Cuatro maneras de derrotar al sida

En la batalla contra el VIH-sida, algunas historias iluminan más que otras el largo camino por delante hacia la erradicación global. En 2009, escuché una de ellas en Tanzania. Visitaba una aldea remota cuando le hablé a una mujer que sabía que era seropositiva. Me dijo que las pautas sanitarias oficiales en esos momentos establecían que no podía recibir tratamiento hasta que sus linfocitos T CD4, una variedad usada por el sistema inmune, hubieran bajado de un cierto umbral.

En la clínica, tras caminar varios kilómetros para hacerse la analítica, se encontró con que la máquina no funcionaba. Tampoco estaba operativa cuando viajó por segunda vez. Solo meses después, después de su tercer viaje a pie para llegar al centro, recibió el recuento de linfocitos: sus niveles estaban muy por debajo del umbral necesario. Su tratamiento debía haberse iniciado hacía meses.

Desde que se identificó al VIH-sida en 1984, la enfermedad ha matado a 35 millones de personas. Si bien la cantidad de muertes ha caído a cerca de la mitad con respecto a su pico de 2005, demasiadas personas siguen muriendo por esta dolencia prevenible. Solo en 2016, un millón de personas fallecieron de causas relacionadas con el VIH, mientras que 1,8 millones se contagiaron. Contrariamente al mito popular, no hemos doblado la esquina del sida, sino que hay un largo trecho por delante.

Según Onusida, apenas un 54% de los adultos que viven con VIH y un 43% de los niños en esa condición reciben las terapias antirretrovirales que salvan vidas y previenen nuevas infecciones. Con tantos pacientes sin tratamiento, el virus seguirá propagándose.

Como directora ejecutiva de una compañía farmacéutica global, me enorgullezco del trabajo que hemos hecho para luchar contra el VIH-sida en todo el mundo. Hoy más de ocho millones de personas (más de la mitad de los pacientes que reciben tratamientos para el VIH en los países en desarrollo) dependen de los tratamientos antirretrovirales que fabricamos.

Pero para quienes estamos a la vanguardia de esta batalla, el trabajo está lejos de haber terminado. La industria farmacéutica tiene una responsabilidad de ampliar el acceso a las pruebas y el tratamiento, y de ayudar a detener la propagación del VIH de una vez por todas. Para lograr esta meta, habrá que cumplir cuatro compromisos clave.

En 2016, un millón de personas fallecieron de causas relacionadas con el VIH, mientras que 1,8 millones se contagiaron

Para comenzar, las compañías farmacéuticas deberían esforzarse más por aumentar la disponibilidad de medicamentos genéricos de bajo coste. Mi compañía, Mylan, introdujo la primera píldora genérica de un solo uso diario para los países en desarrollo en 2009, y hemos ido reduciendo constantemente su precio para hacer que más gente pueda acceder a ella. Solo con este tratamiento, Mylan y otros fabricantes de genéricos permiten ahorrar al gobierno estadounidense, los donantes internacionales y los programas nacionales de salud más de 4.500 millones de dólares (unos 3.789 millones de euros) por año.

Aun así, las opciones de tratamiento se pueden ampliar más. En septiembre, Mylan anunció una colaboración con Onusida, la Fundación Bill y Melinda Gates, la Iniciativa Clinton de Acceso a la Salud y otros socios para proporcionar el régimen de próxima generación de tratamiento del VIH de una sola pastilla a pacientes en más de 90 países de ingresos bajos y medios a un coste inferior a 75 dólares por año. Son medicamentos que se usan ampliamente en países de altos ingresos porque producen menos efectos secundarios. Es necesario repetir iniciativas de accesibilidad como esta.

A continuación, los fabricantes de medicamentos deben seguir invirtiendo en capacidad y fiabilidad de la cadena de suministro. Desde 2005, la cantidad de personas que reciben terapias antirretrovirales en todo el mundo se ha multiplicado por 10, a 21 millones. Pero en la actualidad cerca del doble de esa cifra están infectados de VIH. A lo largo de la última década, Mylan ha invertido más de 250 millones de dólares en ampliar su capacidad de producción, y hoy producimos anualmente 4.000 millones de tabletas y cápsulas. Pero se necesitan mayores inversiones si hemos de proporcionar acceso al resto de los 21 millones de personas que aún no reciben tratamiento.

Un tercer compromiso que se necesita con urgencia es aumentar el apoyo a la investigación que acelere el desarrollo de innovaciones a una entrega de tratamientos eficaz y eficiente. Por ejemplo, Mylan proporciona medicamentos de estudio para ensayos clínicos, como el ensayo MaxART en Suazilandia, que demostró que proporcionar tratamiento a todas las personas seropositivas es la mejor manera de ralentizar el avance de la enfermedad. Asimismo, apoyamos el ensayo Encore1 del Instituto Kirby para desarrollar una versión de dosis reducidas del régimen de tratamiento para el VIH de uso más común. Y estamos cooperando con la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional como parte de un programa llamado Optimize, que apunta a acelerar el acceso a nuevas terapias.

La industria farmacéutica tiene una responsabilidad de ampliar el acceso a las pruebas y el tratamiento, y de ayudar a detener la propagación del VIH

No apoyamos ensayos como estos porque esperemos ganar algún derecho de propiedad intelectual comercializable, sino porque son la manera correcta de impulsar la ciencia y mejorar los tratamientos.

Por último, para que haya logros reales en la lucha contra el VIH/sida será necesario que los fabricantes de medicamentos tengan en cuenta las limitaciones de los sistemas de atención de salud y las redes de distribución en los países en desarrollo a los que prestan servicio.

Un buen ejemplo de estos retos son las terapias antirretrovirales para niños. A menudo, los medicamentos para jóvenes producidas en Occidente son líquidos que precisan refrigeración, pero los países en desarrollo suelen tener limitadas capacidades de almacenamiento en frío o no contar con la posibilidad de transportar líquidos en grandes volúmenes. Por eso Mylan ha desarrollado tabletas solubles, con sabor y estables al calor que se pueden añadir fácilmente a las comidas. Nuestros científicos trabajan ahora en la fórmula de próxima generación, que vendrá en el equivalente a un envase de azúcar e incluso los recién nacidos podrán tomar. Se necesitarán más innovaciones como esta para solucionar los problemas específicos de países que enfrentan los pacientes.

La comunidad sanitaria global ha hecho notables esfuerzos por revertir la marea del VIH-sida, introduciendo nuevos productos y promoviendo un tratamiento más temprano. Pero cuando recuerdo a la mujer que conocí en Tanzania, sé cuánto trabajo tenemos por delante. Los fabricantes de medicinas genéricas tenemos un papel importante en la lucha y no claudicaremos hasta que cada paciente del mundo que lo necesite pueda acceder a un tratamiento.

Heather Bresch es directora Ejecutiva de Mylan, compañía farmacéutica global especializada en medicamentos de marca y genéricos con receta médica y productos de venta directa.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

Copyright: Project Syndicate, 2017.

Puedes seguir a PLANETA FUTURO en Twitter y Facebook e Instagram, y suscribirte aquí a nuestra newsletter.

🚩 Publicado originalmente en África: Enlace al post

Cuatro maneras de derrotar al sida


En la batalla contra el VIH-sida, algunas historias iluminan más que otras el largo camino por delante hacia la erradicación global. En 2009, escuché una de ellas en Tanzania. Visitaba una aldea remota cuando le hablé a una mujer que sabía que era seropositiva. Me dijo que las pautas sanitarias oficiales en esos momentos establecían que no podía recibir tratamiento hasta que sus linfocitos T CD4, una variedad usada por el sistema inmune, hubieran bajado de un cierto umbral.

En la clínica, tras caminar varios kilómetros para hacerse la analítica, se encontró con que la máquina no funcionaba. Tampoco estaba operativa cuando viajó por segunda vez. Solo meses después, después de su tercer viaje a pie para llegar al centro, recibió el recuento de linfocitos: sus niveles estaban muy por debajo del umbral necesario. Su tratamiento debía haberse iniciado hacía meses.

Desde que se identificó al VIH-sida en 1984, la enfermedad ha matado a 35 millones de personas. Si bien la cantidad de muertes ha caído a cerca de la mitad con respecto a su pico de 2005, demasiadas personas siguen muriendo por esta dolencia prevenible. Solo en 2016, un millón de personas fallecieron de causas relacionadas con el VIH, mientras que 1,8 millones se contagiaron. Contrariamente al mito popular, no hemos doblado la esquina del sida, sino que hay un largo trecho por delante.

Según Onusida, apenas un 54% de los adultos que viven con VIH y un 43% de los niños en esa condición reciben las terapias antirretrovirales que salvan vidas y previenen nuevas infecciones. Con tantos pacientes sin tratamiento, el virus seguirá propagándose.

Como directora ejecutiva de una compañía farmacéutica global, me enorgullezco del trabajo que hemos hecho para luchar contra el VIH-sida en todo el mundo. Hoy más de ocho millones de personas (más de la mitad de los pacientes que reciben tratamientos para el VIH en los países en desarrollo) dependen de los tratamientos antirretrovirales que fabricamos.

Pero para quienes estamos a la vanguardia de esta batalla, el trabajo está lejos de haber terminado. La industria farmacéutica tiene una responsabilidad de ampliar el acceso a las pruebas y el tratamiento, y de ayudar a detener la propagación del VIH de una vez por todas. Para lograr esta meta, habrá que cumplir cuatro compromisos clave.

En 2016, un millón de personas fallecieron de causas relacionadas con el VIH, mientras que 1,8 millones se contagiaron

Para comenzar, las compañías farmacéuticas deberían esforzarse más por aumentar la disponibilidad de medicamentos genéricos de bajo coste. Mi compañía, Mylan, introdujo la primera píldora genérica de un solo uso diario para los países en desarrollo en 2009, y hemos ido reduciendo constantemente su precio para hacer que más gente pueda acceder a ella. Solo con este tratamiento, Mylan y otros fabricantes de genéricos permiten ahorrar al gobierno estadounidense, los donantes internacionales y los programas nacionales de salud más de 4.500 millones de dólares (unos 3.789 millones de euros) por año.

Aun así, las opciones de tratamiento se pueden ampliar más. En septiembre, Mylan anunció una colaboración con Onusida, la Fundación Bill y Melinda Gates, la Iniciativa Clinton de Acceso a la Salud y otros socios para proporcionar el régimen de próxima generación de tratamiento del VIH de una sola pastilla a pacientes en más de 90 países de ingresos bajos y medios a un coste inferior a 75 dólares por año. Son medicamentos que se usan ampliamente en países de altos ingresos porque producen menos efectos secundarios. Es necesario repetir iniciativas de accesibilidad como esta.

A continuación, los fabricantes de medicamentos deben seguir invirtiendo en capacidad y fiabilidad de la cadena de suministro. Desde 2005, la cantidad de personas que reciben terapias antirretrovirales en todo el mundo se ha multiplicado por 10, a 21 millones. Pero en la actualidad cerca del doble de esa cifra están infectados de VIH. A lo largo de la última década, Mylan ha invertido más de 250 millones de dólares en ampliar su capacidad de producción, y hoy producimos anualmente 4.000 millones de tabletas y cápsulas. Pero se necesitan mayores inversiones si hemos de proporcionar acceso al resto de los 21 millones de personas que aún no reciben tratamiento.

Un tercer compromiso que se necesita con urgencia es aumentar el apoyo a la investigación que acelere el desarrollo de innovaciones a una entrega de tratamientos eficaz y eficiente. Por ejemplo, Mylan proporciona medicamentos de estudio para ensayos clínicos, como el ensayo MaxART en Suazilandia, que demostró que proporcionar tratamiento a todas las personas seropositivas es la mejor manera de ralentizar el avance de la enfermedad. Asimismo, apoyamos el ensayo Encore1 del Instituto Kirby para desarrollar una versión de dosis reducidas del régimen de tratamiento para el VIH de uso más común. Y estamos cooperando con la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional como parte de un programa llamado Optimize, que apunta a acelerar el acceso a nuevas terapias.

La industria farmacéutica tiene una responsabilidad de ampliar el acceso a las pruebas y el tratamiento, y de ayudar a detener la propagación del VIH

No apoyamos ensayos como estos porque esperemos ganar algún derecho de propiedad intelectual comercializable, sino porque son la manera correcta de impulsar la ciencia y mejorar los tratamientos.

Por último, para que haya logros reales en la lucha contra el VIH/sida será necesario que los fabricantes de medicamentos tengan en cuenta las limitaciones de los sistemas de atención de salud y las redes de distribución en los países en desarrollo a los que prestan servicio.

Un buen ejemplo de estos retos son las terapias antirretrovirales para niños. A menudo, los medicamentos para jóvenes producidas en Occidente son líquidos que precisan refrigeración, pero los países en desarrollo suelen tener limitadas capacidades de almacenamiento en frío o no contar con la posibilidad de transportar líquidos en grandes volúmenes. Por eso Mylan ha desarrollado tabletas solubles, con sabor y estables al calor que se pueden añadir fácilmente a las comidas. Nuestros científicos trabajan ahora en la fórmula de próxima generación, que vendrá en el equivalente a un envase de azúcar e incluso los recién nacidos podrán tomar. Se necesitarán más innovaciones como esta para solucionar los problemas específicos de países que enfrentan los pacientes.

La comunidad sanitaria global ha hecho notables esfuerzos por revertir la marea del VIH-sida, introduciendo nuevos productos y promoviendo un tratamiento más temprano. Pero cuando recuerdo a la mujer que conocí en Tanzania, sé cuánto trabajo tenemos por delante. Los fabricantes de medicinas genéricas tenemos un papel importante en la lucha y no claudicaremos hasta que cada paciente del mundo que lo necesite pueda acceder a un tratamiento.

Heather Bresch es directora Ejecutiva de Mylan, compañía farmacéutica global especializada en medicamentos de marca y genéricos con receta médica y productos de venta directa.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

Copyright: Project Syndicate, 2017.

Puedes seguir a PLANETA FUTURO en Twitter y Facebook e Instagram, y suscribirte aquí a nuestra newsletter.

🚩 Publicado originalmente en Planeta Futuro | EL PAÍS: Enlace al post

Gracias – Anesvad

Te queremos enseñar este vídeo que captura la esencia de una comunidad alegre a pesar de todo, y mucho más alegre gracias a la ayuda de los socios/as y colaboradores/as que hacen posible que Anesvad siga trabajando por el Derecho a la Salud.

🚩 Publicado originalmente por Derecho a la Salud: Gracias – Anesvad

¿Cuáles son las enfermedades tropicales desatendidas?

Las enfermedades tropicales desatendidas según la OMS son aquellas “enfermedades infecciosas que proliferan en entornos empobrecidos, especialmente en el ambiente caluroso y húmedo de los climas tropicales“. Así, son frecuentes en regiones en vías de desarrollo del África subsahariana y diversas áreas del continente americano y asiático.

Estas afecciones están causadas principalmente por bacterias, parásitos helmintos y protozoarios, así como por virus. Si bien el tratamiento de las enfermedades tropicales desatendidas puede ser relativamente asequible en los países desarrollados, siguen fuera del alcance de las comunidades más humildes.

Enfermedades tropicales desatendidas

Enfermedades tropicales: Cuáles son y dónde se localizan

Si bien no existe un consenso a la hora de confeccionar una lista de enfermedades desatendidas, la OMS enumera 17. Son enfermedades tropicales generadas por bacterias la lepra, el pian, la tracoma y la úlcera de Buruli.

La lepra persiste principalmente en África Central, aunque también en regiones de países como Brasil o India, así como en Madagascar.

Las producidas por parásitos helmintos son la cisticercosis y teniasis, la dracunculiasis, la equinocosis, la esquistosomiasis, la filariosis linfática, la nematodosis digestiva y la oncocercosis.

Entre las enfermedades tropicales producidas por protozoarios está la leishmaniosis, que puede ser cutánea, muco-cutánea y visceral. La primera se concentra principalmente en Oriente Medio, la muco-cutánea en Sudamérica: es una de las enfermedades tropicales en Bolivia, varias regiones de Brasil y Perú. Finalmente, la leishmaniosis visceral es propia principalmente del llamado Cuerno de África, Bangladés e India.

La tripanosomiasis africana o enfermedad del sueño y la tripanosomiasis americana o enfermedad de Chagas son afecciones generadas también por parásitos protozoarios.

Enfermedades tropicales desatendidas transmitidas por mosquitos y zancudos

La rabia, prácticamente erradicada entre humanos, y el dengue, una de las enfermedades transmitidas por mosquitos y zancudos, son generadas por virus. Esta última se localiza principalmente en regiones de los continentes americano y asiático, así como en Australia.

Hoy en día las enfermedades tropicales desatendidas continúan propagándose en las regiones y comunidades en las que persiste la pobreza extrema o se producen conflictos armados. La contaminación ambiental y la falta de higiene y condiciones de vida más elementales facilitan la transmisión de estas enfermedades, que hoy en día siguen afectando a millones de personas.

Ocho millones de personas olvidadas


Imagina un mundo en el que una de cada seis personas padeciera una enfermedad potencialmente mortal. Una afección sin síntomas aparentes, silenciosa, pero que puede provocar una muerte súbita. Ahora imagina que, a pesar de que existe un tratamiento para la misma desde hace décadas, ninguna empresa estuviera interesada en producirlo por afectar a poblaciones de países con escasos recursos, sin interés comercial.

Aunque suena a película de terror, en esa situación se encontraban los afectados por la enfermedad de Chagas en el año 2011, cuando el mundo fue testigo del desabastecimiento del único medicamento capaz de frenar sus efectos.

El mal de Chagas, originario de Latinoamérica, fue descubierto hace más de un siglo. Se transmite por la picadura del insecto vector llamado vinchuca, que porta el parásito protozoo Trypanosoma Cruzi. El chagas es una de las 20 enfermedades tropicales desatendidas, denominadas así por la OMS porque no se encuentran entre las prioridades de las agendas de salud global de los gobiernos, a pesar de tener un gran impacto en la población. Y durante aquel año 2011, cerca de ocho millones de personas portadoras de la afección no accedieron al tratamiento.

Este agujero en la producción del medicamento provocó que el Ministerio de Salud argentino, quien se enfrentaba a más de millón y medio de afectados en su territorio, convocara un consorcio con la industria farmacéutica para hacer frente al problema. Fue entonces cuando la fundación Mundo Sano asumió la tarea de impulsar la producción del Benznidazol para hacer accesible a todos los necesitados un medicamento que tratara la afección.

Estados Unidos acaba de apruebar un medicamento para tratar niños de 2 a 12 años de edad con chagas

Apenas seis años después, Mundo Sano trabaja en el compromiso firme de facilitar acceso gratuito al diagnóstico y tratamiento. En esta labor nos acompañan DNDi y Chemo. El chagas ha dejado de afectar únicamente a países latinoamericanos, sino que se ha convertido en un problema de salud pública en zonas no endémicas de Europa, Estados Unidos, Australia y Japón. Actualmente, existen 25 millones de personas en riesgo de contraer la enfermedad. Y, aunque se cuenta con herramientas para combatirlo, la gran mayoría de los pacientes en todo el mundo siguen sin tener acceso al tratamiento.

Recientemente vivimos grandes novedades que han supuesto un hito para la lucha contra el chagas. Estados Unidos acaba de aprobar un medicamento para tratar niños de dos a 12 años de edad. Se trata del país no endémico con mayor número de afectados por la enfermedad (se estiman unas 300.000 personas).

El informe publicado por recientemente por ISGlobal sobre la aportación de España al chagas es un ejemplo de cómo, uniendo esfuerzos entre todos los actores involucrados, es posible generar un cambio contundente donde se reduzcan la cantidad de fallecimientos. Según dicha publicación, el número de muertos al año en los años 80 fue de 45.000, mientras que en el año 2015 se consiguió reducir a 7.000. El número de personas infectadas por el parásito también se mermó tras los esfuerzos internacionales, pasando de 30 millones en la década de los 90 a alrededor de siete, en 2015.

Pese a estos avances, los retos a los que se enfrenta el mundo no son triviales: cada año se producen miles de casos nuevos de chagas y más del 90% de ellos siguen sin poder acceder al tratamiento. Protocolizar el control de la transmisión en áreas no endémicas vigilando, por ejemplo, la salud de la mujer en edad fértil; compartir y aumentar la evidencia científica en torno a la enfermedad; aportar luz sobre lagunas de conocimiento; y la colaboración entre organizaciones y gobiernos locales son algunos de los desafíos ante los que nos encontramos si queremos evitar miles de muertes. Tenemos solución ante este problema. La verdadera pregunta es: ¿Sabremos coordinarnos y cooperar con cada país para lograr el control y la eliminación del chagas?

Ana Arbex Abollado es responsable de Comunicación de la Fundación Mundo Sano.

Puedes seguir a PLANETA FUTURO en Twitter y Facebook e Instagram, y suscribirte aquí a nuestra newsletter.

🚩 Publicado originalmente en Planeta Futuro | EL PAÍS: Enlace al post

Malnutrición y malaria, sinergia devastadora


Los caminos polvorientos y plagados de baches en la región de Kulikoro, en el sur de Mali, hacen que los viajes sean largos y tediosos. El hospital del distrito de Dioïla, a unos 160 kilómetros al este de la capital, Bamako, es uno de los símbolos de la lucha contra la malaria en este despoblado rincón del país. El distrito, relativamente grande, cubre alrededor de 210 pueblos con una población estimada de 335.000 habitantes. El hospital colabora con 22 centros de salud comunitaria en la periferia. La malnutrición y la malaria son las patologías más tratadas en estos centros.

Cuando al pequeño Oumar, de tres años, empezó a subirle la temperatura corporal, sus padres decidieron llevarle al centro de salud comunitario del pueblo. Pero ante a la rápida degradación de su estado, el personal médico del centro aconsejó a los padres llevarlo al hospital de Dioïla. Oumar moría apenas 30 minutos después de su admisión. “Empezó a tener fiebres altas hace unos tres días, pero en realidad debía tener los síntomas desde hace más tiempo. La malnutrición que sufría no había hecho más que empeorar su estado. Llegó muy tarde y no pudimos salvarle la vida” cuenta el doctor Moussa Bagayoko, médico jefe del distrito de Dioïla y responsable del hospital.

Desafortunadamente, el caso del pequeño Oumar no es algo aislado e ilustra de manera muy real la virulencia de la malaria y la malnutrición en las regiones pobres, donde los servicios sanitarios suelen presentar deficiencias. “Encontramos frecuentemente casos así, cuenta la doctora Traoré. "Son cuadros de paludismo grave complicados por anemia; perdemos a los pacientes muy a menudo porque vienen muy tarde. El caso de hoy ha llegado con una tasa de hemoglobina de un gramo, cuando lo normal son 12. Oumar ha llegado tarde. No hemos podido hacer nada”.

Comunmente asociado a la malnutrición, el paludismo es la patología que mata más niños, sobre todo durante la época de lluvias, de junio a octubre. Durante este período, el clima favorece la formación de aguas estancadas y, a su vez, la proliferación de mosquitos, vectores de transmisión de la enfermedad. Además, la época coincide con la fase de transición de cosechas, lo que implica la mayor exposición de la población a la falta de alimento.

Mali, como muchos de los países del Sahel, posee una alta tasa de malnutrición. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la de tipo agudo afecta a más del 13% de los niños entre cero y cinco años, mientras que el nivel de alerta internacional está situado en el 10%. Respecto a la crónica, el umbral de alerta internacional está situado en el 20%. Ahora bien, en Mali alcanza más del 28% en menores de cinco años. Esto marca un problema de salud pública de grandes dimensiones que acrecienta la vulnerabilidad de los niños frente a la malaria.

Es complicado saber cuántos menores de cinco años mueren cada año de malnutrición y paludismo en el distrito de Dioïla. Aún así, según la OMS, la enfermedad es la primera causa de mortalidad en este segmento de menores en el África subsahariana. Se estima que en 2015 causó más de 429.000 muertes en el mundo, de las cuales más del 90% se dieron en África subsahariana, en regiones de parecidas características a las de Dioïla.

La malaria es la primera causa de mortalidad en este segmento de menores en el África subsahariana

Para hacer frente a esta amenaza, la población el distrito de Dioïla se beneficia a priori de un acceso relativamente cómodo y extendido a servicios de salud para la región, ya que el 87% de la población vive a menos de 15 kilómetros de un centro de salud. Sin embargo, a todas luces el sistema no parece todo lo efectivo que cabría esperar. Muchas de las estructuras médicas no funcionan de manera eficaz sin el soporte de ONG internacionales. “La falta de recursos humanos, materiales y financieros destapan las carencias de los 22 centros de salud comunitarios y también del hospital —de 160 camas— del distrito”, explica el doctor Bagayoko.

Además, una gran parte de la población está desarraigada de la estructura hospitalaria que es, a menudo, el único recurso en caso de casos que se ven agravados. No es raro entonces el ver familias que se desplazan más de 100 kilómetros en ciclomotor con un niño enfermo para llegar al hospital más cercano. “Una distancia generalmente fatal cuando un niño sufre paludismo desde hace varios días y cuando su estado se degrada por momentos” subraya el doctor

En un país en el que los cuidados sanitarios son de pago y no siempre baratos, no es de extrañar que el hospital sea el último recurso utilizado por las familias mayoritariamente pobres. 56% de los habitantes del distrito viven bajo el umbral de la pobreza. El personal sanitario debe hacer frente frecuentemente a casos más graves o incluso desesperados. El acceso a los cuidados de salud de las poblaciones más desfavorecidas sigue siendo un reto mayor en el distrito.

Puedes seguir a PLANETA FUTURO en Twitter y Facebook e Instagram, y suscribirte aquí a nuestra newsletter.

🚩 Publicado originalmente en Planeta Futuro | EL PAÍS: Enlace al post

La Fundación Lealtad acredita la transparencia y buenas prácticas de Anesvad

Volver

2017-12-13

Categoría: Anesvad

La Fundación Lealtad acredita la transparencia y buenas prácticas de Anesvad

Janire Ramas Monte

Janire Ramas Monte

Sello Fundación Lealtad

Anesvad ha logrado el sello ONG acreditada que otorga la Fundación Lealtad tras contrastar ésta que Anesvad cumple íntegramente los 9 principios de Transparencia y Buenas Prácticas.

Para ello se han evaluado diferentes aspectos como: el correcto cumplimiento de la misión; la gestión eficiente de los recursos; la independencia en la toma de decisiones; el acceso a la información por parte de los donantes, la correcta planificación; sistemas adecuados de control, la transparencia en los medios de financiación tanto pública como privada; la diversificación del origen de los ingresos que aseguren la sostenibilidad; el cumplimiento de todas las obligaciones legales o la promoción del voluntariado. Toda la información está recogida en un informe que desgrana punto por punto cada uno de los principios.

“Anesvad solicitó de forma voluntaria la acreditación, proceso que ha concluido con la concesión del Sello ONG Acreditada tras analizarse 43 indicadores para verificar que cumple con los Principios de Transparencia y Buenas Prácticas de gestión”, explica Ana Benavides, directora general de la Fundación Lealtad.

Esta acreditación se suma, junto a otras certificaciones recibidas, al conjunto de actuaciones que en materia de transparencia realiza Anesvad basadas en la responsabilidad, el acceso a la información de la gestión de los recursos y el impacto de nuestro trabajo.

A partir de ahora, Anesvad contará con el Sello ONG Acreditada para manifestar su compromiso con la transparencia y las buenas prácticas, que podrá usar durante los dos próximos años en sus materiales de comunicación y captación de fondos. Además, los donantes podrán consultar el informe de acreditación de la ONG en la página web http://ift.tt/1S0JGHg. “Las ONG son conscientes de que la transparencia y las buenas prácticas de gestión son básicas para generar y reforzar la confianza del donante en su labor. La rendición de cuentas es clave porque ayuda a crear un vínculo con la sociedad, lo que a largo plazo favorece las colaboraciones”, señala Benavides.

Conoce más sobre la Fundación Lealtad y su trabajo en este enlace: http://ift.tt/2C8knDz

 

También te puede interesar sobre este tema:

  • Personal Sanitario en África

    2017-12-04

    Categoría: Anesvad

    En Anesvad trabajamos intensamente para formar personal sanitario que haga frente a alto volumen de pacientes que padecen enfermedades olvidadas, y de este modo se fortalezca el sistema sanitario y por ende, una sociedad africana más sana.

  • La inigualable sensación de dar

    2017-11-27

    Categoría: Anesvad

    En Anesvad nos sumamos al movimiento GIVINGTUESDAY desde 2015, año en que llega a España, y desde entonces apoyamos con toda nuestra ilusión y fuerza este movimiento que va creciendo día a día, ¿quieres sumarte tú también y acompañarnos?

🚩 Publicado originalmente por Derecho a la Salud: La Fundación Lealtad acredita la transparencia y buenas prácticas de Anesvad

La Fundación Lealtad acredita la transparencia y buenas prácticas de Anesvad

Anesvad ha logrado el sello ONG acreditada que otorga la Fundación Lealtad tras contrastar ésta que Anesvad cumple íntegramente los 9 principios de Transparencia y Buenas Prácticas.
Para ello se han evaluado diferentes aspectos como: el correcto cumplimiento de la misión; la gestión eficiente de los recursos; la independencia en la toma de decisiones; el acceso a la información por parte de los donantes, la correcta planificación; sistemas adecuados de control, la transparencia en los medios de financiación tanto pública como privada; la diversificación del origen de los ingresos que aseguren la sostenibilidad; el cumplimiento de todas las obligaciones legales o la promoción del voluntariado. Toda la información está recogida en un informe que desgrana punto por punto cada uno de los principios.
“Anesvad solicitó de forma voluntaria la acreditación, proceso que ha concluido con la concesión del Sello ONG Acreditada tras analizarse 43 indicadores para verificar que cumple con los Principios de Transparencia y Buenas Prácticas de gestión”, explica Ana Benavides, directora general de la Fundación Lealtad.
Esta acreditación se suma, junto a otras certificaciones recibidas, al conjunto de actuaciones que en materia de transparencia realiza Anesvad basadas en la responsabilidad, el acceso a la información de la gestión de los recursos y el impacto de nuestro trabajo.
A partir de ahora, Anesvad contará con el Sello ONG Acreditada para manifestar su compromiso con la transparencia y las buenas prácticas, que podrá usar durante los dos próximos años en sus materiales de comunicación y captación de fondos. Además, los donantes podrán consultar el informe de acreditación de la ONG en la página web http://ift.tt/1S0JGHg. “Las ONG son conscientes de que la transparencia y las buenas prácticas de gestión son básicas para generar y reforzar la confianza del donante en su labor. La rendición de cuentas es clave porque ayuda a crear un vínculo con la sociedad, lo que a largo plazo favorece las colaboraciones”, señala Benavides.
Conoce más sobre la Fundación Lealtad y su trabajo en este enlace: http://ift.tt/2C8knDz
 

🚩 Publicado originalmente por Derecho a la Salud: La Fundación Lealtad acredita la transparencia y buenas prácticas de Anesvad

La salud global en diez documentales


Una radiografía del estado de salud del mundo, los avances y retos que quedan por abordar. Esto es lo que se ha mostrado en la tercera edición del Global Health Film Festival, celebrado el pasado fin de semana en Londres, a través de 30 películas, talleres y actividades de realidad virtual. 

Con el apoyo de la Fundación Bill y Melinda Gates y la revista The Lancet, este festival reúne a profesionales de la salud, miembros de la sociedad civil y cineastas de todo el mundo. Su grandeza reside precisamente en acercar temas complejos a la audiencia y así ser catalizador de cambio. “El cine tiene el enorme poder de humanizar, de generar empatía”, indicaba en una de las ponencias Andre Heller Perache, director de programas de Médicos sin Fronteras (MSF) en Reino Unido. La salud pública ya no se debate exclusivamente en los ámbitos académico y científico, ahora se utilizan nuevas narrativas para llegar a una audiencia más amplia.

Uno de los principales temas abordados ha sido el riesgo de las epidemias. Unseen Enemy (2017) examina cómo el crecimiento de la población, el cambio climático y, en definitiva, la globalización, han incrementado la posibilidad de que bacterias patógenas se diseminen y muten, así como de que aparezcan otras nuevas. A través de las lecciones aprendidas tras el ébola, el zika y la gripe se analiza esta amenaza invisible. El lado bueno de esta historia es el trabajo de los profesionales que tratan de marcar la diferencia para proteger a países enteros. El malo es que, según los expertos, nos encontramos lejos de estar preparados para una pandemia global. No es fácil frenar lo que todavía no existe

Por su parte, Resistance (2015) explora el declive en la eficacia de los antibióticos y la creciente presencia de bacterias que dejan de ser sensibles a sus efectos. Naciones Unidas calcula que de no poner remedio, esta resistencia se cobrará más de 10 millones de vidas en 2050. A través de historias personales y estudios científicos, el documental muestra cómo se ha llegado hasta este apunto y por qué es urgente frenar el uso abusivo de antibióticos.

La tecnología puede ayudar a resolver muchos de estos problemas, pero no sin dilemas éticos. Al menos así lo explica el documental The Life Equation (2016), que cuenta la historia de la guatemalteca Crecencia Bush, enferma de cáncer de cuello uterino muy avanzado. La cinta expone que el coste de su tratamiento es de 10.000 dólares, una cantidad con la que se podrían financiar miles de citologías cérvico-vaginales para prevenir la enfermedad en otras mujeres. ¿Qué hacer? Las decisiones basadas en algoritmos podrían transformar la realidad de mil millones de personas sin acceso a sanidad universal. Sin embargo, los pacientes como Crecencia no son simples estadísticas, plantea la película, y decidir quién se queda fuera de esta revolución no es sencillo.

También se han presentado otros enfoques innovadores, como en el caso del documental Resiliencie (2016), que profundiza en la idea de que las experiencias infantiles adversas –maltrato, abusos, abandono– pueden incrementar las posibilidades de padecer enfermedades cardíacas, cáncer, drogadicción y depresión en adultos jóvenes. Partiendo de esta base, médicos, educadores y trabajadores sociales en Estados Unidos ayudan a padres y niños a romper este ciclo.

La salud mental de los refugiados y migrantes es otro problema de salud pública. En Born in Syria (2016), siete niños narran el viaje que les ha llevado desde sus países en guerra hasta Alemania, pasando por Hungría y otros territorios donde no son precisamente bienvenidos. Según datos de Unicef, 8,4 millones de menores necesitan ayuda humanitaria debido al conflicto en Siria. Esto tiene efectos devastadores en su salud y bienestar. “Está demostrado que trauma y salud mental van unidos, es fundamental ofrecer mayor atención psicológica a los refugiados; en la mayoría de campamentos este apoyo es inexistente”, recordó en un coloquio posterior a la proyección de la película, Mohammed Al-Uzri, profesor de psiquiatría en la Universidad de Leicester

Fears of a Seven year-old (2017), mostró otra cara de la crisis migratoria. Relata la historia de una niña y su madre embarazada en el asentamiento de Zaatari en Jordania, el campo de refugiados con la tasa de mortalidad materna más baja del mundo. Un éxito que se consigue gracias al trabajo del Fondo de Naciones Unidas para la Población. El documental abre un debate sobre la dificultad para mantener estas acciones después de que Estados Unidos, principal donante de la institución, haya cortado toda financiación a ese programa. “El mensaje subyacente de mi película es que la retirada de fondos tendrá consecuencias en la salud reproductiva de los más vulnerables; estoy muy decepcionada con el Gobierno estadounidense”, señaló la directora Lauren Anders Brown.

El cartel del festival puso el foco principalmente en los nuevos retos, pero también dejó espacio al tratamiento de enfermedades de sobra conocidas y que, poco a poco, se van liberando de su estigma. Es el caso del VIH. Our Hands (2015) se sitúa en Neno, Malawi, una de las primeras comunidades de África subsahariana en recibir el autotest sanguíneo de detección del virus sin necesidad de ir una clínica. Una avance crucial, ya que muchas personas no se plantean hacerse la prueba por miedo a ser reconocidos por sus vecinos o por falta de medios. En la actualidad, 36,7 millones de personas viven con el VIH, pero casi un tercio no lo sabe.

Superar la adversidad

Pese a que algunas de las historias arriba mostradas pueden parecer fatalistas, el componente común es la esperanza. Esta es la esencia de It Is Not Yet Dark (2017), largometraje basado en el libro de Simon Fitzmaurice. Colin Farrell pone su voz a la historia de este director de cine irlandés diagnosticado con la enfermedad de la neurona motora, una afección que provoca la parálisis del cuerpo. Fitzmaurice no puede hablar, tragar o respirar sin ayuda artificial, pero sí puede sentir y continuar con su carrera de cineasta. El arranque del filme lo dice todo: “La peor parte de vivir con esta enfermedad es la distancia con mis seres queridos, la mejor parte es la de vivir, adoro estar vivo”.

En esta misma línea se enmarca City of Joy (2016). Narra una historia diferente de República Democrática del Congo, plasmando la amistad que surge entre tres mujeres, Denis Mukwege, candidata al Premio Nobel de la Paz en 2016, la activista por los derechos de las mujeres Christine Schuler-Deschryver y la feminista Eve Ensler, autora de los monólogos de la vagina. A pesar de vivir en uno de los lugares del mundo peor considerado para ser mujer, están decididas a crear un nuevo país en el que las propias víctimas de abusos y violaciones alcen la voz y lideren el cambio.


Muchas de estas películas recuerdan que lidiar con la muerte forma parte de la vida, pero The Children of The Noon (2017) lo hace desde una óptica especialmente sincera. En un pequeño pueblo de Kenia la cámara filma el día a día de un el grupo de niños y adolescentes en el orfanato de Nchiru. Sus conversaciones, sus juegos y travesuras marcan el ritmo del documental hasta que se produce la muerte repentina de uno de los chicos. Es entonces cuando aflora el dolor por su pérdida, pero también lo hace la amistad incluso la esperanza. La vida misma.

Puedes seguir a PLANETA FUTURO en Twitter y Facebook e Instagram, y suscribirte aquí a nuestra newsletter.

🚩 Publicado originalmente en Planeta Futuro | EL PAÍS: Enlace al post

El estigma de ser portador del VIH y adolescente en India

Bakar, nombre ficticio, supo que era portador del VIH al sobreescuchar una conversación de su tía y su abuela a los 16 años, cuando estaba en décimo curso, el equivalente a 4º de la ESO en España: “Mi familia intentó ocultármelo tanto tiempo como pudo. Tenían miedo de que se empezara a extender el rumor. Eran gente influyente en el pueblo, mi abuelo había sido alcalde de la localidad. Para ellos era una vergüenza que se supiera y por eso no me querían llevar al hospital”, explica este joven de 21 años, nacido en Bellary, un pueblo del estado de Karnataka (India).


India es el tercer país del mundo con mayor número de personas con VIH, por detrás de Sudáfrica y Nigeria. Lo sufren 2,1 millones de personas, de las cuales alrededor de 125.000 son adolescentes, de entre 10 y 19 años y en una proporción de 65.000 niños y 60.000 niñas. La mayoría de ellos, huérfanos o abandonados por sus familias, son uno de los grupos sociales más estigmatizados y discriminados en India. “En nuestro hospital tenemos 1.200 niños con VIH, más menores portadores del virus que en toda España”, asegura Gerardo Álvarez-Uría, jefe de Servicio del Programa de Enfermedades Infecciosas de la Fundación Vicente Ferrer.

“Empecé a perder peso, me costaba respirar, se me debilitaron los huesos, tenía mucha fiebre… Me enviaron al Hospital Público del Gobierno en Kurnool y de ahí me derivaron al Hospital de la Fundación Vicente Ferrer en Bathalapalli. Tenía mucho miedo, era mi primera vez en un hospital”, explica Bakar en una entrevista. De aquel día en el que el adolescente ingresó, Álvarez-Uría recuerda un dato aterrador: el niño, de 18 años, pesaba 17 kilos: “Llegó en una fase de sida avanzada y estuvo a punto de morir. Tenía tuberculosis y su corazón se le paró. Tuvimos que desfibrilarlo al menos 20 veces. Cuando pensamos que iba a morir, apareció el latido de su corazón en el monitor”, explica el doctor Álvarez-Uría a través de Skype desde Anantapur (India).


Una de la salas de espera del hospital de Bathalapalli.

ampliar foto

Una de la salas de espera del hospital de Bathalapalli. FVF

Los padres de Bakar murieron a causa del virus y no recibieron tratamiento. En 2016 solo el 53% de los adultos que padecen la enfermedad tuvieron acceso al tratamiento antirretroviral en India, según el Programa Conjunto de Naciones Unidas sobre el VIH/sida.

“Cuando en mi pueblo se enteraron que me habían llevado a Bathalaplli, un hospital tan lejano, empezaron a sospechar. No sé cómo se extendió el rumor, a lo mejor a través de mi familia, la gente que trabajaba con ellos, los vecinos… La gente no se acercaba a mí, me miraban… Estuve dos años entrando y saliendo del hospital. Dos meses en el hospital, dos días en casa. En mi pueblo me empezaron a ver como un alien. No me tomé correctamente la medicación durante una época y debido a una infección perdí la visión, primero de forma parcial y ahora total. Además durante una época tuve muchos problemas para andar, se me habían debilitado mucho los huesos”, explica Bakar, que ahora ha encontrado ayuda en Enable India, una organización en Bangalore para personas con discapacidad visual.

La presión social y la discriminación social que los enfermos de sida reciben en India son dos de las razones por la que la mayoría de los enfermos adolescentes abandonan la medicación o esconden que la están tomando. “Me levanto antes que el resto de mis compañeros de habitación y me pongo las pastillas en una bolsa de aire. Tengo los botes escondidos en el armario. Al principio me daba mucho miedo volver a relacionarme con gente, ya fueran mis compañeros del centro para personas con discapacidad o mis compañeros de habitación. Ahora paso todo mi día con ellos, aunque ninguno de ellos sabe que tengo VIH. Si se enteraran todo cambiaría. No me dejarían entrar en las habitaciones y el director de la residencia probablemente me echaría. Tendría que volver a irme, y no quiero”, explica Bakar sobre su nueva vida en Bangalore.

En mi pueblo me empezaron a ver como un alien

Bakar, portador de VIH

Desde 2009 la fundación Vicente Ferrer construyó el hospital Bathalapalli y dos orfanatos para dar cabida a aquellos niños y niñas que han perdido a sus padres y están en riesgo de exclusión. “Al principio era una batalla conseguir que se tomaran el tratamiento. Una vez conseguido esto nos hemos centrado en una segunda fase en la que hay otros problemas como la no aceptación de la enfermedad y los trastornos psicológicos que sufren”, explica Alvárez-Uría.

Antes de perder la visión debido a la infección el sueño de Bakar era ser abogado. “Me encanta hablar con la gente y seguir las normas. Sin embargo, ahora me gustaría ser contable, no un jefe de contables, simplemente contable. Aunque debo decir que no tengo grandes sueños. Mi único deseo es poder ser independiente y tener una vida normal”, sueña Bakar.

Atención psicológica, además de los antirretrovirales

Cada año la Fundación Vicente Ferrer organiza talleres formativos a jóvenes portadores del virus para que conozcan su situación y afronten el futuro con mayores garantías tanto para su saluda como para su autoestima. Un equipo de médicos y psicólogos, entre los que se encuentra Claudia Fortuny, pediatra voluntaria de la fundación desde hace 10 años, les hablan de la importancia de medicarse y de las limitaciones o síntomas con los que se pueden encontrar.

Una de las sesiones de formación en el orfanato de jóvenes con VIH.
Una de las sesiones de formación en el orfanato de jóvenes con VIH. FVF

Uno de los temas que preocupan más a los chicos y chicas infectados con el virus del VIH es la posibilidad de casarse y tener hijos, en un país donde tradicionalmente el matrimonio tiene un gran peso en la sociedad, explican tanto Fortuny como Álvarez-Uría. “Una mujer embarazada que tiene el virus y toma las medicinas no tiene por qué contagiar a su bebé. Pero para eso tiene que seguir el tratamiento y cuidar bien de su salud”, explica Fortuny el mensaje que les ha hecho llegar en alguno de estos talleres y encuentros. Gracias a formaciones como esta los adolescentes son cada vez más conscientes de que también ellos pueden formar su propia familia y de que no están solos, expica Álvarez-Uría: “Es una gran oportunidad para aquellos niños que piensan que no tienen un futuro por delante”, dice la pediatra.

“Es muy frecuente que muchas de las personas infectadas por el virus del VIH se casen entre ellas y tengan hijos sanos gracias al tratamiento con antirretrovirales que durante el embarazo, el parto y la lactancia reducen la tasa de contagio al mínimo, alrededor de un 1%”, asegura el jefe de Servicio del Programa de Enfermedades Infecciosas de la Fundación Vicente Ferrer.

Puedes seguir a PLANETA FUTURO en Twitter y Facebook e Instagram, y suscribirte aquí a nuestra newsletter.

🚩 Publicado originalmente en Planeta Futuro | EL PAÍS: Enlace al post