derechos de las mujeres, se debe contar con ellas en política. Desde 1990, un total de 22 países —15 de ellos en África subsahariana— han implementado por ley un mínimo de parlamentarias. La implementación de cuotas de género en política es controvertida, pero una investigación pionera muestra que tiene grandes efectos para la salud y el desarrollo de la población femenina.

El estudio, titulado Maternal Mortality and Women’s Political Participation (Mortalidad materna y la participación de mujeres en política) y publicado en la Universidad de Naciones Unidas (UNU-WIDER), descubre que la implementación de cuotas parlamentarias reduce directamente entre un nueve y un 12% la mortalidad materna. Esta investigación, liderada por Joseph Gomes, investigador del Navarra Center for International Development, junto con Sonia Bhalotra (Essex), Damian Clarke (Universidad de Santiago de Chile) y Atheendar Venkataramani (Universidad de Pensilvania) muestra además mejoras en la atención médica durante el embarazo.

Un estudio revela que, sin invertir más dinero en cuidados, la introducción de cuotas de género en los Parlamentos incrementa entre un 8% y un 11% la atención durante el parto

Los resultados revelan que, sin invertir más dinero en cuidados, la introducción de cuotas de género en los parlamentos incrementa entre un 8% y un 11% la atención durante el parto y entre un 6% y un 11% la implementación de cuidados prenatales.

Fuente: Navarra Center for International Development.
Fuente: Navarra Center for International Development.

Entre 1990 y 2015, unos 10,5 millones de mujeres, un 99% de ellas en países en desarrollo, han muerto por complicaciones prevenibles durante el embarazo, según datos de la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, la tendencia ha mejorado conforme más poder acumulaban las mujeres. En ese periodo de 25 años, el número de parlamentarias se ha duplicado, pasando de un 10% a un 20%, y a su vez la tasa de mortalidad maternal ha decrecido un 44% alrededor del planeta. Cada día de 1990 morían 1.458 mujeres intentando ser madres, hoy son 830. En los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas se incluye el propósito de reducir el ratio de mortalidad maternal de los 216 fallecimientos por cada 100.000 nacimientos de la actualidad a tan solo 70 muertes en 2030.

Esta investigación pionera muestra que con mujeres en el poder se promueven políticas dirigidas a la inclusión y los derechos de la población femenina. El progreso económico y social de los países en desarrollo no puede ni debe ocurrir sin una participación activa de las mujeres. La política debe ser un ejemplo de igualdad para promover una sociedad feminista, justa y progresista.

David Soler Crespo es investigador asistente en el Navarra Center for International Development del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra.

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Con una vacuna, la vida de Nelly sería otra

Serge Wingi, UNICEF en República Democrática del Congo

Con motivo de una campaña de vacunación contra la polio hace un par de meses visité la aldea de Kayombo, conocida por la gran cantidad de gente que se opone a las vacunas debido a las creencias populares y tradicionales.

Al llegar al pueblo, me fijé en una joven de unos veintipico años. Parecía que estaba en las calles de Kinshasa, no en una pequeña aldea en medio de la provincia de Tanganica. Sentada a la sombra, con una trenza perfecta, la chica se maquillaba mirándose en un pequeño espejo. Intrigado, pregunté por ella a unos cuantos aldeanos, que rápidamente me dijeron que Nelly era la hija mayor del jefe de la aldea.

Con una vacuna, la vida de Nelly sería otra

Nelly ha aprendido a vivir con su estado /©UNICEF

Inmerso en mis actividades, me olvidé de la presencia de Nelly, que tanto me había llamado la atención al llegar. Solo por la tarde, cuando me iba, me acordé de ella. Venía detrás de nosotros gritando “¡esperad!, ¡esperad!”, porque quería venir con nosotros a Kalemie para vender allí comida.

Solo cuando la vi acercándose al coche comprendí que detrás de su gran sonrisa, sus ojos maquillados y su ropa moderna se ocultaba un gran dolor. Ella utilizaba sus brazos para moverse hacia nosotros. ¿Cómo una chica joven, con toda la vida por delante, podía llevar una carga tan pesada? Pasé la mayor parte del viaje entre la aldea y Kalemie haciendo preguntas a Nelly.

“Nací con buena salud, pero cuando tenía cuatro años de pronto no podía sostenerme sobre mis piernas”, me contó.

En ese momento, nadie en la aldea pensó en la posibilidad de la polio. “Mis padres atribuyeron la enfermedad a brujería”, continuó. Durante meses, la llevaron a todos los brujos y curanderos de la zona. “Pasé días enteros con el cuerpo enterrado hasta el estómago para estirarme las piernas”, recuerda. Pero no hubo ningún cambio, excepto que las posesiones de la familia desaparecieron ante sus ojos. Todos los “cuidadores” cogieron los caballos, gallinas, ropas o utensilios de cocina a cambio de cuidar de ella.

Solo tras incontables fracasos, los padres de Nelly decidieron llevarla a un centro de salud. Las pruebas de laboratorio rápidamente revelaron que era polio, una enfermedad que causa una parálisis irreversible.

Con ambas extremidades inferiores paralizadas, Nelly es incapaz de sostenerse sobre ellas, lo cual le obliga a arrastrase. “Mi estado me causa mucho dolor, pero con el tiempo he aprendido a vivir con ello”, me asegura. A pesar de su discapacidad, Nelly ha puesto en marcha un pequeño negocio para tener algo de independencia. La joven va y viene entre su aldea y Kalemie vendiendo productos que compra a los granjeros locales.

Como madre de una niña de dos años, Nelly sigue estrictamente el calendario de vacunación. “No quiero que le pase lo mismo que a mí”, explica. También anima a todas las madres de la aldea a vacunar a sus hijos.

Con una vacuna, la vida de Nelly sería otra

Nelly no quiere que a su hija le pase lo mismo que a ella /©UNICEF

Durante las recientes campañas de vacunación contra la polio, Nelly y su padre se implicaron mucho en su comunidad para encontrar a los niños no vacunados y animarles a vacunarse. “Mi hija está así debido a mi ignorancia”, me confesó el padre de Nelly con la voz entrecortada. Como jefe de la aldea, anima a todos los padres a vacunar a sus hijos para mantener la polio fuera del pueblo. “No puedo ver más casos de polio aquí. Los trabajadores sanitarios deben vacunar a nuestros hijos”, explica más convencido que nunca.

El trabajo de UNICEF y sus aliados.

Más de tres millones de niños recibieron sus vacunas durante las recientes campañas de vacunación en las provincias de Alto Lomami, Tanganica, Alto Katanga y Lualaba. Sin embargo, en algunas comunidades un número importante de niños sigue sin estar protegido debido a la continua oposición a las vacunas. UNICEF apoya al gobierno en la concienciación a los hogares reticentes y en la movilización de cientos de representantes comunitarios, movilizadores sociales y auxiliares.

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Un nuevo medicamento puede salvar miles de vidas en el parto


Parir ha sido una actividad de alto riesgo para millones de mujeres durante prácticamente toda la historia de la humanidad. Higiene, antisépticos, cesáreas seguras, partos programados, control antes del alumbramiento y diversos fármacos en caso de complicaciones han conseguido una enorme reducción de las muertes de madres mientras dan a luz. Uno de ellos es la oxitocina, una hormona que segrega el cuerpo humano en este trance, pero que también se inyecta en caso de necesidad para inducir el parto y controlar hemorragias, entre otras indicaciones.

Este fármaco funciona perfectamente en países ricos y fríos, donde mantenerlo entre 2 y 8 grados centígrados no supone ningún problema. Pero en lugares cálidos con bajos recursos, guardarlo a estas temperaturas es prácticamente una quimera, con lo que la efectividad para reducir el sangrado se reduce considerablemente. Este es uno de los (muchos) motivos por los que en España la mortalidad materna es de cinco por cada 100.000 nacidos vivos, mientras que, por ejemplo, en Sierra Leona, es de más de 1.300, según datos del Banco Mundial.


Un nuevo medicamento soluciona este problema, según los ensayos que ha liderado la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que acaba de publicar en el New England Journal of Medicine: es la carbetocina (un compuesto que imita el funcionamiento de la oxitocina) estable en calor, que en los ensayos se ha mostrado tan efectiva a la hora de cortar las hemorragias como la oxitocina y aguanta durante tres años a una temperatura de 30 grados centígrados y un 75% de humedad.

Es un hallazgo que puede salvar “miles de vidas”, según un comunicado difundido este miércoles por la OMS. Cada año, según los cálculos de la organización, mueren en el mundo 70.000 mujeres por complicaciones de sangrado durante el parto, lo que, además, también incrementa el riesgo del fallecimiento del bebé en el siguiente mes. “Este hallazgo puede revolucionar la capacidad para mantener con vida a madres y niños”, asegura en la nota Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la organización.

Cada año mueren 70.000 mujeres en el mundo por complicaciones de sangrado durante el parto

El ensayo clínico —en el que también están implicadas las farmacéuticas MSD for Mothers y Ferring— es el mayor de este tipo hasta la fecha. Han participado más de 30.000 parturientas de 10 países: Argentina, Egipto, India, Kenia, Nigeria, Singapur, Sudáfrica Tailandia, Uganda y Reino Unido. A cada mujer se le inyectó oxitocina o carbetocina estable, de forma aleatoria. La conclusión es que ambas son igual de eficaces, aunque la OMS advierte de que los beneficios del nuevo fármaco pueden estar infravalorándose, puesto que las temperaturas de la oxitocina en las pruebas eran las adecuadas para que funcione perfectamente, algo que no siempre sucede.

El nuevo medicamento todavía no cuenta con autorización para su uso fuera de los ensayos clínicos así que, tras esta evidencia, los países se tendrán que poner en marcha para aprobarlo y la OMS para estudiar si lo recomienda de manera oficial. Todo parece indicar que así será. "El desarrollo de un fármaco para prevenir la hemorragia posparto que continúa siendo efectivo en condiciones cálidas y húmedas es una muy buena noticia para los millones de mujeres que dan a luz en partes del mundo sin acceso a refrigeración estable", ha asegurado Metin Gülmezoglu, del Departamento de Salud Reproductiva e Investigación de este organismo.


El refrigerado de los medicamentos y las vacunas es uno de los grandes problemas de los países en desarrollo. A menudo, más que el suministro y la compra de los fármacos, es la falta de una infraestructura que mantenga la cadena del frío la que impide que llegue a quienes los necesitan. En los últimos años, además de drogas resistentes, se están investigando mecanismos baratos para mantener las temperaturas bajas sin necesidad de un suministro eléctrico continuo. Recientemente, la Fundación Bill y Melinda Gates presentó Indigo, un dispositivo que tiene precisamente este fin y que, en palabras del filántropo, puede suponer "una revolución" a la hora de llevar inmunizaciones a los niños que las necesitan.

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La tasa de pobreza cayó un 1,6% en Togo


Según cifras publicadas por el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Demográficos Económicos (INSEED), el nivel de pobreza ha disminuido en un 1,6%. De un 55, 1% en 2015, la tasa de pobreza se ha rebajado y pasado a ser de un 53,5% en 2017. Estos datos son el resultado de una investigación cartográfica de la pobreza llevada a cabo con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que fue presentado el martes 26 de junio en Lomé.

Los expertos de este instituto se basaron en QUIBB 2015 y un minicenso en 2017, que considera más de 27.000 hogares de 530 áreas de empadronamiento que se distribuyen en todo el territorio nacional. Los resultados de este estudio presentan una desagregación en su tabla estadística de las condiciones de los hogares. Sirven para tomar decisiones y utilizarlas en el desarrollo de políticas contra la pobreza.
"El objetivo es que los resultados estén mucho más desagregados y que permitan a las autoridades locales tomar decisiones a nivel local", añade Koame Kouassi, Director General de INSEED.

A. H.

Fuente: IciLome

[Fundación Sur]


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El imperativo económico de proteger la salud de las mujeres

Mai tenía 17 años cuando su novio y ella comenzaron a mantener relaciones sexuales. Puesto que en su país (en la región Asia-Pacífico) los adolescentes no casados no pueden acceder a métodos anticonceptivos sin consentimiento de los padres, decidieron prescindir de ellos. No pasó mucho tiempo antes de que Mai se quedara embarazada.

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“Detener el ébola es como combatir en la guerra”


Detener el ébola es como combatir en la guerra. Debemos ser rápidos y eficientes, actuar rápido es crucial para evitar la propagación de la enfermedad. Desde que el pasado 8 de mayo estalló el brote en República Democrática del Congo, trabajamos incansablemente con las comunidades, desplegando equipos en las zonas calientes con determinación y valentía para ayudar a las mujeres y niños a estar seguros.

Pudimos establecer una respuesta rápida con nuestros aliados para prevenir la propagación de la enfermedad. Estoy bastante confiado, pero tenemos que continuar con nuestras actividades y evaluar la situación a diario. Nuestro papel principal es movilizar a las comunidades en las áreas afectadas para difundir entre las familias y los niños los mensajes sobre cómo protegerse mejor.

Cuando en 2014-15 se registró el anterior brote, sin precedentes, en Guinea, Sierra Leona y Liberia, aprendimos unas lecciones muy valiosas. En ese momento yo era director regional de Unicef para África Occidental y Central y coordiné la respuesta al ébola. Enseguida aprendí que si la sociedad no se involucra activamente, no podemos combatir la enfermedad de una manera efectiva. Las comunidades desempeñaron un papel esencial en ese momento y así lo están haciendo ahora. Pero los que más asombrosos me parecen son los niños.

Cuando visité Bikoro, uno de los focos del brote, hablé con los niños en una escuela y me dijeron que todos tienen que lavarse las manos, saludar a la gente sin tocarla. También me contaron con orgullo que explican a sus familias que deben hacer todo eso.

Nuestra segunda tarea es el agua, saneamiento e higiene. Por ejemplo, estamos instalando en las escuelas puntos para el lavado de manos y proporcionando cloro y termómetros para que los profesores puedan comprobar el estado de salud de los niños.

Estoy bastante confiado, pero tenemos que seguir con nuestras actividades 

También estamos trabajando con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Médicos sin Fronteras para localizar a personas en situación de alto riesgo, informarles sobre la vacuna experimental contra el ébola y llevarles a las zonas de vacunación.

La inmunización es una herramienta muy importante que debería marcar la diferencia a la hora de contener la propagación del virus. Pero hay muchos retos porque los mensajes sobre vacunación son nuevos y complejos. Debemos recordar que el ébola es una enfermedad aterradora y que la gente tiene miedo. Por ello, a veces necesitan un tiempo para captar el contenido completo de la información. Y, sin embargo, la resistencia que al principio mostraron algunas comunidades se está desvaneciendo. En una localidad, los habitantes que eran casos potenciales se negaron a vacunarse, pero con perseverancia y paciencia logramos convencerles.

En esta clase de situaciones no solo ves la resistencia de las comunidades y la valentía de los niños, sino también la heroicidad del personal humanitario. Nuestro equipo reaccionó inmediatamente, sin dudar, en cuanto se informó de las primeras sospechas de casos de ébola.

Uno de los primeros trabajadores que pisó el terreno fue nuestro epidemiólogo Tony Byamungu. Lo dejó todo y viajó por aire, carretera y lancha durante más de dos días para llegar al foco del brote en Bikoro. Nada iba a detenerle. Ni siquiera cuando la embarcación se estropeó, dejándole con la única opción de llegar en coche por un lugar donde no hay carreteras, en un viaje despiadado.

También está la doctora Agnes Fareillia, que lleva trabajando muchos años. Agnes es nuestra jefa en la oficina de Mbandaka, a unos 100 kilómetros de Bikoro. Ella llegó a la región afectada solo unas horas después del anuncio del brote, con la experta en comunicación para el desarrollo Modestine Amboko. Ambas han trabajado en las epidemias de ébola anteriores y aportan una gran experiencia en la lucha contra la enfermedad.

No sabemos qué ocurrirá, pero estamos haciendo lo que podemos para limitar el riesgo y ayudar a las comunidades a combatir el ébola. Estoy orgulloso de la gente de República Democrática del Congo.

Gianfranco Rotigliano es representante de Unicef en República Democrática del Congo.

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