LA PIEL DE ÁFRICA llega a Bilbao

La exposición de la fotógrafa y periodista Ana Palacios llega a la estación de Abando de Bilbao.
Con el motivo de la celebración de los 50 años de historia de Anesvad, el próximo 6 de marzo de 2018 a las 12 del mediodía, Anesvad, DKV y ADIF inaugurarán la exposición fotográfica LA PIEL DE AFRICA.
La exposición surgió en el año 2015 en un viaje a Benín de Ana Palacios con Anesvad recorriendo los centros de salud de enfermos de úlcera de Buruli en el país y, después de pasar por Madrid y Sevilla, llega a Bilbao el 5 de marzo.
La úlcera de Buruli es una enfermedad tropical desatendida que ataca a la piel y los tejidos y si no se detecta a tiempo puede producir discapacidad física permanente. El 75% de las personas afectadas son niñas y niños menores de 15 años. Una enfermedad que se da en contextos de extrema pobreza que, si se detecta a tiempo, se puede curar. El objetivo de Anesvad desde que aterrizó en Benín es detectar, curar y controlar la enfermedad. Un objetivo que se consigue gracias a las personas solidarias que Anesvad tiene detrás.
No te pierdas la oportunidad de ver de cerca el trabajo de Anesvad:
LA PIEL DE AFRICA
Fotógrafa: ANA PALACIOS
Lugar: piso superior de la estación Abando Indalecio Prieto en Plaza Circular nº 2, 48008 Bilbao
Fecha: 5 de marzo al 18 de marzo
 

🚩 Publicado originalmente por Derecho a la Salud: LA PIEL DE ÁFRICA llega a Bilbao

Los casos de cólera en Malawi se han triplicado


El Ministerio de Salud de malaui informó que los casos de cólera se han triplicado y que cuatro personas más han muerto tan solo un mes después de que se pensara que la propagación de la enfermedad desde Zambia había sido contenida. El portavoz del Ministerio, Joshua Malango, comunicó que el número de casos había aumentado a 527 desde el mes pasado, que se registraron 157 casos, y que las muertes se habían duplicado de cuatro a ocho.

Malango comunicó que continuaban surgiendo nuevos casos en los distritos de Malawi Central y Norte, incluida la capital administrativa, Lilongwe, donde se registraron 10 nuevos casos durante el fin de semana.

Desde octubre del año pasado, se informaron alrededor de 500 casos en 13 distritos afectados. Para frenar la enfermedad, el gobierno ha estado sensibilizando a las comunidades sobre el saneamiento y también ha comenzado a administrar la vacuna contra el cólera.

UNICEF también ha estado utilizando drones para planificar casos de cólera en la capital de Malawi, Lilongwe. La Organización internacional indicó que los aviones no tripulados toman imágenes de áreas de alta densidad que muestran letrinas y puntos de agua y mapas de posibles áreas problemáticas.

Fuente: Africa Independent

[Traducción, Muriel Balda Aspiazu]

[Fundación Sur]


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País con 100 millones de habitantes busca sistema sanitario universal

En una rotonda mal asfaltada se ultima la construcción de un moderno edificio de tres plantas. Frente a él, el restaurante Addis Ababa ofrece a los turistas la tradicional injera etíope y cobra 23 birr (en torno a 0,8 euros) por una botella de litro y medio de agua. Inasequible para los vecinos que viven a mano derecha, en un amasijo de viviendas de cemento rematadas con tejados de uralita y aluminio. Por una galería se llega a un patio, donde el agua que beben sus habitantes lleva casi dos años contaminada con heces y aguas fecales.

Es Zarespiki, en Adís Abeba, la capital de Etiopía. El segundo país más poblado de África y, pese a su vertiginoso crecimiento económico (por encima del 10% en la última década), uno de los últimos en el Índice de Desarrollo Humano: es el 174º de 188. El cemento y el asfalto cubren casi toda la ciudad, cuya rápida expansión en las últimas décadas ha dejado problemas estructurales como la falta de agua potable, la ausencia de saneamiento o la polución. Son retos añadidos a la desnutrición, las muertes infantiles y maternas, el VIH o la tuberculosis. Enormes problemas de salud que el Programa de Extensión Sanitaria, una ambiciosa iniciativa gubernamental que lleva 15 años en funcionamiento, trata de encarar inventando la forma de superar la falta de medios. El reto es enorme: atender las necesidades médicas de los más de 100 millones de etíopes.

Ante la falta de profesionales cualificados solo hay unos 1.500 especialistas médicos en todo el país— los poderes públicos llevan años apostando por soluciones de urgencia para intentar mejorar las cifras (de personal y de salud nacional). La idea de la extensión pasaba por formar a toda velocidad a agentes sanitarios, que serían los encargados los servicios médicos a unos ciudadanos acostumbrados a intentar usarlos solo en casos extremos. En las áreas urbanas, visitando a la población correspondiente a cada centro de salud. En las rurales, a través de pequeños puestos de salud atendidos, para superar las reticencias culturales propias de cada lugar, a personas de la propia comunidad con una formación básica. Esa estructura se complementa los ejércitos de desarrollo sanitario, que enrolan a cabezas de familia (en la práctica, a las mujeres) para involucrarlas en el cuidado de la salud de la aldea o barrio, especialmente en temas como la salud materna o la planificación familiar.


Medhanit Zewedu, con su hijo y una de sus vecinas, en Adís Abeba (Etiopía).



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Medhanit Zewedu, con su hijo y una de sus vecinas, en Adís Abeba (Etiopía).

El dibujo, sobre el papel, parece simple. Pero la compleja realidad del país complica su puesta en práctica. El crecimiento económico superior al 10% no se traduce directamente en gasto social. Y hay amplísimas zonas rurales aquejadas de sequías, inundaciones y tensiones políticas constantes. Y en las ciudades la situación tampoco es fácil. En muchas partes de Adís, el agua potable y el saneamiento aún son un lujo y todavía quedan por construir 40 de los 120 ambulatorios que en teoría deben cubrir la capital.

En la barriada de Zarespiki junto al restaurante Addis Ababa, Medhanit Zewedu da el pecho a su hijo pequeño, de un año, en una de las dos angostas estancias en las que vive con su marido, policía, y su otra hija, de ocho. A sus 29 años, es la líder del ejército sanitario de esta zona. “Tenemos problemas con la alimentación de los niños y algunos casos de tuberculosis, pero la principal preocupación es la contaminación del agua”. En este revoltijo de viviendas solo hay tres letrinas —simples y malolientes agujeros en el suelo asfaltado­— para casi una treintena de familias.

En cifras

Etiopía

  • 102,4 millones de habitantes.
  • Tres camas de hospital por cada 10.000 habitantes.
  • 2,8 profesionales médicos cualificados por cada 10.000 habitantes.
  • 353 muertes maternas por cada 100.000 nacimientos (en 2000 eran 897).
  • 68,4 muertes de menores de cinco años por cada 1.000 nacidos vivos (en 2000 eran 143,7).

El agua de las fuentes lleva contaminada más de un año, y la solución, que compete al Ayuntamiento, no ha llegado aún (ni se le espera). Así que las extensionistas de salud del centro del distrito, el de Afincho Ber, les proporcionan una solución a base de cloro para potabilizar el líquido.

“Por ese problema de agua teníamos muchos casos de diarrea, sobre todo entre los niños”, cuenta Medhanit Zewedu. “Y lo normal era darles un remedio tradicional a base de café y miel”. Ahora, dice, o bien llaman a las extensionistas o van directamente al centro de salud. Las mujeres del “ejército” también se reúnen periódicamente para comentar los problemas sanitarios (y otros) de los vecinos. Son la primera línea de defensa. Medhanit —que pasó por una formación de cuatro meses— comparte con ellas la información y las campañas de concienciación transmitidas por las extensionistas: medidas contra la tuberculosis, prevención para el VIH, lactancia materna, planificación familiar… Los avances llegan, aunque lentamente: la tasa de mortalidad infantil se ha reducido un 40% en la última década, pero aún mueren 64 niños por cada 1.000 nacidos vivos (16 veces mayor que en España).

“Lo mejor de este plan es que ha creado una demanda por parte de la población: hay más gente que exige un servicio, y eso nos obliga a mejorar”

Las agentes sanitarias, que se llevan desplegando en el país desde hace una década, visitan a todas las familias de la zona que tienen asignada y tratan de controlar los brotes de enfermedades, hacen un seguimiento a los pacientes dados de alta o del estado nutricional de los niños y se aseguran de que todos continúen su tratamiento. “Me gusta ayudar a la comunidad, pero este trabajo es muy duro: son muchas horas”, dice Ayhalem Bekele, una de las que trabaja en el centro de Afincho Ber.

Esta red de extensionistas (más de 38.000) ha ido ampliando su formación con los años, aunque por ahora solo una de cada cuatro ha alcanzado el nivel de una enfermera titulada. Pero empiezan a conseguir que barrios y pueblos que vivían de espaldas al sistema de salud sepan que este existe y que pueden hacer uso de él. Aunque ese conocimiento sirve de poco si las familias con pocos recursos (la mayoría) no pueden pagar por el tratamiento. En teoría, los identificados como vulnerables tienen una tarjeta con la que el tratamiento y las medicinas son gratuitas. Pero varios pacientes en el centro de salud de Afincho Ber se quejan de que no siempre es así.


Una mujer de la comunidad de Zarespiki (Adís Abeba), espera a que atiendan a su hija en el centro de salud.



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Una mujer de la comunidad de Zarespiki (Adís Abeba), espera a que atiendan a su hija en el centro de salud.

“El Gobierno subsidia los medicamentos para que todos puedan afrontar su compra”, asegura Melaku Yoima, experto del ministerio de Salud. “Y mientras tanto, seguimos trabajando en un seguro médico universal a través de diversos sistemas: uno, comunitario que garantice la atención gratuita a los más vulnerables, otro seguro social para quienes tienen empleos formales y otro para los empleados públicos…”, explica el funcionario. La Cooperación Española trabaja con el ministerio y apoya la elaboración de esos programas.

Mientras tanto, otra queja de los pacientes es que no siempre hay medicamentos disponibles. La abuela sonriente que vive junto a Medhanit recuerda una vez que se cayó y se rompió una pierna. Tuvo que ir directamente al Black Lion, un mastodóntico complejo que es el principal hospital de Adís. “Me dijeron que no tenían lo que necesitaban para curarme”. Este problema se agrava en las áreas rurales, donde a la limitada formación de las extensionistas rurales (tres meses) se suma la ausencia de remedios o, según algunas denuncias, la corrupción a la hora de despacharlos. Las constantes tensiones políticas, agravadas desde la dimisión del primer ministro Hailemariam Desalegn la semana pasada, tampoco ayudan.

En todo Etiopía solo hay unos 1.500 médicos especialistas para más de 100 millones de personas

Ya enorme escasez de personal preparado se agrava por las fugas. Los médicos etíopes están bien valorados en el extranjero y, mientras aquí un recién graduado cobra unos 7.200 birr mensuales (cerca de 220 euros), en Estados Unidos puede multiplicar sus ingresos. Las propias extensionistas cobran entre 2.500 y 5.000 birr (75-150 euros) por un trabajo a tiempo completo. “Hay muchos profesionales que prefieren trabajar fuera, y no encontramos médicos suficientes pese a haber ampliado las facultades y facilitado el acceso a la profesión”, reconoce Melaku Yoima, del ministerio. “Pero lo mejor de este plan es que hemos creado una demanda por parte de la población”, se felicita el funcionario. “Ahora hay más gente que exige un servicio, y eso nos obliga a evolucionar”.

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Planificación familiar

Los datos oficiales muestran que esta “extensión” de los servicios sanitarios ha tenido un impacto en el uso de métodos de planificación familiar. Las agentes sanitarias como Ayhalem Bekele explican el funcionamiento de estos sistemas a las mujeres, y estas lo comentan entre ellas en el seno de los ejércitos de desarrollo sanitario. Mujeres como Medhanit incluso reparten preservativos en sus comunidades.

El porcentaje de mujeres casadas de entre 15 y 49 años que usan algún tipo de método anticonceptivo moderno (como implantes o inyectables) ha pasado del 6% en 2000 al 36% en 2016. Pero todavía cuatro de cada 10 mujeres etíopes en ese rango de edad dicen que sus necesidades de planificación familiar no se ven cubiertas.

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Nigeria informa de 450 casos sospechosos y 37 muertos por fiebre de Lassa


La Organización Mundial de la Salud ha informado que un brote de fiebre Lassa en Nigeria puede haber infectado hasta 450 personas en menos de cinco semanas. La agencia de la salud de las Naciones Unidas informó el martes que está ampliando su respuesta al brote, que se ha extendido a 17 estados.

Entre el 1 de enero y el 4 de febrero, se notificaron casi 450 casos sospechosos, de los cuales 132 fueron confirmados por el laboratorio de casos de fiebre Lassa. De estos, se informaron 43 muertes, incluidas 37 confirmadas por el laboratorio. "El alto número de casos de fiebre Lassa es preocupante. Estamos observando un número inusualmente alto de casos para esta época del año", comunicó en un comunicado el Dr. Wondimagegnehu Alemu, Representante de la OMS en Nigeria.

La fiebre hemorrágica viral aguda es endémica en Nigeria. El brote actual se centra en los estados sureños de Edo, Ondo y Ebonyi. Entre los infectados se encuentran 11 trabajadores de la organización de la salud, de los cuales cuatro han muerto.

Al igual que el Ébola, la enfermedad se transmite a través del contacto con los fluidos corporales de personas enfermas.

El reservorio o huésped del virus Lassa es un roedor, informa el sitio web de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Los humanos a menudo contraen el virus por comer alimentos contaminados por la orina o heces de roedores.

El Centro para el Control y Prevención de enfermedades (CDC) comunicó que en la mayoría de las personas, los síntomas son leves y pueden incluir fiebre leve, dolores corporales y debilidad. En alrededor del 20% de las personas infectadas, puede progresar a sangrado de las encías, la nariz o los ojos y dificultad respiratoria. No existe vacuna para prevenirlo.

Fuente: CBC

[Traducción, Muriel Balda Aspiazu]

[Fundación Sur]


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Prevengamos la próxima pandemia


Los últimos brotes de enfermedades como el ébola y el zika han demostrado la necesidad de anticiparse a las pandemias y contenerlas antes de que aparezcan. Pero la enorme diversidad, resiliencia y transmisibilidad de las enfermedades mortales también pone de manifiesto en los términos más duros las dificultades inherentes a la contención y la prevención.

Una amenaza a la capacidad de prepararnos es el grado de conexión actual. Los brotes masivos de dengue, chikungunya y zika que hubo estos años en el continente americano y el Caribe fueron posibles por la facilidad que hay hoy para realizar viajes internacionales. Esto permitió a esos virus viajar como polizones de oriente a occidente. Pero hay otra amenaza más mundana: la incapacidad para ponernos de acuerdo en cuestiones de dinero. Cualquiera que sea la razón, mientras los seres humanos no consigamos organizar una defensa colectiva e integral, las enfermedades infecciosas seguirán causando estragos, con consecuencias desastrosas.

La creación de una estrategia eficaz de prevención y contención (la biopreparación) es el mejor modo de reducir la amenaza de contagio global. Para estar listos es necesaria una coordinación entre agencias y proveedores de fondos que permita crear redes para un veloz despliegue y una administración accesible de vacunas, fármacos y protocolos que limiten la transmisión de la enfermedad. En pocas palabras: prepararse para la próxima pandemia implica no solo crear capacidad global, sino también financiarla.

Esa es, al menos, la idea. Pero la realidad de la biopreparación es mucho más complicada. Para empezar, la ausencia de financiación obstaculiza en muchos países la implementación de estrategias de prevención a largo plazo; según un nuevo informe del Banco Mundial, solo seis países (entre ellos, Estados Unidos) se tomaron la amenaza en serio. En tanto, la escasez de laboratorios y clínicas dificulta en muchas partes del mundo a los funcionarios de salud pública dar respuesta a los brotes de enfermedades. Y es común que muchos proveedores de fondos (incluidos Gobiernos y ONG) no hagan compromisos por más de un año, lo que impide una planificación a largo plazo.

Científicos, médicos y actores de la sociedad civil llevan años alertando sobre la falta de inversión fiable

Científicos, médicos y actores de la sociedad civil llevan años alertando sobre la falta de inversión fiable, suficiente e institucionalizada en la preparación para afrontar pandemias. Lamentablemente, a la par de estas demandas, la financiación militar para la contención de ataques biológicos intencionales se ha mantenido firme. Es verdad que una acción maligna y deliberada para crear un brote infeccioso podría causar enorme daño, pero no deja de ser algo relativamente improbable. En cambio, los brotes por causas naturales se producen en forma regular y son mucho más costosos, aunque carezcan del sensacionalismo implícito en el factor miedo del bioterrorismo.

Hace no tanto, los que nos dedicamos a la prevención de brotes infecciosos nos sentíamos más seguros respecto de la disponibilidad de los recursos necesarios. Pero en muchos lugares, los presupuestos están estancados o incluso disminuyen. Esto ejemplifica una miopía sorprendente, dado que la prevención cuesta menos que la respuesta. Por ejemplo, ¿cuánto hubieran costado la construcción de una infraestructura clínica y de laboratorios y la capacitación del personal para identificar y prevenir el reciente brote de ébola en África occidental? Es difícil dar cifras exactas, pero estoy completamente seguro de que hubiera sido menos que los miles de millones de dólares gastados en la contención del brote. La preparación rinde.

No solo es alarmante la falta de fondos; también lo son las restricciones al uso de los recursos disponibles. No es infrecuente que un subsidio solo pueda usarse para determinadas actividades, lo que crea enormes agujeros en la capacidad de los programas para cumplir sus objetivos. Por ejemplo, puede ocurrir que el proveedor de fondos permita la renovación de un laboratorio ya instalado, pero no la construcción de otro nuevo; o que los fondos puedan usarse para la compra de un aparato de diagnóstico, pero no para capacitar al personal que deberá operarlo. En muchas comunidades de países en desarrollo ni siquiera hay instalaciones físicas para el análisis, la vigilancia o el almacenamiento de patógenos peligrosos. Esta miopía a la hora de proveer fondos, pasando por alto elementos esenciales del panorama general, es malgastar el dinero.

No solo es alarmante la falta de fondos; también lo son las restricciones al uso de los fondos disponibles

Si a esto se le añade la dificultad de remunerar al personal o garantizar la provisión confiable de electricidad y otros servicios esenciales, queda claro que la preparación contra brotes infecciosos demanda la colaboración a gran escala de la comunidad internacional de donantes. Pero, por el momento, la imposición de onerosas normas relativas al gasto y la inestabilidad de los compromisos financieros atan las manos de los que trabajan para impedir que se produzca el próximo brote grave.

La cantidad de obstáculos a los que se enfrentan los científicos y los expertos en salud pública en la carrera para contener las enfermedades infecciosas es asombrosa. Para superarlos, debemos redefinir nuestras ideas sobre la preparación y pasar de una postura reactiva a otra más proactiva. La financiación de las medidas de preparación debe asignar fondos suficientes para que realmente tengan el efecto necesario. Hay que flexibilizar las normas de uso. Hay que abrir fuentes de financiación con compromisos multianuales. Hay que dar capacitación adecuada a los proveedores de atención médica y al personal de respuesta inmediata. Y hay que ampliar y reforzar soluciones a largo plazo, como la creación y conexión de sistemas de biovigilancia, para que los profesionales en salud pública de todo el mundo puedan hacer un seguimiento e informe de enfermedades que afectan a seres humanos y animales, y planear defensas en forma conjunta.

La salud pública es un elemento esencial de la seguridad global. No invertir lo suficiente en la prevención de brotes infecciosos nos pone en riesgo a todos, sin importar dónde o cuándo se produzca el próximo.

Stephen J. Thomas es médico especialista en enfermedades infecciosas, es profesor de Medicina y jefe de la División de Enfermedades Infecciosas en la Upstate Medical University de la Universidad Estatal de Nueva York. Traducción: Esteban Flamini. Copyright: Project Syndicate, 2017

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Guinea informa de un caso de fiebre Lassa


Las autoridades guineanas informaron de una muerte por fiebre de Lassa*, lo que generó temores de que el número de muertos por otra fiebre hemorrágica podría aumentar después de la muerte de más de 11.000 personas por el ébola en 2013.

En un comunicado del gobierno, las autoridades sanitarias confirmaron que al menos una persona había muerto y más de dos docenas habían sido monitoreadas por posibles síntomas. Sin embargo, los críticos cuestionaron qué el gobierno solo había hecho pública ahora cuando la víctima murió el 11 de enero; aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue informada dos días después de la muerte de la víctima.

Aún más confuso fue el hecho de que el ciudadano guineano no murió en el país, sino en Liberia, de la misma forma que el Ébola se propagó inicialmente. "Ninguno de los contactos del paciente en Liberia enfermó o dió positivo por Lassa", informó el comunicado.

Tras las críticas y la desconfianza hacia las mediadas tomadas hasta el momento, las autoridades se comprometieron a responder a la crisis de manera más efectiva, y agregaron que el seguimiento de la enfermedad había tenido lugar y que no había ninguna razón para que la gente se preocupara.

Los síntomas de fiebre Lassa son similares al Ébola y comienzan con fiebre, dolores que progresan hacia la cabeza, vómitos y diarrea: En los casos graves las víctimas pueden llegar a sangrar por la boca y la nariz.

A menudo se disemina a través de los fluidos corporales de personas enfermas o al ingerir alimentos contaminados por la orina o las heces de los roedores.

* Fiebre hemorrágica causada por el Lassa virus. Se transmite a los humanos a través del contacto con la rata común africana u objetos domésticos que resulten ser contaminados por los excrementos de este animal. (Fuente: Wikipedia)

Fuente: African Independent

[Traducción; Muriel Balda Aspiazu]

[Fundación Sur]


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La lepra tiene cura: tratamiento y prevención frente al estigma social

Muchas personas se preguntan si hoy en día la lepra es contagiosa. Si bien es una enfermedad infecciosa, no resulta muy contagiosa si está tratada como es debido. Ahora bien, pacientes cuyo tratamiento no es el correcto o es inexistente sí pueden contagiar la enfermedad.

De acuerdo con la Wikipedia, la historia de la lepra comienza hace al menos 4000 años. En 2009 se localizaron en una excavación arqueológica en Rayastán (India) los restos óseos de un humano con evidencias de haber padecido esta enfermedad. Asimismo, existen referencias a esta enfermedad y su cura mediante plegarias en textos literarios de la India escritos en la misma época.

La lepra ha sido históricamente una enfermedad que ha generado un importante estigma social. Ya en la Edad Media, las personas que padecían esta enfermedad golpeaban las llamadas tablillas de San Lázaro para advertir de su llegada al vecindario, que temía ser contagiado.

Enfermo de lepra, una de las enfermedades tropicales desatendidas

La lepra tiene cura

En pleno siglo XX aún se decretaba la reclusión obligatoria de las personas enfermas de lepra en las llamadas “leproserías”. Uno de los centros de agrupamiento más conocidos fue el de la isla de Culión (Filipinas), en el que llegaron a convivir hasta 14000 personas que padecían esta enfermedad.

La “leprosería” de Culión era una de las más terribles de cuantas se conocen. De acuerdo con la Wikipedia, la mortalidad infantil superaba el 80%, no había electricidad ni anestesia y la muerte por inanición era algo común. De hecho, era tal el aislamiento de la isla que los barcos que portaban víveres optaban por lanzarlos a la costa con tal de no tener contacto con quienes vivían en esta isla filipina.

Gracias a los donativos recabados en España, y especialmente por la labor desarrollada por la ONG Anesvad, que enfoca su actividad en las Enfermedades Tropicales Desatendidasel Padre Olazábal pudo dedicar 18 años de su vida a combatir la lepra, la malaria y la tuberculosis en Culión. Filipinas decretó la isla libre de lepra en 1988, año en el que falleció el jesuita guipuzcoano.

Si bien la lepra tiene cura, aún hoy existen “leproserías” principalmente en América, África y Asia. En Europa hay constancia de centros de reclusión en España y Rumanía.

"Leprosería" en Grecia

Tratamiento y prevención de la lepra

Algunos de los síntomas más característicos de la lepra son las lesiones cutáneas. Además, los nervios periféricos se ven afectados, por lo que el nivel de sensibilidad en la piel se reduce o desaparece por lo que las personas enfermas pueden herirse sin tener constancia de ello. Si la persona enferma de lepra no se somete a tratamiento, los miembros o rasgos faciales se deforman, se deshacen las mucosas de nariz y boca, se pierde vello en el cuerpo… Imágenes de personas enfermas de lepra y no tratadas que se han instalado en el imaginario colectivo y han contribuido, junto con el desconocimiento respecto a esta enfermedad, a su rechazo social.

El médico e investigador venezolano Jacinto Convit descubrió en 1987 la vacuna contra la lepra. El tratamiento contra la lepra se prolonga de 6 meses a 2 años; durante ese tiempo, como medida de prevención frente a la lepra, se recomienda evitar el contacto físico con las personas enfermas no sometidas a tratamiento.

 

 

En Camerún la diabetes mata

Muchos cameruneses llevan la diabetes en su sangre sin saberlo. Es el caso de René-Claude Mballa Omgbwa, de 49 años, que espera su turno para ser atendido por el doctor Bernard Blaise Noujep Noujep. A finales del año pasado, tuvo una crisis que hizo a su familia correr con él al hospital. Fue así como se enteró de que padecía esta enfermedad. “Sí, tenía los síntomas, pero no lo sabía. Me sentía muy cansado, me dolía todo, los pies especialmente y la vista. No veía bien. Y a veces tenía calor pero por dentro tenía frío”, comenta. Algo parecido le sucedió a Justin Nouken, de 80 años; a pesar de que tenía dolores y se le hinchaban los pies, nunca supo que padecía diabetes hasta el día que fue al médico porque se encontraba débil y se la descubrieron al hacerle una analítica.

Aunque la diabetes es generalmente considerada una condición de las naciones desarrolladas, el 80% de las muertes por esta enfermedad se registran en países de ingresos bajos y medios, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). África tiene la tasa de mortalidad por diabetes más alta del mundo. Se estima que en este continente hay actualmente 15 millones de diabéticos diagnosticados, pero que el 80% de los enfermos siguen sin identificarse. En los próximos 20 años, el número de diabéticos en esta región se duplicará.

La diabetes plantea un problema real de salud pública en la mayoría de los países africanos y su gestión se complica por las dificultades socioeconómicas. Además, es una afección a la que no se le ha concedido importancia hasta hace poco debido a que la urgencia de enfermedades tropicales, como la malaria, o transmisibles -tuberculosis o el VIH/SIDA-, acaparaba los escasos recursos de los ministerios de Salud. Esta situación comenzó a revertir en los últimos años y en muchos países se han adoptado planes nacionales de lucha contra la diabetes. Este no es el caso de Camerún a pesar de la petición expresa que le formuló la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2016.

Los diabéticos siguen enfrentándose a numerosas barreras para el seguimiento de su enfermedad

La diabetes es la quinta causa de muerte en Camerún. Es responsable del 2% de los fallecimientos anuales en el país, según el informe sobre esta enfermedad elaborado por la OMS en 2016; que además muestra la rapidez con la que progresa en el país. En 2014, ya afectaba al 5% de la población y el porcentaje continúa en aumento. El sobrepeso representa el mayor factor de riesgo y es responsable del 29,5% de los casos, seguido por la falta de actividad física (29,3%) y la obesidad (9,6%). Son más las mujeres que mueren por esta enfermedad (2.480 de más de 30 años en 2016) que los hombres (1.920 en el mismo grupo de edad y año).

“Es una enfermedad que puede ocurrir a cualquier edad”, explica el doctor Noujep, jefe de la unidad de diabetes del hospital San Martin de Porres de Yaundé. “Pero la mayoría de los casos que nos llegan son de la conocida como diabetes tipo II, que se manifiesta, principalmente, a partir de los 40 años. También nos llegan de tipo I, que afecta a niños y jóvenes, pero son menos”. Se calcula que la prevalencia de diabetes tipo II aumenta en un 6% anualmente, pero los pacientes diabéticos siguen enfrentándose a numerosas barreras para el seguimiento de su enfermedad.

Justin Neukeu espera ha pasar su revisión periódica para controlar su diabetes.


Justin Neukeu espera ha pasar su revisión periódica para controlar su diabetes.

El doctor Noujep confirma que los casos de Mballa o Nouken no son atípicos. “Suele ser lo normal. La mayoría de los pacientes no saben que padecen la enfermedad y nos llegan por otros problemas, como, por ejemplo, por falta de circulación. Por eso, cuando empezamos el tratamiento están en un estado muy avanzado de la enfermedad y ya se han producido complicaciones irreversibles (como ceguera, nefropatía, coma diabético, accidentes cardiovasculares o neuropatía de los pies) que les causan a discapacidades de por vida e incluso a la muerte prematura”. Un 10% de los diabéticos corren el riesgo de amputación. “Para evitar complicaciones, debe equilibrarse la glucosa en sangre y normalizar la presión arterial y los niveles de colesterol. Por eso es tan importante el seguimiento que se hace a estos enfermos y los análisis que se repiten, por norma general, cada tres meses”, concluye el médico.

Cuando empezamos el tratamiento están en un estado muy avanzado de la enfermedad y ya se han producido complicaciones irreversibles

El hospital de San Martín de Porres de Yaundé es uno de los pocos que ha comenzado un programa para prevenir, detectar y controlar la enfermedad en el país con la colaboración de la Fundación Recover. Hospitales para África. Este apoyo permite que desde hace un par de años, cada miércoles, el doctor Noujep pase consulta en un anexo del complejo hospitalario. Allí se derivan todos los casos que se detectan en el centro y él hace el seguimiento de cada uno de ellos. Aquí las estadísticas también confirman la velocidad con la que la diabetes se extiende por Camerún: a 30 de septiembre de este año, el centro sigue a 332 pacientes (222 mujeres y 110 hombres). Esto supone casi el doble de los que estaban registrados el 30 de septiembre de 2016, 181. Si se compara el tercer trimestre de 2016 con el de 2017, en el primero se registraron 18 nuevos casos y este año 52, lo que indica que el ritmo de crecimiento es cada vez mayor.

Tras escuchar las preocupaciones del personal médico de San Martin de Porres, Recover decidió crear este programa, comenta Ángela Sevillano, directora de proyectos de la fundación. “Ellos estaban preocupados por el creciente aumento de casos de diabetes en consulta. Además, el carácter crónico de la enfermedad hace que muchos de los enfermos detectados tengan grandes dificultades para costearse el seguimiento y tratamiento que requieren, lo que aumenta sus problemas de salud”.

“También hubo que hacer frente a la inexperiencia de los profesionales en el seguimiento de la enfermedad y ausencia de especialistas, puesto que hasta hace unos años era prácticamente desconocida en el continente africano. El personal estaba muy preparado en enfermedades tropicales, VIH y tuberculosis, pero no en enfermedades no transmisibles como la diabetes”, continúa Sevillano. “Ante esta situación, Recover trabajó en el diseño del programa de forma conjunta con los profesionales sanitarios del hospital, que son quienes detectaron la necesidad de adaptarse al nuevo perfil de pacientes que recibía el centro mediante la creación de una Unidad para Diabetes”.

Recover trabajó en el diseño del programa con los profesionales sanitarios del hospital

Finalmente, la unidad se puso en marcha en 2015, y entre las actividades desarrolladas para ello, Sevillano enumera que, además de la provisión inicial de los materiales necesarios, se crearon protocolos médicos sobre el diagnóstico, seguimiento y tratamiento de pacientes diabéticos con apoyo de voluntarios especialistas; se dio formación especializada al equipo sanitario del hospital asignado a la unidad; se estableció un circuito específico para pacientes diabéticos dentro del hospital y un sistema de pago mensual para el seguimiento regular a precios asequibles y sociales “al alcance de todos”; comenzaron grupos de educación para la salud específicos para estos pacientes; se elaboraron manuales con información clara sobre la enfermedad, cuidados básicos, seguimiento terapéutico, signos de alarma y estilos de vida saludables; además de un modelo de dieta para diabéticos, adaptado a la disponibilidad de alimentos en Camerún”.

Quizás, uno de los principales problemas a los que se enfrentan los enfermos de diabetes es el cambio de estilo de vida y el seguimiento de una dieta alimentaria especial, lo que representa un problema para muchos pacientes por los gastos extras que supone. A pesar de eso, la mayoría realiza un esfuerzo, como es el caso de la señora Wanko, de 60 años, que dice que hace todo lo posible para seguirla: “no puedo saltármela, ¡es mi vida!”, exclama. Mballa confiesa que muchas veces tiene ganas de transgredir las prohibiciones que le impone el doctor, “sobre todo, las relacionadas con la comida, pero me aguanto”. Lo que dice echar más de menos es su antigua vida social. Se ha visto obligado a abandonar la bebida, y consecuentemente ya no frecuenta los bares y mismos lugares de diversión que antes lo que le ha supuesto, también, dejar de ver a la mayoría de sus amigos. Yvette Nouken, de 55 años, tiene dificultades para ser fiel al régimen. “Conseguir alimentos especiales cuesta dinero”, confiesa, pero tiene que hacer todo lo posible para seguirlo. “Ahora mi cuerpo se ha acostumbrado y se ha hecho a él, y también a la enfermedad, no puedo arriesgar”.

Una paciente de diabetes pasa la revisión en el hospital de San Martín de Porres de Yaundé.


Una paciente de diabetes pasa la revisión en el hospital de San Martín de Porres de Yaundé.

Ha costado mucho conseguir esta concienciación por parte de los enfermos. El éxito se debe en gran parte al equipo de formación del hospital que cada día aprovecha las horas de espera de los pacientes antes de ser recibidos por los médicos para concienciarles sobre distintos asuntos. Entre otros hacen especial hincapié en la diabetes. Con vídeos y folletos explican síntomas, causas y consecuencias, al tiempo que anima a los que crean que puedan padecerla a comentarlo con su doctor y pedir un análisis. Ellos también aconsejan a los enfermos que ya han sido detectados a seguir estrictamente la dieta impuesta a pesar de los sacrificios que ello pueda suponerles.

Ha costado mucho conseguir esta concienciación por parte de los enfermos

La OMS ha pedido a Camerún que establezca un plan nacional de lucha contra la diabetes, pero aunque ya se han tomado algunos pasos en este sentido, todavía no está disponible. Este, siempre según la OMS, debe incluir la implementación de criterios estándar para mover a los pacientes desde el nivel de atención primaria de salud a un nivel superior; estándares nacionales basados en la evidencia para la diabetes; políticas para reducir la sedentarización, el sobrepeso y la obesidad. También deben fortalecer la respuesta garantizando la disponibilidad de medicamentos, tecnologías y técnicas básicas en la formación médica pública.

Camerún, en la actualidad, parece lejos de estos parámetros. A falta de campañas nacionales para su prevención y medios para su tratamiento, los cameruneses dependen de los escasos programas existentes en el país. Tal es el caso del puesto en marcha en el hospital San Martin de Porres que se ha visto obligado a diseñar sus propios protocolos para atender dignamente a la cada vez mayor población enferma de diabetes que llega hasta él.


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Firma del Convenio para luchar contra el pian, la úlcera de Buruli y la lepra en Ghana

Accra, Ghana. Lunes, 29 de enero de 2018.
‘Declaro la puesta en marcha de este programa’ con estas palabras El Dr. Anthony Nsiah-Asare, Director del Ghana Health Service, anunció oficialmente el comienzo del Programa integrado ‘CONTROL, ELIMINACIÓN Y ERRADICACIÓN DE LAS ENFERMEDADES TROPICALES DESATENDIDAS RELACIONADAS CON LA PIEL’. Un momento histórico para la Fundación Anesvad que promueve esta iniciativa sin precedentes en colaboración con el Ghana Health Service. Esta propuesta implementará una serie de actividades que involucrarán activamente a 15 distritos de la geografía ghanesa. El programa incluye actividades de sensibilización, mapeo, detección, tratamiento, monitoreo, rehabilitación y reinserción, entre otros.
Sara Peña, directora de proyectos de la Fundación Anesvad, ha destacado el trabajo impecable de Alfonso Noboa y Pedro Landim al frente de la formulación del proyecto y, por supuesto, el compromiso y la profesionalidad de los diferentes agentes de los Programas Nacionales, Médicos, ONGs, Representantes regionales y de distrito.
Anesvad ha estado trabajando en el país desde 1995 con excelentes resultados y, de acuerdo con su Nuevo Plan Estratégico, la Fundación centra todos sus esfuerzos en las enfermedades tropicales desatendidas de manifestación cutánea, específicamente la úlcera de Buruli, el pian y la lepra.
Badu Sarkodie de GHS declaró ‘Emprendiendo los pasos necesarios, caminando juntos de la mano con profesionales. Me siento orgulloso de participar en esta importante lucha ‘
 
 
 
 

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